Juan Pablo Russo
29/05/2014 12:54

Cuerpos de agua (2014) fusiona la ficción con el documental para abordar la pueblada que el 19 de noviembre de 1985 evitó que la ciudad bonaerense de Bolívar desapareciera bajo el agua producto de las inundaciones y la desidia política. "Esa historia era para mí la historia de mi pueblo, la historia de ese agua que vino para cambiar el agua, la historia que arrasó nuestra vida, nuestra economía y nuestro ánimo, pero que dejó una marca imborrable en la memoria", dice su director, Juan Felipe Chorén, en diálogo con EscribiendoCine.

Cuerpos de agua

(2014)

¿Qué te lleva a filmar una película sobre las inundaciones en la década del 80?
Además de la importancia que tuvo como punto de giro en mi vida, en la vida de mi familia, era una historia conmovedora y cinematográfica. Llega un momento en que uno, se asume narrador, se sienta y piensa, cuál es la historia que tengo que contar, y vuelve la vista a su propia vida y en ese horizonte por momentos borroso ve con claridad, distingue dibujado en un trazo fuerte y seguro la historia que marcó su propia historia, que marcó su persona, que de algún modo, incluso, en el más triste de los modos, lo constituye. Y esa historia era para mí la historia de mi pueblo, la historia de ese agua que vino para cambiar el agua, la historia que arrasó nuestra vida, nuestra economía y nuestro ánimo, pero que dejó una marca imborrable en la memoria. Yo me di cuenta en ese momento, que esa era la historia que debía contar.

¿Cúando estabas haciendo la película te imaginabas que antes de poder estrenarla iba a ocurrrir otro desastre como el ocurrido en La Plata o Buenos Aires?
No imaginaba que concretamente en la Plata, mi ciudad actual, iba a ocurrir lo que ocurrió. Pero si tenía y tengo la sensación de que de algún modo en nuestro país estamos siempre a merced del azar, que si bien estos desastres no son previsibles, es previsible la falta de respuesta del estado y de las instituciones. Me viene a la memoria una de las reflexiones que hace Alfredo Carretero en la película: "El problema más grande es que pasa esto y la gente se olvida... entonces acá ya no se trata de si esto va a volver a ocurrir, esto va a volver a ocurrir, vos fijate que en enero de 2012, que nosotros decíamos que se tuviera cuidado con los cultivos porque se esperaba un invierno y una primavera muy lluviosa, había intendentes que estaban pidiendo agua para las lagunas que tienen relación con esas intendencias, para fomentar la pesca y el turismo. Es todo un desorden, es todo un desorden." y sigue diciendo: "Lo que pasa, es que la obras hídricas llevan tiempo y esos tiempos son mayores que los tiempos políticos de los que gobiernan, entonces a nadie le interesa hacer una obra que después no la va inaugurar y que le dé un rédito político. No hay una política hidráulica en el país y durante todo este tiempo y a pesar de todas las inundaciones y de los perjuicios que han ocasionado nadie se ha preocupado por tener una política". En el caso de La Plata, uno no puede creer que los tipos se pusieran a dibujar el número de víctimas fatales, yo no sé en qué cosa absurda piensan. A uno no le cabe en la cabeza, pero se ve que en la cabeza de los políticos hay lugar para muchas cosas. Posiblemente pensaban que si ocultaban algunos muertos el costo político iba a ser menor. Un solo muerto, hubiera valido la destitución de todo ese manga de inoperantes. Sólo pensar en el horror de esas personas que murieron encerradas, porque las rejas puestas en las ventanas para evitar los robos y las puertas hinchadas no los dejaban salir, gritando sin que hubiera nadie capaz de rescatarlas, flotando toda la noche con el frío debería estremecerlos, a mi me estremece esa idea, morir en tu propio hogar, en el lugar mas familiar; pero no, tienen sangre de pato. Por otro lado me sorprende, a veces, la falta de reacción de la gente... en la película Martín Torrontegui dice: "somos argentinos, tenemos poca memoria y somos demasiado mansos." quizás es verdad.

¿Por qué hacés incapie en que el desastre es una concepción humana?
Es una frase que escribí una vez en un cuaderno, no sé exactamente a qué me refería entonces, pero cuando casualmente me la encontré y la releí en el contexto de la película pude entender lo que había escrito. Una de las maneras en que los responsables se lavan las manos, se hacen la de pilatos en este tema es mediante la utilización del adjetivo natural. Es la manera de nunca solucionar estos temas, fue un desastre natural ¿que le vamos a hacer? Sin embargo investigando lo que pasó en las inundaciones del 85 te das cuenta que no es así. El primer matiz de la frase que me atrajo tiene que ver con nuestra concepción de desastre, porque la gente del centro oeste de la provincia pensó que esa agua, que esa inundación constituía un desastre, la respuesta es que sólo constituye un desastre para aquel que ve afectados sus intereses económicos y materiales por el agua. Si uno pensara en ese ámbito sin el hombre, para la naturaleza una crecida semejante, sería una explosión de vida de ningún modo un desastre, sino, todo lo contrario. En este sentido el hombre concibe a este fenómeno como un desastre, en este sentido el desastre es una concepción humana. La segunda lectura tiene que ver con la concepción, como creación, en esta historia quizás sea extenso de explicar, pero las obras que realizó el hombre, pecando de corrupción, ignorancia o negligencia, fueron las que generaron el desastre. En este caso el Canal Ameghino construido para evitar que las lagunas encadenadas se quedaran sin agua en época de sequía destruyó Villa Epecuén; y el terraplén de la ruta 226, construido con menos pasadas de agua de las que figuraban en los planos, omisión u olvido que seguramente beneficio algunos bolsillos hizo que Bolívar casi corriera con la misma suerte. Entonces, en este sentido el hombre crea, concibe, da a luz al desastre. Es decir el desastre es una concepción humana.

Cuerpos de agua sale del registro documental al que estamos acostumbrados para trabajar el relato cinematográfico con un estilo mucho más autoral y un especial cuidado en la concepción visual. ¿Contános como fue este trabajo y que metás te propusiste?
Siempre tuve la sensación de que el hecho en sí, por más fuerza que tenga, no llega a transmitir con la intensidad suficiente, lo que vivieron sus protagonistas. Siempre desconfié de la mera enunciación. He visto muchas películas, sobre todo documentales, donde el descuido de la forma narrativa es tal, que uno termina perdiendo el interés de lo que sucede, o no dándole la trascendencia que realmente tiene. Es como si yo te quisiera contar un chiste y como se que es bueno, simplemente te lo digo, lo más seguro es que no te rías, porque no se trata sólo de que el chiste sea bueno, si no de que el que te lo transmite sepa contarlo. Entonces de ahí viene esa decisión de trabajar el relato con especial cuidado de la forma fílmica, de poder transmitir lo que sucedió, los estados en que se vio inmersa esa gente, la convicción de que cada plano cuenta y que la plástica de la imagen y la poética llevan el mensaje de una manera más contundente al que mira. Por supuesto que no le resto valor al archivo. El documento histórico trabaja por contraste con las partes más intimas de la película, choca con los primeros planos, los planos detalle y los personajes y escenas más cuidados en cuanto a la forma. Creo que la película vive en el choque de estas formas, de esa realidad filmada en VHS con las construcciones de ficción y los registros más atemporales y de ese choque surge ese estilo, que como vos decís, se acerca más a lo autoral.

¿Por qué decidiste usar el recurso de la ficción para poner en escena algunas situaciones?
En parte porque la primera intención fue la de escribir una novela, sobre los hechos del 85. De ahí surgen los textos que aparecen como voz off en la película. Entonces dentro de la investigación uno bien podía tomar a esa novela trunca como un documento histórico que aportaba una visión más de la situación. Una construcción más poética quizás, pero que no dejaba de ser un testimonio de lo que nos había pasado. Por otra parte las historias narradas fueron tomadas de hechos reales que sucedieron en la zona, cosas que me contó mi viejo que sucedieron y otras que la gente me fue comentando, además de mis propias vivencias, yo tenía por entonces 14 años. Entonces se convirtieron en un modo de particularizar las sensaciones y los estados en las que se vieron inmersos los pobladores de una manera más directa, una forma de narrar el costado humano del desastre. María Lahourcade quién fuera asesora técnica de la comisión de agua por entonces me decía eso, ella que explicaba todo con cotas, con velocidades de incidencia del agua, con descripciones de los puentes, las luces necesarias para que el agua drenara, pensaba que la tarea más importante era contar lo que había pasado a nivel humano: "...hice amigos que me acompañaron en la epoca de las inundaciones que murieron tragicamente... las caras del chacarero de tristeza, no me las olvidaré jamás, tengo rostros casi... que... que me acompañan muy seguido... porque es cuando uno ve verdaderamente el estado de depresión... en gente que veía su futuro absolutamente limitado." Creo que eso fue el argumento mas importante a la hora de elegir la ficción, era la manera de hacer llegar a la pantalla algo tan inasible como los sentimientos de la gente.

Visionando la película da la sensación de que son dos obras dentro de una. Una mucho más poética y la segunda con cierto anclaje en el género policial o de aventura. ¿Hubo un planteo de marcar diferencias y apostar a la utilización de diferentes géneros para la construcción del relato.
Me parece que esas dos partes funcionan con la dinámica de tensión y distensión. La primera parte es el ahogo de la gente, la situación que se vuelve acuciante, la cuerda que se va tensando y te sofoca, y te lleva a decir en un momento, basta, que alguien haga algo por favor. Y entonces viene la segunda parte mucho más basada en el material de archivo, pero que también se complementa con la decisión de entrar en acción de uno de los personajes de ficción, Erraiz estalla, donde nadie hace nada, el empieza a moverse y estalla. Pero el pueblo también estalla y entonces creo que empieza la distensión, la sensación es que cuando comienza esa segunda parte uno parece caerse hacia el final y se encuentra con el de golpe. En cuanto a los géneros. Sí, hubo decisiones estéticas concretas que nos fueron acercando a uno u otro género, el reloj en toda la preparación de la voladura de la ruta, o la música construida a partir de motores de la secuencia final tienen mucho del cine de acción y era algo que charlamos mucho con Javier Ordoñez, el músico, y Emiliano Cattaneo que hizo el sonido. Creo que entre los tres trabajamos muy bien, complementariamente y de manera creativa para lograr esos climas. Esto se contrapone claramente con la primer parte, a nivel visual, trabajando en el montaje nos dimos cuenta con un poco de nostalgia que ya no había más lugar para esos planos largos, más poéticos. Que ya no había lugar para la belleza de la imagen que todo era correr.

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