Ezequiel Obregón
27/04/2014 14:09

Tras su paso por Rotterdam, BAFICI, UNASURCINE y Mar del Plata, entre otros festivales, el co-director de Las mantenidas sin sueños (Vera Fogwill, Martín Desalvo, 2005) estrena esta semana su primera película en soledad: El día trajo la oscuridad (2013), protagonizada por Mora Recalde y Romina Paula, una obra sobre el vampirismo, cuyo tema central es el deseo, según explicó el propio realizador en una charla con EscribiendoCine.

El día trajo la oscuridad

(2013)

Una banda sonora de tonos graves aturde en el oído de los espectadores. Un bosque. Una pesadilla. Una joven que despierta a una realidad igualmente pesadillezca y recibe a su prima. Y ya nada volverá a ser como antes. Con ese comienzo, Martín Desalvo nos sumerge en un mundo poco frecuentado por el cine nacional que, en cambio, cuenta con gran cantidad de exponentes en la historia del cine mundial: el cine “de vampiros”.

Una de las protagonistas es Romina Paula. Una actriz que además es directora y dramaturga, y en sus obras (en especial en la primera, Algo de ruido hace) trabaja sobre lo “no dicho”. Una idea que aparece en tu film de forma casi definitoria. ¿Cuán grande fue el aporte de ella a la hora de construir el relato?
Sin querer ser desconsiderado con Romina, no modificó demasiado. Romina y Mora Recalde se incorporaron entre seis y siete meses antes del rodaje. Creo que hay algunas modificaciones de importancia en la cuestión del sentido, de la sensibilidad. Sobre todo en los diálogos. Además, es difícil de dimensionar. Creo que hay una cuestión de lo “no dicho”, de esta elección de cómo contar la película, del arte, en donde no está la visión de Romina en el sentido de que estoy yo como director. Sí creo que con Romina y con Mora trabajamos mucho en cómo dicen ellas esos diálogos y depurándolos, te diría hasta en minutos antes del filmar. Aparecieron algunas escenas propuestas por ellas incluso en rodaje.

La imagen del vampiro siempre tuvo su halo maldito pero a la vez encantador. En Drácula, de Bram Stoker, aparece la oposición entre ciencia y magia, y uno termina sintiendo pena por Drácula, o al menos comprensión. En Entrevista con el Vampiro hay un sentido homoerótico muy vinculado a los ’90 y al imaginario en torno al SIDA. Ambos libros tuvieron sus transposiciones al cine. ¿Qué sentido encontrás vos en el vampiro de tu película?
Yo creo que habla del deseo. Del deseo de vivir, de trascender la muerte, del deseo sexual entre las dos primas. El deseo de no comer, de no morder y matar a su prima porque la quiere.

Miraba tu película y pensaba en El ansia (Tony Scott, 1983) y en Todos los días problemas (Claire Denis, 2001), en donde se aborda en mayor o menor grado al vampiro, a partir de un alto grado de estilización. ¿Las tuviste en cuenta como referencias?
Son dos de las tres referencias fundamentales, junto a Criatura de la noche (Låt den rätte komma in, Tomas Alfredson, 2008). Son las tres referencias puntuales en donde trabajé para la película. También Drácula, de Bram Stoker, la de Francis Ford Coppola, junto a otras que son referencias que no tienen tanto el estilo. Con las otras películas comparto más una mirada de cine de autor y de estilización.

Y convocaste, además de las actrices protagónicas, a Marta Lubos, Pablo Caramelo, Luciano Suardi. Actores muy presentes en el denominado circuito off del teatro de la Ciudad de Buenos Aires. Ese tipo de armado de casting es una característica cada vez más evidente en el cine nacional.
Es así, son todos de ese circuito. A Romina Paula la conozco de su primera obra, a Mora Recalde la conozco de hace mucho. A Pablo Caramelo lo conozco del off, a Luciano Suardi y Marta Lubos los vi en el teatro y los conozco también hace mucho. Me gusta el teatro off y creo que es una saludable fuente de búsqueda de grandes actores. Me parecía interesante para este tipo de película jugarse a un elenco sólido. No es una película mainstream de efectos.

Sin embargo, hay un notable trabajo en la imagen. ¿Qué fue lo más difícil de conseguir?
No es que sea difícil, pero lo que más requirió de un trabajo de producción fue la cuestión de la estética de la noche. Nosotros con el director de fotografía empezamos a trabajar bastante tiempo antes, porque me parecía que lo que no veía logrado casi en ningún cine tiene que ver con la iluminación de la noche. No son noches creíbles. Quería lograr esa sensación de cuando andás por el bosque sin luz, en donde realmente vos llegás a ver todo pero muy penumbroso. Teníamos que filmar de día para hacer una especie de noche americana y luego componer los cielos, pasando por un proceso de arte y post-producción. Y requería que fueran los días nublados, no podía haber sol porque sino generaba contraste. Entonces, teníamos que meternos a filmar adentro si salía el sol.

Como los vampiros.
Sí, como los vampiros. Pero creo que fue un trabajo muy lindo y lo logramos.

Comentarios