Rolando Gallego
06/10/2014 13:41

Luego de dirigir los documentales Otro entre otros (2009) y Una familia gay (2013), además de haber participado en la producción de películas como El cine de Maite (2008) y Un año sin amor (2004), el director Maximiliano Pelosi se larga a la ficción con Las chicas del 3°... un consorcio felíz (2014), una comedia coral en la que Betiana Blum y Lucrecia Capello comandan a un grupo de vecinos con diferentes particularidades. En diálogo con EscribiendoCine el realizador habló de sus propios vecinos, la fuente de inspiración para su última película y lo difícil de hacer cine en Argentina.

Las chicas del 3°... un consorcio felíz

(2014)

¿Cómo fue pasar del documental a la ficción?
Fue un salto enorme, al abismo. Me costó mucho, pero también me gustó, porque podés controlar todo, algo que en el documental no, porque en realidad soñás con lo que te gustaría que fuera. En el set de la ficción manejás vos las cosas, decís cómo se va a parar una persona y hasta dónde llegará. Hay veces que podés hacer cosas y otras que no, porque muchos factores externos que quizás no te dejan hacer todo lo que querés y ahí el haber trabajado en documentales es un gran entrenamiento. En una escena del film antes vino Bernarda Pagés y me preguntó si podía decir algo de otra manera y le dije que no y la explicación del porqué y en la toma hizo lo que quiso, y ahí me cayó la ficha que el actor hace un poco lo que quiere y tenés que ponerte un poquito más firme. Igual tuve la suerte de contar con un equipo actoral increíble. El mejor talento que tuve para hacer Las chicas del 3°... un consorcio felíz fue elegir a los actores.

¿Cómo fue dirigir a un elenco numeroso?
Estábamos muy felices en el set, en los ensayos de las escenas multitudinarias en el lugar, esto cuando se podía, porque hay veces que algunos actores estaban de gira y se complica, u otras que están grabando con Pol-Ka y no te los quieren prestar o no llegan y es muy complicado. En el ensayo ves todo, principalmente porque en este film los espacios son reducidos, con palieres chiquitos y situaciones que teníamos que ver como se amoldaban a los lugares. A veces ayudaba esto y otras no.

¿Escribiste el guión pensando en los actores?
En Betiana Blum sí, era un personaje muy para ella. Lucrecia Capelloo salió después. Es muy difícil encontrar actores de edad y en condiciones para rodar. No sobran. Y menos para una película chica como esta. Cuando entró Betiana fue fácil conseguir otros. A Manuel Vicente también lo pensé. Rodé con él El cine de Maité y para mí daba el phisique du rol del encargado de edificio. Fue un descubrimiento Ingrid Grudke. Pensaba en una mujer rubia, alta y que caminara bien y me la mencionaron. No me había dado cuenta que podía hacerlo y terminó estando fantástica en escena. Lo principal para mí era que todos funcionaran bien entre sí y esto se logró. Estoy muy orgulloso.

¿Por qué los personajes de Betiana Blum y Lucrecia Capello siguen juntos a pesar de todo lo que se odian?
Las hermanas están basadas en mi mamá y mi tía. Cuando pensé en mi primer largometraje pensé en hacer algo conocido, más allá que los vecinos no estaban del todo. Hay licencias obvias, pero las características de los personajes son ellas. Son como un monstruo de dos cabezas que al salir se une pero dentro del departamento se separa. Como en la vida pasa con los hermanos. Yo con los míos peleo y es una forma enferma de afecto. Había varias escenas en las que ellas se pelean y el montajista me preguntaba por qué se peleaban tanto y yo le preguntaba si él tenía hermanos y se peleaba con ellos. Ellas no tienen nada más importante para hacer, sino se aburren. Se pelean pero al mismo tiempo se defienden y protegen. Se complementan. Para mí fue importante hacer algo de mi vida. En cierto punto es algo documental. Tenía muchas escenas que las tuve que eliminar porque el conflicto se demoraba mucho. Una muy buena en la que las hermanas cocinaban y la pensé como una coreografía de baile, se ayudaban y circulaban en la cocina.

La estructura narrativa remite a ciertos envíos televisivos de los años ochenta en los que un edificio era el puntapié para contar las historias de los inquilinos, este dejo nostálgico ¿fue buscado?
Salió así. Pensé el contrapunto entre las mujeres maduras y los jóvenes. Cuando escribimos la película la premisa fue que cada uno ve lo que quiere de las cosas. Ellas están más arriba que todos. Recuerdo las series que mencionás pero las usé como inspiración. Mi inspiración fue la familia y el tema de los consorcios lo conozco porque mi viejo era escribano y sé cómo es esto. Para mí es muy verosímil lo de las señoras mayores manejando el consorcio, que vivían arriba de todo y desde ahí controlaban a los inquilinos. Todo tiene mucho de mi vivencia.

Contanos cómo imaginaste los personajes y por qué ellas todo el tiempo conspiran e inventan historias sobre cada uno de ellos.
Quería varios grupos etarios y distintos sexos para armar un universo lo más completo: familia, hombre solo, hermanos conviviendo, quería generar un coro lo más amplio posible. Hay un gay porque siempre meto algo gay y la extranjera la quería meter para que haya confusión. Quería que haya un abanico de posibilidades sobre las que las hermanas pensaran algo y que luego fuera distinto, porque siempre todo es distinto a lo que uno cree.

¿Qué recuerdos tenés de tus vecinos y que reconocés de ellos en el film?
Veo a la familia feliz, así era la mía para afuera, porque para adentro nos matábamos. Esto se ve también en los hermanos con Juana Repetto. Ella tiene pocas escenas pero de una contundencia terrible. No tuve vecinos extranjeros. Siempre viví en edificio de familias. Vecino gay nunca tuve, pero sí eso del tipo solo y raro, que no sabes si son o no. De esos tengo un par.

¿Cuánto duró el rodaje?
Fueron cinco semanas en una misma locación, y creo que por eso logramos cumplir el plan. La gente del edificio colaboraba con nosotros y fueron casi como el equipo de filmación. Una de las propietarias, por ejemplo, ponía los conos para los camiones y terminábamos todos comiendo juntos. Sin esa comunión creo que nada hubiese sido posible.

¿Cómo tomás las críticas?
Si son buenas son un mimo al ego y si son malas una cachetada. No sé cuánto sirven para el público. No sé cuánto se fijan. Uno porque está acostumbrado y es de la industria siempre mira. Lo que sí me molesta es cuando comparan y hablan de otras películas sin criticar la tuya. Leo todas y viralizo las que sirven. Pensá que una película es una suma de voluntades.

¿Estas con algún nuevo proyecto?
Tengo un guión terminado que se llama María en la espera, lo escribí con Diego Andrés Fleischer, un drama, porque voy cambiando, es sobre una mujer que pierde al hijo y la película arranca horas antes que lo pierda hasta que le hacen el raspaje. Es como llevar la muerte dentro. Será algo muy en primera persona. Hicimos muchas averiguaciones, con médicos y que se cruzarán con las vivencias de la mujer y como está en su vida diaria cargando dentro la muerte.

¿Cuáles son tus expectativas frente al estreno?
Tengo miedo porque todo lo anterior que hice era más pequeño. Ahora me siento en las grandes ligas con una comedia de género y actores conocidos. Yo creo en hacer cosas que le gusten a la gente y me da miedo lo que pase con Las chicas del 3°... un consorcio felíz.


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