Rolando Gallego
16/03/2015 16:31

Las enfermeras de Evita (2014) es un film que recupera la imagen de una profesión que supo tener los más altos estándares dentro del país y que con el aval de Eva Perón y su Fundación, además, permitió la capacitación de miles de mujeres que, con la militancia, complementaron una educación que les permitió enfrentarse a la vida. Marcelo Goyeneche, realizador del film habla en exclusiva con EscribiendoCine sobre cómo llegó a la historia de estas luchadoras y cómo fue el proceso de un documental particular que además incluye canciones y números coreográficos.

Las enfermeras de Evita

(2014)

¿Por qué contar la historia de Las enfermeras de Evita?
Porque es contar un poco de nuestra historia, la que nos ha sido negada sistemáticamente por la historia oficial. La historia oral de los protagonistas ha asumido desde hace ya un largo tiempo un lugar de privilegio en la historia de las mujeres. En particular en las mujeres de clase trabajadora, doblemente marginadas, por su género y su procedencia. El cine documental no es ajeno a este proceso de identidad cultural y siempre está presente para ejercitar la memoria. Parece que hoy todavía resulta difícil en esta sociedad machista comprender el proceso de cambio que se inaugura con la Ley 13010 y el sufragio femenino, estas mujeres, las enfermeras, fueron participes activas de un proceso político que tenía a la Salud Publica como pilar fundamental en la lucha por la justicia social.

¿Cómo llegaste a ellas?
Por distintos caminos: Por un lado el Museo Eva Perón me facilito el contacto con María Eugenia Álvarez, Regente de la Escuela de enfermería desde 1952 y enfermera personal de Evita hasta el día de su muerte. A su vez ella me contacto con su amiga María Luisa Fernández, estudiante de la escuela y luego militante política y gremial. Por otro lado mientras estaba en plena investigación sale una entrevista en un diario a Lucy Rebelo que acababa de cumplir 90 años y contaba sobre su experiencia en la Escuela y el trágico accidente aéreo que protagonizo cuando volvían de una misión humanitaria en Ecuador en 1949. Y por último un día le cuento a un amigo sobre la película que estaba queriendo hacer y me dijo que su madre Dolores Rodríguez fue enfermera de esa escuela. Es la cuarta enfermera que entreviste y que tiene una historia de amor y coraje que deben conocer.

¿Cómo fue el trabajo de campo previo a la filmación?
Había que poner el oído y escuchar en principio. Por lo general en este tipo de trabajos donde la memoria colectiva y los recuerdos personales se funden con una gran cuota de emoción, uno como realizador debe tomar la distancia necesaria para saber discernir si lo que te están contando es verosímil o no. Ojo que estoy diciendo que sea verosímil y no que sea la verdad. La verdad no existe y menos en el cine documental. Para lograr ello hay que estudiar, saber de la historia que vas a abordar, como si fueras a dar un examen en el colegio, tenes que estar preparado. También es importante poder transmitir seguridad y la confianza necesaria para que a la hora de grabar se pueda lograr en el entrevistado una empatía que permita hacerle olvidar aunque sea un poco que esta frente a una cámara.

¿Son las cuatro que se ven en pantalla las únicas que pudiste contactar o las que quisieron participar del proyecto?
Por lo general me sucede que luego que termino un documental aparecen o me dicen que conocen a personas protagonistas de los hechos que aborde en la película. Recuerdo haber estado buscando durante un año algún testigo del bombardeo a Plaza de Mayo en Junio de 1955, no encontraba a nadie y ni bien termine la película y es el día de hoy que todavía aparece alguno cada tanto. En este caso tuve la enorme fortuna de dar con ellas cuatro y no necesite buscar a nadie más. Sus historias son tan fuertes, tan increíblemente emocionantes y a la vez son personas tan distintas que el relato toma una dimensión especial al escucharlas a todas juntas.

¿Cómo fue el trabajo del guion en relación a las historias? ¿Se trabajó por separado y luego se unió?
El trabajo estuvo basado en un cuestionario donde a todas les hice las mismas preguntas salvo algunas preguntas específicas sobre hechos puntuales donde cada una había tenido un protagonismo sobresaliente. En base a esas respuestas fui armando el guion y en forma paralela trabajamos con Gaby Goldman los musicales que acompañan el relato.

¿Una de ellas tuvo un cargo a los 23 años que era impensado, como llegaste a las imágenes de ella sentada cerca de Eva?
Todos los caminos conducen al Archivo General de la Nación. Ahí está la fuente de inspiración para quienes trabajan con el pasado histórico. No dejen de ir es un lugar increíble.

¿Cuánto te determino el archivo la filmación?
Para mí el archivo es tan importante como cualquier otro elemento narrativo. No lo puedo ver como un objeto de relleno, para tapar a alguien que habla o para ocupar lugar. No, el archivo tiene vida propia hay que saber interpretarlo, sentirlo y dejarlo que cobre vida en la película. Siempre me condiciona a la hora de encarar un proyecto porque lo siento sumamente necesario. Por eso decía que no dejen de ir al archivo General de la Nación, yo me puedo pasar horas mirando viejos noticieros, como me pasaba horas con mi mama viendo las fotos familiares que estaban guardadas en una vieja caja en la casa de mi abuela.

¿Por qué decidiste incorporar las canciones y los números musicales, y qué crees que le brindan al documental?
Porque estoy convencido que es el mejor recurso para contar los recuerdos de estas mujeres. El género musical no suele ser realista y biográfico sino más bien idealista y fantástico y en el peronismo y su mitología ¿Quién puede decir que esos elementos no están presentes?. En la memoria de ellas también lo están. Al documental, el musical, le brinda un grado de emotividad único. Gracias al trabajo de Gaby en la música pero también a la interpretación de actrices de la talla de Magali Sánchez Alleno, Melania Lenoir, Andrea Lovera y Deborah Turza y Marce Kotliar en las letras logramos que esta fusión de géneros llegara a buen puerto.

¿Pensaste en generar una ficción desde la historia que te encontraste?
Es una gran idea. Pero la verdad que me entusiasma más contar esta historia con los elementos narrativos que utilice, la fusión de géneros con el archivo, fragmentos de películas y noticieros más el relato oral es también una ficción pero un nivel de ficción al que solo te permite llegar el cine documental.

¿Cuál fue la respuesta de las protagonistas al ver el film terminado?
Vi con ellas la película de forma privada primero, en sus respectivas casas, solos. Y luego la vimos todos juntos en el cine. La reacción en primer término fue de alegría y de mucha emoción por supuesto pero luego tuve algunas críticas, podríamos decir ¨de cartel¨ no voy a entrar en detalles porque no quiero ser indiscreto pero fue muy divertido. Por otro lado me dio enorme satisfacción que la inclusión del musical les cayera a todas muy bien, eso quiere decir que hemos superado una prueba que se presentaba sin dudas muy complicada.

¿Qué esperás del estreno?
Espero que se acerque mucha gente a ver la película, por supuesto ese es el gran deseo de todo aquel que realiza una película, aunque debemos ser realistas y entender que es muy difícil con una sola copia y con pocos o casi nulos recursos de publicidad tener muchas expectativas. Entonces entramos en un terreno que nos preocupa y mucho a los realizadores y productores audiovisuales y en el que hay que hacer eje: a distribución y exhibición. Es maravilloso contar con un cine que creció exponencialmente en los últimos años pero a su vez tiene que lidiar con la concentración de salas de las grandes cadenas norteamericanas que siguen bombardeando con películas de Hollywood y no dando lugar a los estrenos nacionales. Que se cumpla la cuota de pantalla sería una decisión política que la mayoría acompañaríamos y que sería fundamental para el bien de nuestra cultura.

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