Ezequiel Obregón
21/05/2014 15:21

En Aire libre (2014), la directora de Un año sin amor (2004), Encarnación (2007) y Por tu culpa (2009) apuesta a la historia de un matrimonio en crisis. Leonardo Sbaraglia y Celeste Cid entregan sólidas actuaciones en un film que aspira a un público más masivo.

Aire libre

(2014)

“Tenemos dos actores muy queridos, una temática universal, salimos con la distribución de Buenavista y es una película mucho más abierta que las anteriores. Para mí, es un salto”, sostiene una Anahí Berneri exultante, feliz por el inminente estreno de su cuarta película. Le espera el encuentro con más periodistas, al mismo tiempo que en la televisión podemos ver –con el pegadizo tema Provócame de fondo- imágenes de Aire libre.

Debo confesarte que hacía mucho tiempo que una película no me generaba tanta incomodidad. ¿Es un aspecto al que aspiraste desde un comienzo?
Lo que sucede es lo siguiente; la película apela a la identificación del espectador para generar tensión. La película trata sobre la deconstrucción de un matrimonio, sobre cómo el amor con el cotidiano se transforma. Y muchas veces se transforma en una pasión que pasa a ser violencia. Y habla del deterioro de ese vínculo cotidiano. Yo entiendo que pueda generar incomodidad en el espectador a partir de esa identificación. Asumo que hay gente a la que no le va a generar la misma identificación que a otra, ni la misma incomodidad que a otra. Por otro lado, la película es muy íntima. Y está muy viva. O por lo menos, esa era mi intención. Y supongo que provoco. No sé si incomodidad, pero sí es una película que provoca.

Y en esa búsqueda de la identificación, ¿sentiste que lo indicado era convocar a actores tan famosos?
La intención de Celeste Cid y de Leonardo Sbaraglia tiene que ver con que, primero, son dos grandes actores y tenía muchas ganas de trabajar con ellos. Para mí, tenían que ser dos actores con mucha belleza y reconocidos por su belleza. Porque la película habla sobre la desetorización del amor, y me parecía una trampa mostrar actores a los que el paso del tiempo les haya sacado su belleza. Ellos son dos actores que ya no son adolescentes y que se atrevieron a mostrarse de una forma muy natural. Se atrevieron a jugar con el paso del tiempo. Justamente, el erotismo en una pareja no tiene nada que ver con la belleza. Tiene que ver con el vínculo, con el encuentro. La pareja y la transformación del amor y el erotismo en un matrimonio con hijos me parece que son temáticas muy universales. Trabajar con ellos era una apuesta muy fuerte que me permitía llegar a un público más amplio, ¿por qué no?

Vi en tu film momentos en donde hay una carga de teatralidad muy grande. ¿En qué medida tuvo que ver el aporte de Javier Van de Couter, en cuanto a su tarea como co-guionista?
A mí me parece que el aporte de Javier entra en una impronta más narrativa y más amplia que el resto de mis películas. El trabajo de profundizar la dirección de actores me parece que es una inquietud mía y siento que es mi fuerte. También Por tu culpa era una película de actores, de personajes. Y también lo era Encarnación y Un año sin amor. Cada vez siento que estoy puliendo un poco más. En esta película quise jugarme más por el plano secuencia y apostar más al trabajo actoral, trabajar más de esta forma –si vos querés decir- más “teatral”. Le quería dar verdad desde planos más largos, donde dejaba más en primer plano a la actuación. [Por tu culpa tiene una puesta más fragmentada que Aire libre. Hay muchas escenas en donde la tensión pasa por los planos largos, como por ejemplo la escena de intimidad en la cama. Tenía muchas ganas de mostrar la sexualidad de esta pareja pero no de una forma fragmentada, que es como generalmente se muestra el erotismo. Tenía ganas de mostrarlos desde su físico, su desnudez, en un plano secuencia y grande. Pero está muy coreografeada esa puesta, muy trabajada desde lo visual.

La casa que quieren reconstruir es una metáfora de esa misma pareja; dentro de ellos todo se derrumba. Creo que esa locación es un verdadero hallazgo.
Para mí fue un hallazgo del scouting. Buscamos mucho, una casa abandonada pero que tuviera belleza. Y no fue fácil. Esa casa estaba desde hace treinta años cerrada cuando la encontramos. Y la encontramos por el jardín. Es una casa que tiene estilo, más de cien años. Y en buen estado. Primero tuvimos que encontrar los dueños y luego abrir la puerta pero rompiendo el candando porque nadie tenía la llave. Cuando la encontramos no lo podíamos creer.

La secuencia del encuentro con el perro me parece de un dramatismo muy potente. “¿Cómo lo habrán logrado?”, me pregunté.
Trabajamos con entrenadores de perros. Esa es una escena que tiene mucho de humor.

Y también algo siniestro, en el sentido freudiano.
Sí, tiene ambas cosas. Funciona también desde lo metafórico. Estaba la idea de que se olvidaban del nene y en la escritura del guion nos dimos cuenta de que debían olvidarlo en un lugar en donde hubiera una amenaza.

Pienso en Aire libre y también en Por tu culpa y me pregunto si en algún momento los hijos devienen amenaza para los padres.
Amenaza no, pero pasan a formar parte de las responsabilidades. Sí son una cadena muy fuerte en una pareja. Son padres fuera de rol, padres a los que les cuesta asumir el lugar de padres. Al personaje de Fabiana Cantilo le cuesta asumir también su lugar de madre y de abuela. Son personajes muy infantiles los míos. Y son una mirada sobre nuestra sociedad; nos cuesta madurar, aceptarnos en nuestros roles. Veo a mi generación como una generación muy adolescente.

Creo que Fabiana Cantilo está muy bien en la película. ¿Cómo surgió la idea de convocarla?
Estábamos buscando una madre para Celeste Cid que tuviera su ángel y se nos apareció su rostro. Y justo ella estaba con ganas de actuar. La llamamos y no lo podía creer, porque era lo que estaba deseando. Fue un placer trabajar con ella. Los tres se mostraron fuera de la pose del actor, de manera muy natural. Están sin maquillaje, con un vestuario que está lejos de hacerlos ver perfectos, con escenas de intimidad en donde llevan la desnudez de manera preciosa. Estoy muy feliz con el trabajo de ellos.

En la secuencia en la que están las dos parejas dialogando contraponés dos modelos diferentes. Detrás de ellos están los niños golpeándose. Me parece un momento muy logrado, como espectadores nos preguntamos de dónde surge la violencia. ¿Cómo trabajaste esos momentos de tensión con los niños?
Para los niños, la violencia es algo mucho más natural que para los adultos. Los adultos encuentran formas de travestir la violencia. Para los chicos, un golpe está más cerca que para un adulto. Lo digo en serio (risas). Tengo un hijo de 9 y otro de 13. El contacto físico para los chicos es mucho más cercano. Me encanta trabajar con chicos porque te dan una verdad que no existe. Te mantienen alerta a vos y a todo el equipo técnico, a los actores les aportan mucha verdad. El niño que interpreta al hijo sabía improvisar muy bien, le dejábamos el diálogo en sus manos y el resultado era siempre muy atinado para la película. Trabajamos con una coach, María Laura Berch, con quien ya trabajamos en Por tu culpa y hace un trabajo muy valioso.

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