Rolando Gallego
02/06/2014 14:22

Con una larga trayectoria como actor, Luis Ziembrowski se ubica por primera vez detrás de cámara para crear un universo particular en su película Lumpen (2013), una desgarradora crítica social frente a la inercia y el no involucrarse de la gente, al bucear en las particularidades de un grupo de seres humanos que necesitan escucharse unos a otros.

Lumpen

(2013)

La decisión de estar del otro lado de la cámara ¿surge de una necesidad de realización personal o para poder llevar adelante una historia tan particular como la de Lumpen?
Interesante la pregunta, por que son las dos cosas. Venía trabajando con Iosi Havilio (coguionista de Lumpen) en un guión sobre novelas de Andrés Rivera y cae la crisis del año 2001. Mi vivencia personal, poner el cuerpo en las calles y la situación de ser actor en el río revuelto de la explosión social, hizo un big bang muy potente que desemboca en la primera versión de Lumpen. La presentación en el INCAA y la posibilidad de ser subsidiado, configuró poco a poco la necesidad de dirigirla. Al principio quería actuarla, pero Alejandro Catalán (actor, director, docente) me convenció con el argumento que iba a actuar todos los personajes. Cuando me decidí, empecé a soñar la película.

¿Cómo fue el proceso de selección de los actores? ¿El elenco fue pensado antes o después de escribir el guión?
Y cuando salgo del centro de la escena, aparece Sergio Boris inmediatamente para hacer ese hombre timorato, nervioso e inquietante. Cuando el guión empieza a mutar con el correr del tiempo, la edad de Damian, el hijo, empieza a crecer. Cuando la desición fue que fuera adolescente, salí a buscar a Cartucho, el antagonista. Ahora quería un actor que en el encuerntro con Damian fuera más perturbador para el padre. A Diego Velázquez lo vi en un unipersonal y lo llamé para hacer un casting. Un actor muy talentoso. El personaje de Claudia fue escrito para que lo hiciera María Inés Aldaburu. Analía Couceyro la elegí después al igual que Alan Daicz. Los remiseros supe siempre que Daniel Valenzuela y Gabo Correa eran ellos, en fin…

En Lumpen hay una idea de avance del otro sobre el protagonista que termina absorbiéndolo, ¿vos crees que los límites de las relaciones pueden desdibujarse de un momento a otro?
Por supuesto. El avasallamiento sobre la vida del otro está en el meollo de nuestras relaciones sociales. Cuando la inseguridad personal perturba, la paranoia va en aumento. Hace muchos años vivía en una casa que cuando salía a la calle me encontraba con una banda de jóvenes lúmpenes que vendían droga a dos casas de la mia. Yo tenía la “obligación” de saludar y bromear con ellos, porque era el actor de la cuadra. Si tenía que estacionar el auto y estaban ellos, sentía la presión de sus miradas y claro, al auto lo dejaba a un metro del cordón de la vereda. Cuando la paranoia es un rumor puede ser creativa, cuando hace ruido, estamos perdidos…

En esto del avance hay mucho de “Casa Tomada” de Cortázar ¿con qué otros textos/discursos podrías vincular a Lumpen?
La influencia lacónica de Beckett y sus silencios para mi fueron fundamentales. Pero por temática no sé, Haz lo correcto de Spike Lee, los hermanos Dardenne, fueron algunas de las referencias cinematográficas.

La atmósfera de la película no remite a una época particular, ¿crees que eso hace más universal al film?
Las crisis encierran historias íntimas muy interesantes para desarrollar ficciones. Cuando está envuelto de una crisis social, funciona como una válvula que puede estar a punto de estallar. Nosotros conocemos de sobra eso. No era necesario puntualizar.

¿Por qué Bruno nunca se juega por nada y termina siendo lo que la líder siempre le grita: un cobarde? ¿Depositaste en ese personaje la idea de una sociedad expectante más que actante?
Por que es un cobarde. Y cuando empieza a ver que su hijo creció, no sabe que hacer y se juega por querer controlarlo, no comprenderlo. Nos sucede a muchos padres…jejeje

¿Cómo surgió la idea de la líder en silla de ruedas y sus “Interferencia Popular”? ¿Qué quisiste resaltar con esto?
En principio, eran canales clandestinos en los 70 que algunas organizaciones militantes usaban para intervenir el espacio y aleccionar. En los 90 estaba el canal 6, que funcionaba en un PH por Villa Crespo. En la película interviene para darle como un plano más de interpretación mediática que tiene la película. La cámara de Bruno que usa Damian, la TV, todo va formando un propio sesgo del mundo Lumpen. Y Claudia, como militante que se reconoce, por las banderas que reinvindica y por su inclinación cultural, a una idea setentista, me parecía que una silla de ruedas da una marca de la persona, sin contar nada de su historia. Da cuenta en preguntas.

Bruno está todo el día espiando el afuera, esa imagen del cactus rebalsado de agua es la metáfora perfecta, ¿cómo no se da cuenta de lo que pasa con su hijo y el okupa?
No quiere darse cuenta pero sospecha poco a poco…esa es la inquietud de la película. Creo que hay un clima pesadillezco por la cruzada desconfianza de los personajes de ese barrio

¿Cómo fue la experiencia de presentar el film en el 28 Festival de cine de Mar del Plata?
¡Muy buena! La gente se incomodó pero no se podía ir. Fue un comentario repetitivo. Estoy profundamente agradecido por la invitación.

¿Qué expectativas tenés frente al estreno?
Quiero que se diga que la película se cuenta, que “ES OBRA”. Como dice Andrés Tambornino, el genio montajista de Lumpen y muchas más: que sea una película ya es enorme. Las buenas son muy pocas.

¿Próximos proyectos?
Retomando el guión, junto a Iosi Havilio, que escribimos sobre novelas de Rivera, alguien a quien admiramos.

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