Ezequiel Obregón
03/11/2014 13:55

El cine cordobés sigue pisando fuerte y Rosendo Ruíz, director de De Caravana (2010), es uno de sus abanderados. A punto de estrenar en Buenos Aires su nuevo opus Tres D (2014), película que fue filmada integramente durante la realización del FICIC 2013  y que construye una mirada sobre el cine a través de los festivales, dialogó en exclusiva con EscribiendoCine.

Tres D

(2014)

El cine, los festivales, los técnicos. La reunión de actores, directores y cinéfilos. La vida dentro del cine y la vida del cine; de todo eso habla esta “historia mínima” de Rosendo Ruíz, quien apela al formato pequeño luego de su gigante De Caravana. “Nosotros ya tenemos presentada otra película grande, en términos de producción en el INCAA. Y mientras esa película hace su caminito, decidimos apostar a otro modelo de producción asociándonos tres productoras y haciendo una película rápida, que no tuviera tanto tiempo de desarrollo. Entonces, en un mes surgió la idea, se desarrolló el guion, el casting, los ensayos con los actores. Yo tengo un cineclub en Córdoba y quería poner preguntas sobre toda una serie de temas que hablamos ahí. Se dio la casualidad de que justo nos invitaron a participar del Festival de Cine de Cosquín. Y ahí se unificaron todas las cosas. Yo soy muy amigo de Carla Briasco, la organizadora del Festival, y le pregunté si le interesaba que hagamos una peli. Porque el Festival era el marco justo para los temas que yo quería tratar. Carla se copó y organizamos la producción. Y trabajé los temas que me rondaban en ese momento; cuando hice De caravana trabajé con otros temas, como la discriminación de clase, el cuarteto, la Mona”, sostiene el realizador. en diálogo con EscribiendoCine.

El guion muestra el punto de vista de la gente joven que hace cine. Pudiste haber optado por una pareja de directores “consagrados”, pero tomaste otra elección. ¿Por qué?
Porque yo creo que los técnicos del cine cumplen un papel tan fundamental. Por lo menos en Córdoba, saltan de una película a otra, de una publicidad a otra. Y nunca se les da visibilidad. Yo creé un vínculo muy fuerte con los chicos con los que trabajamos en De caravana. En Tres D el equipo fue más reducido. Me pareció que era justo darles un poquito de visibilidad a ellos, además de que era el vehículo para llegar a las entrevista a los directores. Darle voz a esta gente que labura tanto, y siempre las estrellas son los actores y no ese equipo de gente que está detrás de cámara.

Al mismo tiempo, se revela en tu film una creciente cinefilia en Córdoba. Que va a tono con lo que pasa con el ascendente Festival de Cosquín.
Sí, es así. Hay una movida que se ha llamado el Nuevo Cine Cordobés. Se podría llamar cine cordobés a secas, de cualquier forma. Y no es una casualidad. Desde los ’90 se han abierto escuelas de cine. Y vienen surgiendo técnicos, directores, guionistas. El teatro cordobés independiente es muy bueno. Está el Cineclub Municipal Hugo del Carril, está el Cinéfilo bar, el Cineclub La quimera; lo tenemos a Roger Alan Koza, que está formando una camada de críticos. O sea, hay una movida genuina de todos los agentes que intervienen en el cine. Está el panorama completo en Córdoba. Una vez lo trajimos a Jonathan Rosenbaum y quedó sorprendido con la cantidad de cineclubes que hay. La muestra de Roger en La cumbre es exquisita.

La película cohesiona el universo del cine con una historia de amor. Hay algo muy orgánico en la inclusión de esa sub-trama.
Yo soy un ferviente admirador de Hong Sang-soo, y me gusta la simpleza con la que retrata con la cámara a los personajes. Asumo una influencia de gusto, y en esta película nos propusimos mezclar los registros de documental y ficción como se explica dentro de la misma peli. Y el abordaje de las actuaciones también fue desde lo documental. Suena raro, pero la idea fue buscar a los protagonistas, que hacen un poco de ellos mismos (los dos son estudiantes de cine). Como íbamos a cruzar estos registros, yo necesitaba actores que hagan de ellos mismos. Trabajamos un mes muy fuerte con ellos, ayudándolos a hacer de ellos mismos siguiendo un guion. No es tarea fácil. Los otros actores, son “actores-actores”, del teatro independiente de Córdoba. Cuanto más chico es el papel, yo insisto en que mejor tiene que ser el actor. Porque más desentona sino. Hay que poner actores muy buenos en los papeles chicos, porque pueden desentonar. Matías es, además, programador del nuestro cineclub, y Micaela era moza de ahí. El guion los escribí para ellos.

Terminan los festivales de cine y siempre queda la sensación de que se vuelve a una medianía. La sensación de que hay que esperar mucho tiempo para que regrese el buen cine. En un contexto en el que faltan salas. Además, las funciones de los festivales se suelen llenar, y cuando se estrena el film esos mismos potenciales espectadores ya vieron la película.
Es muy complejo el asunto. Yo creo que tenemos que asumir que los festivales son un camino de distribución y exhibición de las películas alternativas. Es una forma de ver películas. Yo soy un consumidor del BAFICI y de Mar del Plata, todos los años. Cuantos más festivales de cine aparezcan, mejor. Estamos peleando contra monstruos muy grandes. Con De Caravana nos fue muy bien porque funcionó el “de boca en boca”. Pero eso no signifique que ahora volvamos y nos den salas. Entre la Fox, la Disney, etc., no dejan que entre nadie más. A no ser que esté Ricardo Darín, o la película sea de Pablo Trapero. Pero bueno, es una pelea que hay que seguir dando asumiéndola. El monstruo es enorme y no está sólo acá. Es una lucha de David contra Goliat. Capaz algún día volvamos a la gloria del cine argentino, que fue en los ’50.

Aparecen en el film testimonios muy interesantes. Incluso de personas como Nicolás Prividera, que tiene comentarios muy contundentes sobre el mundo del cine. ¿Elegiste esos participantes por afinidad o pensaste en mostrar un panorama?
Las condiciones de producción fueron las que determinaron lo que quedó. Primero, pedimos al Festival que nos pase la grilla de los invitados y en base a la grilla seleccionamos. Algunos no quisieron aparecer, otros se prestaron amablemente a ser entrevistados. Dentro de los que no tenían problemas, seleccionamos perfiles lo más distintos posible. Con José Celestino Campusano y Nicolás Prividera tenemos una amistad, lo que ayudó mucho.

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