Rolando Gallego
21/10/2014 17:51

Arami Ullón, directora de El tiempo nublado (2014) se encuentra de visita en Argentina para acompañar su filme en el marco del 14 DocBuenosAires. EscribiendoCine dialogó con ella sobre la película, lo complicado de narrar una situación personal, el dejar la cámara a otro y sus próximos proyectos.

El tiempo nublado

(2014)

En El tiempo nublado, la directora Arami Ullón se ubica en el centro de la escena para poder reflejar una problemática universal como lo es el cuidado de personas mayores enfermas y cómo esto afecta a toda la familia.

No importa si el escenario es Paraguay, Argentina o Estados Unidos, desde la intimidad de la que habla la posibilidad de identificación con el tema y con ella como protagonista es inmediata y quizás este es el punto que funda la potencia de su película.

Dejando atrás Suiza, en donde convive con su actual pareja Patrick, Arami retorna a su Paraguay natal para resolver el dilema que la acongoja y apremia y que es el avance del Parkinson y la perdida de la memoria de Mirna, su madre. Ante la inminente renuncia de la persona que la cuida (Julia), Arami realiza una reunión familiar para poder encontrar soluciones al tema. Pero está sola. Y lejos. Algo que sólo complica aún más la pronta resolución.

La directora bucea en la problemática a través de escenas sencillas y simples, pero no por esto menos dolorosas y en las que las preguntas que ella se realiza como hija avanzan sobre la necesidad de cuidado de su madre. Aprovechando la oportunidad Arami también habla sobre el hogar, qué significa esa palabra y cómo uno puede sentirse ajeno y extraño a todos aun estando acompañado por familiares y pareja.

Arami necesita sentirse libre para poder armar su vida y a su vez quiere ser parte de todo el proceso por el cual intentará dejar en cuidado a su madre, pero le duele esto y necesita sacarse de alguna manera la responsabilidad. La intimidad reflejada en la pantalla es enorme, tan grande como el amor compasivo que le brinda en todo momento a su madre aun cuando la realidad la supera. El tiempo nublado propone una temática que genera un discurso que posibilite la rápida identificación y a su vez la pronta empatía sin resquebrajar la estructura narrativa.

Arami Ullón produce un film terapéutico y esclarecedor para muchas personas que atraviesan o atravesaron la dura realidad de ver el proceso de enfermedad de un familiar y además profundiza sobre temas como identidad, vínculos, amor y principalmente compasión hacia los otros.

¿Cuán difícil fue para vos filmar El tiempo nublado?
Fue difícil en diferentes niveles, emocionalmente al ver la película no queda duda que fue superintenso. Una de las cosas que más me costó es que no podía escaparme. Si no hubiese tenido un equipo detrás me hubiese borrado y guardado debajo de una almohada. Me banqué el proceso del principio al fin. El rodaje fue complejo porque el equipo no hablaba castellano y rodaban sin saber qué hablábamos, no sabíamos si esto era un pro o un contra, pero fue un pro porque los protagonistas se sentían más libres y menos observados al saber que no les estaban entendiendo y además hizo que el camarógrafo esté en un estado de alerta. Es difícil también dejar ir, porque al asumir que prendés la cámara y dejás de estar detrás de ella es un acto de fe total y tenés que dejar eso. No repetíamos nada y el otro acuerdo que tuvimos es que yo sólo revisaría el aspecto formal del material y al final del día chequeaba solo las escenas menos emocionales para ver las cuestiones estéticas y las otras no para evitar estar consciente de mí misma en ellas.

¿La estructura del film fue pensada?
Sí, es una película que estaba escrita casi como se la ve en la pantalla hasta el inicio del tercer acto. Todo estaba pensado y escrito y esto tenía que ver con que yo era un insider y conocía a los personajes de siempre y tenía una cierta certeza desde hacia dónde íbamos a ir. Nos enfocamos en a dónde iba a ir mi madre y hacia dónde. El objetivo era buscar una solución para la situación.

¿Cómo convenciste a tu madre?
No tuve que hacerlo, le dije que iba a hacer una película que por un lado me ayudara a entender la relación con ella y que además visibilizaría la situación de los ancianos y la ausencia de cuidados de los enfermos y pacientes neurológicos, y me dijo cuenta conmigo. No sé si era consciente y dimensionaba lo que significaba hacer la película pero sé que lo disfrutó.

¿Fue terapéutico el film?
Absolutamente, desde el primer momento. Sufrí mucho tenerlo que hacer burocráticamente. Siempre el cine es burocrático del principio al fin y me hubiese gustado que sea más flexible. En mí hay un antes y un después de El tiempo nublado y también para mis padres. Todos sufrimos una transformación en el proceso de la película.

Hay dos escenas claves en el filme muy intensas y me gustaría saber ¿cómo fue el después de rodarlas?
Esa escena surgió en un día que no se esperaba, mi viejo pasó un domingo y salió. La escena fue clave para el film pero también para la relación. Se desataron nudos. Y si bien no pudieron liberarme de cosas concretas en la cuestión emocional cada uno encontró su lugar. Mi madre asumió su rol y entendió que no es mi hija y mi padre comenzó también a colaborar desde otro lugar. Yo además acepté que tenía que seguir con mi vida y desde allí todos nos relacionamos honestamente. Cuando se apagó la cámara estábamos molidos. Mi viejo rajó, mi madre se acostó y yo me quedé allí pensando.

¿Cuánto tiempo duró el rodaje?
Rodamos 10 semanas, una en Suiza y el resto en Paraguay, con equipo financiado por Suiza y una persona en el set de Paraguay.

¿Tuviste la oportunidad de estrenar en tu país?
No aún. Es complejo porque queremos lograr un circuito comercial aunque sea pequeño, ya que el documental no es masivo, y estamos en búsqueda de una financiación en Paraguay, y la película ha conseguido un respaldo por lo que creemos que será la fecha en mayo de 2015.

¿Cómo te sentís acompañando la película y dando entrevistas?
A veces siento que en las entrevistas digo cosas que tendría que haberme guardado y pienso hasta dónde tengo que abrirme. Es lo mismo que me pasó cuando pensé la película. Pero en sí es distinto, por ejemplo para editar tuve 14 semanas y en las entrevistas te sentís muy expuesto. Con respecto a mostrar el film ya se pasó en Europa y ahora será la primera vez en Latinoamérica con mi presencia (en Colombia se mostró sin Arami).

¿Qué buscabas lograr en el espectador?
Esto se volvió consciente en el proceso de filmación. Antes no me imaginaba esto. Lo social nos influye en lo personal, y parece muy básico, pero en sociedades como la paraguaya no estamos conscientes de esto. Si no transformamos lo social político vamos a seguir con estas situaciones y la mía no es la peor seguramente. Hay un trasfondo social, político y económico que atraviesa todo. La película es un poco un llamado a lo que construimos como sociedad.

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?
Si, de acá me voy a Paraguay, estoy investigando, no quiero adelantar mucho, pero es un tema político con personas en una situación delicada y que aún no quiero exponer. Es otra vez sobre Paraguay y quizás la distancia me permite mirar mi país con más fuerza, porque cuando estoy ahí el dolor de Paraguay me sobrepasa. Espero que pueda ser una coproducción, pero el país tiene muy pocos fondos. Para mí El tiempo nublado fue muy difícil porque no conseguía ni siquiera el mínimo de financiación exigido.

¿Te gustaría hacer ficción?
Hice hace muchos años unos cortos, pero la ficción me estresa mucho. Produje un film (18 cigarrillos y medio) pero el nivel de neurosis es otro y es algo que por el momento no quiero vivir. El documental no tiene esto en la preproducción pero si la complejidad que con el material que filmas podes hacer 20 films diferentes. Para mí no es el momento de hacer ficción.

¿Y si tuvieras que hacerlo?
Hay muchas cosas que me interesan y siempre tienen que ver con Paraguay. La zona del Chaco en el país es interesante la relación entre menonitas e indígenas. Es un ejemplo de lo que podría hacer y siempre con algún trasfondo histórico, sino no sirve para mí.

¿Cómo te sentís en Argentina presentando y acompañando la película en el Festival de documentales más importante?
Todavía no tuve contacto con el público, pero en Buenos Aires me siento superbién, como en casa, ayer estuve con Carmen Guarini y la pase muy bien. Me parece muy loco lo que pasa con la película, de algo que era una terapia personal y se haya transformado en una terapia colectiva y que me inviten y me reciban me emociona.

¿Cómo está Mirna hoy?
Está bien, y es difícil decirlo porque ya no va a estar mejor. La veo y siento eso. En el proceso hubo una aceptación de su enfermedad y logró encontrar cierto disfrute de las cosas pese a la circunstancias y eso le permitió seguir estando, sino hubiese encontrado eso ella ya no hubiese estado con nosotros, ya no hubiese estado viva.

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