Benjamín Harguindey
07/10/2014 23:37

El Hotel María Cristina de San Sebastián (España) fue el marco elegido para charlar en exclusiva con Martín Rejtman, uno de los directores emblemáticos de su generación que marcó un antes y un después en el Cine Argentino. Luego de haber participado con Dos Disparos (2014) en la Competencia Internacional de Locarno, se presentó dentro del apartado Horizontes Latinos del 62 Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Toronto y Nueva York. "Muchos críticos sienten la necesidad de descubrir nuevos directores, nuevas estrellas, y la verdad que tampoco puede surgir un autor cada año", sostiene mientras aguarda el estreno en Argentina.

Dos Disparos

(2014)

¿Cuál es la pregunta que te hacen más seguido? Así no te la hago.
“Por qué tardé tanto tiempo en filmar después de Los guantes mágicos (2003)”. La idea de que lo único que existe son los largometrajes de ficción que uno estrena en las salas de cine es un poco vieja. El cine no es sólo eso. Entiendo que la manera tradicional de estrenar una película es esa, pero no puedo evitar ponerme un poquito a la defensiva con esa pregunta. Tengo la sensación de que me preguntan, “¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo, rascándote?”. Hacer una película es muy complicado y muy difícil. Me lleva mucho tiempo de escritura y mucho tiempo conseguir la financiación, tratándose de películas que no son muy convencionales. Mi cine no es un cine popular y por lo tanto no es un cine fácil de financiar.

¿Te pasó alguna vez que se te cayó algún proyecto?
Sí, lo que tendría que haber sido mi primer película. La empecé a filmar y no se pudo terminar. Eso fue en el ’88. Creo que tuve la suerte de que fue al principio, porque si eso te pasa más adelante cuando ya hiciste varias películas la energía es otra, tenés un poco menos de impulso. Pero me repuse enseguida y como dos años después ya estaba con la producción de Rapado (1996).

Siempre me dio curiosidad, la hiciste en el ‘91 pero se estrenó mucho después en Argentina.
La película se estrenó en el ’92 en el Festival de Rotterdam y después en Locarno ese mismo año. En Argentina lo que pasó fue que yo tenía la sensación cuando la hice que no había un público para esa película, entonces ni me preocupé por estrenarla. Dejé pasar el tiempo y creo que no me equivoqué, porque entre el ’92 y el ’96 fue que empezaron a haber escuelas de cine y cambió la percepción del público y de la crítica. Se empezó a ver cine de otra manera. Para cuando la estrené ya había un público para Rapado. Es raro hacer una película y no estrenarla, pero también era un momento raro en la Argentina, ¿no? Por eso tardé tanto en estrenarla. Fue casi una estrategia inconsciente.

Y después estrenaste Silvia Prieto en el ’99.
Quise hacer una película con los recursos que tuviera a mano. No quería escribir el guión y después pasar años buscando financiación. Quería empezar a filmar aunque el guión no estuviera listo. Y es lo que hice. El rodaje se extendió mucho a lo largo del tiempo. Filmamos los fines de semana, todos los actores eran amigos míos, las locaciones eran cerca de casa… tuve el living de mi casa invadido con luces y equipos durante años. Íbamos filmando cuando podíamos. Tuve una libertad enorme.

El público va a ver Dos Disparos como una especie de regreso, porque desde Los guantes mágicos que no estrenás en salas. Pero me intriga mucho tu película anterior, Entrenamiento elemental para actores (2009).
Es una película de una hora más o menos que hicimos para televisión con Federico León. Es director de teatro y cine, y co-dirigimos la película para Canal 7. Es una película que me gusta mucho. Fue el único trabajo que hice en colaboración. Generalmente cuando te hacen un encargo, cosas de la tele y qué sé yo, creo que la mayoría de la gente se lo toma de una manera bastante liviana, una manera de estar en movimiento, de ganar un poquito de plata. Pero la verdad es que estuvimos un año entero para escribir el guión y nos lo tomamos todo muy en serio.

¿De dónde sale tu recurso de trabajar, en general, con actores no profesionales?
No me importa tanto si son actores o si no son actores, sino más bien que puedan actuar en una película mía, que puedan entender el código de actuación que yo estoy buscando. Ensayo mucho mis películas. Por ejemplo, con Vicentico (protagonista de Los guantes mágicos) los ensayos eran bastante frustrantes. Me daba la sensación que no tenía la energía que necesitaba el personaje, que no entraba en el ritmo que había que entrar. Pero el día que empezamos a filmar fue un cambio increíble. La presencia de la cámara lo hizo entrar en el tono, el ritmo, el código del personaje. Fue perfecto. Creo que su carisma vino bien para complementar un personaje débil.

Hablando de la debilidad de su personaje, me da la impresión que los protagonistas de tus películas arrancan con un impulso muy fuerte que no se sabe de dónde sale, porque por el resto de la película nunca vuelven a tomar acción sobre sus vidas.
Sí, es cierto lo que estás diciendo. Es algo que empecé a notar ahora. Me da la sensación que son hechos contundentes que en todo caso marcan una dirección para la película, pero las consecuencias de esos hechos no son los previsibles…

Como que se diluyen.
Se van diluyendo, sí. Creo que es un poco así en la vida. Cuando aparece un hecho muy fuerte, lo más lógico que va a pasar es que se vaya diluyendo. Me interesa hacer retratos de personajes, y mis personajes en general son bastante neutros, o poco reflexivos. Nunca reflexionan sobre sí mismos. No me gusta meterme en la cabeza de los personajes, me gusta mostrar lo que hacen y definirlos a través de lo que hacen. Necesito un hecho fuerte para guiar sus acciones y desencadenar una historia o sucesión de situaciones que armen una trama. Creo mucho en los principios y los finales de las películas, es algo en lo que me concentro mucho. Creo mucho en cómo nace una historia y me interesa mucho dónde se detiene.

Eso debe ser problemático porque tus finales nunca tienen la contundencia de tus principios.
Se podrían ver mis películas como retratos. Parten de situaciones fuertes pero terminan en una situación de disolución de personaje. Silvia Prieto empieza diciendo que quiere cambiar de vida y al final desaparece. En Los guantes mágicos es lo mismo. Yo no veo que los finales sean débiles, al contrario. Tardo mucho en encontrar el final de mis películas. El principio de Dos Disparos – toda la secuencia del chico pegándose dos tiros – podría ser el final de la película, perfectamente. Tengo los términos invertidos, parece. Son formas de construir. Uno puede elegir seguir una fórmula o puede tratar de hacerlo a su propia manera.

Y vos has armado tu “propia manera”. Antes hablaste de actores que sirvan para “mis” películas. Vos tenés una idea formada de un estilo propio.
Eso es un poco discutible. Por ejemplo, esta película no tenía idea de cómo la iba a filmar. No tengo una idea de estilo en el sentido de que tengo un storyboard muy armado y que sé exactamente cuál es la puesta que voy a tener desde el guión. No tengo idea y de hecho no me importa. Pero sí sé cuál es el tono que tiene que tener una escena, cuál es el tono que tienen que tener los diálogos, cuáles son las pausas que tiene que haber entre un texto y otro. Todo eso lo tengo muy, muy claro.

Pero hay una idea estética que guía tus películas, me parece. Puedo ver algo y decir “Esto es de Rejtman”, o “esto es parecido a Rejtman. Porque hay mucha gente que te copia también.
Sí, no, seguramente te vas a dar cuenta. Pero para mí la idea de estilo pasa más por las cosas que sé que nunca haría. Por ejemplo en esta película me pasó mucho de estar haciendo planos y mientras los hacía pensaba “Pero esto ya lo hice”. No me interesa tanto innovar en el sentido estético. Tengo que hacer cosas con las que me sienta cómodo. Y no me siento cómodo poniendo la cámara abajo, o arriba, o en ángulos raros. Hay algo de eso que me descoloca porque me da la sensación de que estoy diciendo algo más de lo que los personajes están diciendo. La escena en sí misma ya dice suficiente. Son películas bastante sobrias y cada cosa que uno hace se nota.

¿Sos reacio a hablar del Nuevo Cine Argentino?
No. Debo ser el único director que no es reacio a hablar del Nuevo Cine Argentino. Todo el mundo dice “No, yo no formo parte de eso”. Y los críticos le decretaron la muerte ya, lo cual me parece una idea un poco egoísta. Es una cuestión de poder. Tengo la sensación de que cambió mucho la manera de hacer cine en Argentina y el Nuevo Cine Argentino fue fundamental para eso. Lamentablemente también lo que cambió fue que hoy en día es más difícil hacer una película independiente que antes.

¿Sí? Hubiera creído que era más fácil.
Por ahí no me expresé bien. Lo que es más difícil es que hagas una película que se destaque y que tenga difusión – justamente porque es más fácil hacerlas. Yo siempre estuve a favor de que se produzca mucho. En vez de dar tres millones a cada película, por decir una cifra cualquiera, habría que dar quinientos mil a cada una y multiplicar la cantidad y las posibilidades de que surja una buena. Aunque llega el momento en que ya no podés seguir haciendo películas de bajo presupuesto, porque nadie te acompaña tampoco.

A vos por ahí no te gusta que sobreanalicen los recursos o elementos que utilizás en tus películas.
Bueno, no es que no me gusta, pero me gustaría que se pusiera el énfasis en otras cosas también. En un momento se hablaba de todo eso y no del humor. Ahora por suerte se habla del humor, eso me relaja un poco. Se habla de mí como si fuera un director abstracto. Cuando se habla de mí o hablo con el público da la sensación de que hago películas abstractas o muy intelectuales, y la verdad que nada más lejos en mí que hacer eso.

Creo que el otro día luego de la proyección de Dos Disparos hubo muchas voces españolas con la duda de si en Argentina la gente habla y se relacionan de esa forma.
Pasa en todos los festivales, y no sólo con mis películas. Es una especie de síntoma que hay en el europeo o el norteamericano, que cuando ven una película que viene de otro país la tratan como una National Geographic. Van al cine por un interés exótico, les interesa ver cómo vive otra cultura. Estoy acostumbrado a ese tipo de preguntas, están siempre. Tenía la idea de hacer una película solamente con preguntas de los Q & A. Quería darle una cámara a cada uno de los directores que viaja por el mundo con su película en los festivales y que haga el mismo tipo de plano de esa persona que aparece siempre en el público. Esa persona que va a ver una película argentina esperando que le hable de la Argentina.

Es como decía Jorge Luis Borges en no me acuerdo qué escrito: “En el Corán no hay camellos”-
Exacto, tal cual. Esa frase está muy bien. Habría que usarla siempre, ¿no? La voy a recordar. La próxima vez que me pregunten contesto eso y listo.

Comentarios