Juan Pablo Pugliese
06/11/2014 16:39

En El estado de las cosas (2012) los jóvenes directores Tatiana Mazú y Joaquín Maito se meten con el mundo de los remates y ese extraño ritual que es la compra-venta de objetos en desuso. "Queríamos mostrar cómo se vivenciaban en lo cotidiano y sensible algunas cuestiones teóricas y macroeconómicaslos objetos", dice el binomio de realizadores en una charla con EscribiendoCine.

El estado de las cosas

(2012)

¿Cómo nace la idea de registrar el mundo de los remates?
Nosotros tenemos por oficio la dirección de arte, por lo que solemos revolver mercados de pulgas, ferias americanas, Mercado Libre, etc. Así llegamos a "Artigas 1030", el remate en torno al cual gira la película. Empezamos a ir ahí y nos empezó a resultar profundamente llamativo cómo el rematador, Andrés, era capaz de vender literalmente cualquier cosa, por más que se tratara de una valija llena de impresoras fuera de funcionamiento. Empezamos a observar a las personas que habitaban ese lugar. Comenzó a llamarnos la atención el nivel de ironía absurda que se daba en estas relaciones afectivo-mercantiles entre las personas y los objetos, lo mucho que se ponía en evidencia en la plena cotidianeidad aquello que Marx llama fetichismo de la mercancía. Y después de vivir un brindis de fin de año en medio de golpes de martillo de subastas y pilas de objetos cubiertos de polvo, decidimos hacer una película.

En el documental recogieron testimonios de todos los involucrados en el proceso. ¿Cómo fue la selección de los entrevistados?
Entrevistamos solamente a la gente que se nos acercó mientras estábamos filmando en el remate, a todos aquellos que nos hicieron preguntas y se sintieron interesados por lo que estábamos haciendo. Les propusimos realizar una entrevista y aceptaron inmediatamente. Todas las entrevistas que hicimos aparecen en la película y, a la vez y fortuitamente, son las entrevistas que habíamos pensado en hacer a la hora de escribir un pseudo guion: aquellas que "cubrieran" cada uno de los involucrados en el proceso de compra-venta. Estamos muy contentos y agradecidos para con nuestros entrevistados/colaboradores de la película.

Además de hablar sobre el negocio de los remates, hacen hincapié en la vida laboral previa de cada uno de sus entrevistados. ¿Esto estaba previsto o se fue dando de forma natural durante el rodaje?
Existía una suerte de "hoja de ruta" a la hora de hacer las entrevistas y que le presentábamos a los entrevistados antes de comenzar con la charlar. Sabíamos que queríamos hablar de sus vínculos personales con los objetos, sus vinculaciones emocionales con lo que el mercado propone, su historia de vida laboral. Pero a la hora de llevar a cabo la entrevista propiamente dicha, nosotros sólo hacíamos pequeñas preguntas para ayudarlos un poco, guiarlos simplemente. Pero realmente fueron entrevistas muy libres. Nosotros casi que ni conocíamos a los entrevistados, ni ellos a nosotros. Cada una de esas entrevistas fue prácticamente nuestro primer encuentro real con cada uno de ellos. Por ende ser dieron charlas muy diversas e interesantes, contra todo pronóstico de manual.

Si bien el rodaje fue en el año 2011, el documental se estrena este jueves. ¿Esta demora se dio por problemas de posproducción o se encontraron con algún imprevisto?
Hacer una película es un largo camino. De turismo aventura casi, tratándose del cine independiente. Distribuirla es un camino aún más largo y complejo. Creo que eso fue un poco lo que aprendimos en este proceso. El imprevisto siempre fue el mismo: esta es una película realizada prácticamente sin apoyo económico estatal ni privado -apenas una beca del Fondo Nacional de las Artes y el apoyo de los amigos de Latinocine que nos prestaron los equipos-. Muchas cosas se fueron dejando para después y así fue pasando el tiempo. Es una realidad que hoy por hoy no existen políticas de apoyo al lanzamiento, la exhibición y distribución de cine independiente nacional. Pero por suerte hemos llegado a este jueves, a este estreno que hubiera sido imposible sin el apoyo de todo el equipo técnico, de nuestros amigos y familiares y de los compañeros de DOCA -Documentalistas de Argentina-.

¿Que trataron de transmitir con El estado de las cosas?
Queríamos mostrar cómo se vivenciaban en lo cotidiano y sensible algunas cuestiones teóricas y macroeconómicas. Cómo el mercado y el capital se inmiscuyen en cada fibra de nuestras vidas, como ocurre con este remate del barrio de Flores y sus habitantes; cómo está dinámica "nunca duerme" y todo está a la venta, desde la pieza más cara de joyería hasta una caja de platos de plástico abandonada en un sótano. Lo sagrado y lo profano y profanable de todo esto. Y queríamos contarlo a través de la observación y la palabra del otro, con humor, con ironía y sensibilidad. Hay una obrar de Oscar Wilde que se llama "El alma del hombre bajo el socialismo". A veces pensamos en que esta película intenta un poco indagar en "El alma del hombre bajo el capitalismo", aunque no creamos en las almas.

¿Cómo fue la experiencia de dirigir a cuatro manos y qué roles tenía cada uno?
Nosotros venimos trabajando juntos en dirección de arte y horizontalmente desde hace unos cuantos años, cuando nos conocimos estudiando en el IUNA allá por 2008. Por lo que dirigir a cuatro manos nos resultó de lo más natural. Nunca nos dividimos los roles o las tareas esquemáticamente, siempre hicimos las cosas como nos salían. Y, al mismo tiempo, estábamos trabajando con un equipo de amigos y técnicamente impecables, lo que nos daba la posibilidad de poner las manos en el fuego cuantas veces quisiéramos.

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