Juan Pablo Russo
05/02/2014 17:37

Después de participar en la Berlinalle 2013 y de competir en numerosos festivales internacionales se estrena Deshora (2013), ópera prima de la realizadora salteña Bárbara Sarasola-Day que aborda "la intimidad y el deseo" dentro de un matrimonio en decadencia que se desestabilizará ante la llegada de un extraño. Protagonizada por Luis Ziembrowski, María Ucedo y el colombiano Alejandro Buitrago se verá desde este jueves en el Cine Gaumont y Cosmos-UBA.

Deshora

(2013)

¿Qué es lo que te motivó para contar Deshora?
Había cosas que me interesaban como el tema de las relaciones familiares complejas, pero por sobre todo la intimidad y el comportamiento del deseo como un factor desestabilizante. Para mí la película es como un ensayo acerca de algunos temas, algunas cuestiones que me generan inquietud y otras que me generan incomodidad. Me interesaba que la película sea un espacio para plantear ciertas cuestiones como la relación que tenemos con la intimidad y el deseo.

¿Más allá de que la historia es universal cuanto tiene que ver Salta en la historia?
Salta muchísimo. Es una provincia muy patriarcal y muy machista pero acá también es igual de patriarcal y machista, aunque de diferente manera la lógica es la misma. En Salta hay como cuestiones más enquistadas pero también hay una estructuración social atípica. Las clases sociales siempre han estado bien divididas más allá de que ahora hay un movimiento ahí y por suerte un cambio interesante.

¿Querías reflejar esa incomodidad?
Es parte de mi incomodidad, eso sí está. Yo nací en una familia que es medio matriarcal y mucho del machismo no logro procesarlo, no lo digiero todavía. Para mi es extraño. Sin embargo he convivido toda mi vida con eso.

¿Ves que ese machismo también se traslada al cine?
Si y no solo en lo que respecta a la dirección. Cuando yo arranqué a trabajar las mujeres en los equipos técnicos eran muy pocas. Después se fueron incorporando. El cine argentino no son solo los directores sino que hay un montón de otros rubros. Empieza a ver un cambio pero todavía son mayoritariamente hombres los que ocupan esos puestos.

¿Sos de las que siempre quiso dedicarse al cine?
Yo nunca pensé en ocupar la silla del director de cine. Yo no soy de la que tenía la Súper 8 a los 10 años. De hecho yo estudié comunicación, nunca estudié cine. Yo pensé que iba a ser diplomática o corresponsal de guerra (Risas).

¿Y cómo terminás dirigiendo?
A mí me gustaba mucho escribir pero tenía una forma de escritura muy discontinua. Entonces un amigo me dijo que dejara de tratar de escribir una novela y empezará a escribir un guión. Empecé a escribir un guión y me fui enganchando. Empecé a ver un poco más de cine, después me fui a vivir a Inglaterra e hice un curso de guión un poquito más académico y cuando volví enganché por casualidad trabajo en una película.

En Deshora empleás el recurso de la cámara en mano. ¿Qué te llevó a tomar esta decisión estética?
Fue un dispositivo que intenté sostenerlo hasta el final. Yo quería que el punto de vista de la película fuera la de un voyeur. No seguís la película a través de un personaje sino de los tres. Quería que el espectador fuera un voyeur y que la cámara fueran los ojos del espectador. Un voyeur que pueda acercarse impunemente al espacio íntimo. Por eso quería pulso. Que hubiera algo de humano y no tanto de un aparato en ese acercamiento. También quería la menor cantidad de planos posibles. Hay muchos planos secuencias y momentos en los que hay pocos cortes. La cámara en mano me permitía el desplazamiento para poder seguir a los personajes como si los estuviera espiando.

¿A qué se debe la elección del formato Cinemascope?
Elegí ese formato para que fuese como la rendija de una ventana. Que hubiese una dificultad para ver como si fuese un impedimento del ojo que no te deja ver. Quería ese recorte que le impidé al voyeur ver todo.

La película se estrenó en la Berlinale pasada. ¿Cómo viviste ese momento?
Es el tipo de cosas con las que uno fantasea pero cuando se dio fue una sorpresa enorme. Creo que siempre que hacés una película la pensás aspirando a algo grande. Es una motivación porque hay un punto en el que uno sabe que es una fantasía. Llegó un momento en que de verdad no sabía que película tenía. SI era la película que yo quería hacer pero no sabía qué tipo de película era ni como iba a ser recibida.

Hay una movida interesante con el cine que se hace en las provincias. ¿Cómo es para vos este momento donde ya no es necesario estar en Buenos Aires para filmar una película?
Hay un proceso interesante de descentralización. No solo en quienes dirigen porque directores de las provincias ha habido un montón. Ahora hay mucho más personal técnico entonces se empezaron a ver cabezas de equipo. También hay gente haciendo cosas que nunca pasó por Buenos Aires. Muchos queremos volver. Porque yo me formé acá pero hace muchos años que vivo mitad y mitad. La televisión digital ayudó mucho a esto. Hoy hay gente que vuelve a su provincia con proyectos y se empiezan a generar pequeñas industrias.

¿Ves que hay una diferente mirada sobre las historias y personajes?
Si, nosotros tenemos una idiosincrasia un poco diferente y nos miramos de manera diferente. Hay veces que somos representados de una forma un poco caricaturesca, casi ingenua.

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