Ezequiel Obregón
17/09/2014 23:45

El realizador de Las insoladas (2014) dialogó con EscribiendoCine sobre este film que reúne a seis actrices de variadas procedencias, formaciones y trayectorias, y que consigue homogenizarlas para el lucimiento de todas. Gustavo Taretto reflexiona sobre el universo femenino y la década de la “pizza con champagne” en la que transcurre su película.

Las insoladas

(2014)

Mañana. Bar de Palermo. Y entonces llega Gustavo Taretto, responsable de los afiches pop que esparcen bellezas femeninas por toda la ciudad. En esta semana se estrena Las insoladas, su nueva ampliación de un universo inicialmente concebido en formato de cortometraje. Ya lo había hecho con Medianeras (2010). “Cuando tengo una idea, tengo una idea. No sé lo que va a ser; si va a ser un cuento, un corto o un largo. Las ideas me llegan de manera compleja, no entro por una sola puerta a un proyecto. Me aseguro de que tenga varias puertas de entrada. Yo me había puesto, a principios del 2000, un objetivo: hacer 90 minutos de cortometrajes. O sea, la duración de un largo pero en cortometrajes. Y fui bastante estricto; de hecho hice un corto de ocho minutos porque me faltan esos minutos para terminar mi objetivo”, sostiene el realizador.

El corto Las insoladas tenía una dimensión política pero antes del establecimiento del kirchnerismo. ¿Sentís que hoy hay, con su visión, una reactualización política en la recepción?
El corto tenía algunas ambigüedades que el largo no tiene. El largo transcurre en una época muy precisa, que es a mediados de los ’90. Al corto yo lo empecé a escribir cuando terminó la fiesta menemista, digamos. Decidí ambientarlo concretamente en el menemismo, en la explosión del 1 a 1 y los destinos caribeños. Tiene un contexto político la película, que por otro lado es una comedia particular que se sostiene en un montón de pequeños detalles. Por un lado, la frustración. Son seis chicas que se rompieron el culo durante un año y que cuando tienen que gratificarse (en ese esquema de vida de clase media: te matás trabajando para pasar 20 días de gratificación) ellas siguen estando lejos. Y se preguntan por qué en una sociedad en la que pareciera que todos los que están al lado tuyo se van ellas no pueden. Esa frustración es la que las hace transformar esa idea de sueño en una suerte de obsesión y pesadilla que las obnubila, por lo menos durante ese día en el que transcurre la película.

La película tiene un muy notable trabajo técnico. Mantener la progresión dramática de un día, en un exterior, no debe haber sido una tarea sencilla.
Yo creo que la idea de la película es bastante riesgosa, en muchos sentidos; hacer una película en un único decorado, la elección del elenco… Siento que jugamos con fuego al hacer la película. Si bien el proyecto parece comercial, tiene bastante de experimental. Y se tomaron muchos riesgos. Uno de ellos fue hacer una película sin faroles, debajo de la luz del sol. Lo primero fue convencerlas a ellas –que no me costó mucho, la verdad- de que no iban a tener el cuidado ni las comodidades a las que estaban acostumbradas. Por lo menos, las que trabajan muy profesionalmente. Son actrices muy valientes que decidieron exponerse a trabajar en esas condiciones. Nos tocó, además, un diciembre particularmente caluroso, con muchos días de alerta naranja. Sólo filmamos si había sol, si había una nube que tapaba el sol nos parábamos a esperar. Filmábamos lo que era de mañana en la ficción, en la mañana. Lo que era de mediodía, al mediodía; y lo que era a la tarde, en la tarde. O sea, no se filmó en orden cronológico sino que por jornadas. Obviamente, cuando estás rodando te das cuenta de que el sol va mucho más rápido de lo que imaginás. O sea que había escenas que debimos trabajarlas en dos días distintos. Se trabajó con dos cámaras para trabajar más rápido, además ellas eran seis y no quería perder algo de lo que hacían en escena. Fue un rodaje tremendamente demandante; fue muy difícil hacer sonido directo cuando tenés planos abiertos y chicas en bikini, no hay lugar donde colocar los micrófonos inalámbricos, o las cañas se ven. Y, por otro lado, se tomó una decisión en favor de la actuación, que siempre fue el objeto principal: la película se sostiene por la composición que hacen las seis, de forma individual y colectiva. Se eligió una terraza en un barrio de muy poco tránsito y se hizo un green screen de 360 grados para poder trasladar luego la película al microcentro.

Por cierto, eso está muy bien hecho. Yo no creía que el armado fuera tan artificial.
Una de las cosas que discutimos es si íbamos a contar o no la manera en la que estaba hecha la película. Decidimos que era otro de los riesgos que debíamos tomar, y si la película lograba hacerte olvidar de que había un croma es porque algo de la película estaba funcionando.

¿Cómo fue concretar este elenco tan diverso y a la vez tan funcional? ¿Fue complejo?
La película se hizo de una manera un poco express, porque era difícil combinar un elenco de seis protagónicas. Fue difícil armar la agenda. Ensayamos mucho menos de lo que nos hubiera gustado, pero hay algo intuitivo en el armado del elenco y en el comando del equipo que hizo que funcionara la química de ellas. Mi idea de un elenco tan heterogéneo era generar un nuevo punto de encuentro. Si yo hubiera trabajado con seis actrices del teatro off o del cine independiente, hubiera conseguido una película distinta y ellas hubieran estado armonizadas en la manera de actuar. Si hubiera armado un elenco con actrices de la tele, lo hubieran llevado a otro lado. Armé un elenco heterogéneo para que nadie llevara el tono de actuación y se lograra uno nuevo. Y eso lo entendieron las chicas desde el principio, aceptaron el desafío y encontraron una atracción en compartir este elenco. Vinieron todas muy entusiasmadas a hacer la película. Todas renunciaron a hacer algo para hacer la película. Luisana vino a hacer la película con un bebé de tres meses, por ejemplo.

Hay, obviamente, una mirada femenina que atraviesa y le da sentido el film. Y vos sos un hombre. ¿Cómo pudiste reproducir tan bien ese universo?
El punto de partida que tengo es la curiosidad. En general, a un director se lo emparenta con los personajes o un mundo que cuenta. Y no podeos zafar de eso. Ahora por ahí cambia la impresión, pero mientras mi única película era Medianeras, todo el mundo pensaba que soy neurótico, fóbico, y vivo solo y encerrado en un monoambiente. Al guion lo co-escribí con una mujer. Después, si hay algún mérito lo tengo en la observación y en ese mundo que es propio de las mujeres. Me hubiera resultado más fácil hacer una película con seis flacos que terminan un partido de fútbol y se toman una cerveza y se van a comer un asado. Pero por ahí me da menos curiosidad, porque a eso lo conozco. Por otro lado, en mi vida durante mucho tiempo estuve rodeado de mujeres. Tengo una hija, una mujer con dos hermanas que tienen hijas cada una. Entonces, uno aprende. Viendo crecer a mi hija, que es adolescente, entiendo mucho de la relación entre las mujeres. Es muy particular la forma en la que se relacionan las mujeres. Por otra parte, la película tiene una productora mujer, hay seis actrices. No es que hice la película con seis varones que se ponen una bikini. En el equipo de dirección de arte hay mujeres. La globalidad del proyecto estaba dominado por mujeres.

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