Santiago Berisso
24/11/2013 19:14

El cineasta estadounidense Alexandre Rockwell –creador de films como En la sopa (In the soup, 1992) o Pete Smalls is dead (2010)– pasó por una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y presentó su último trabajo en el que invita a caminar, con ojos de niño, una ciudad de Los Ángeles que está vestida de blanco y negro e invadida por el granulado de los 16mm.

Little Feet

(2013)

Lana y Nico –hijos de Rockwell, tanto en la ficción como en la vida– están solos en su casa. Su madre ha muerto, su padre no logra seguir adelante con su vida. Probablemente no dentro del mejor contexto, pero la realidad indica que estos dos pequeños hermanos de no más de diez años tienen el mundo por delante. Y ellos no dejarán pasar la oportunidad de caminarlo. Luego de preparar la comida para el viaje, ambos salen de su casa para vagar por las calles de Los Ángeles en busca del río, en el que puedan dar libertad a su mascota: Curly, un pececito. Una hora en la que mandan la infinita imaginación y la simpática determinación olvidada por el mundo adulto.

Alexandre Rockwell dialogó en exclusiva con EscribiendoCine y profundizó en lo que fue la realización de Little Feet –film que ayer obtuvo el Premio Especial del Jurado– y sus futuros proyectos, entre otras cosas.

¿Por qué decidiste filmar en 16mm y además en blanco y negro?
Hoy en día, en Estados Unidos es muy difícil realizar una película en fílmico. Me encanta el fílmico, su granulado, que permite una imagen muy similar a la que recibe el ojo humano. También, amo el blanco y negro. Tenía muy poco dinero, y cuando no contás con dinero es mucho más fácil lograr una bella imagen si lo hacés en blanco y negro. Además, en realidad, no tenía intenciones de hacer una gran distribución de la película. No era eso lo que me interesaba, sino simplemente hacer lo que más amo.

Se suele decir que, en muchas oportunidades, una película puede ser autorreferencial o autobiográfica. Parecerían quedar cortos esos términos en el caso de Little Feet
En parte es porque están mis hijos. En cierta forma, ellos parten de mí. El estar con mis hijos me remitió a mi propia infancia, y me hizo recordar ciertos momentos con mis hermanas, en los que pasábamos mucho tiempo solos en casa sin nuestros padres o algún adulto. Inventábamos distintas cosas e historias, que trasladé a esta película Pero sí, fue como un viaje en el que pude ser un niño nuevamente.

Además de protagonizar la película, tu hija (Lana Rockwell) aparece como co-guionista del film. ¿Cómo se dio el proceso de escritura?
El guión lo escribí yo. Ella es muy inteligente, pero tampoco es un genio (entre risas). Sí, nos sentábamos a discutir y pensar cómo sería una situación en la que hay unos chicos que están solos en su casa, sin su madre y con un padre triste que no puede superar la muerte de su esposa. Entre los dos pensábamos ideas, pero en verdad lo escribí yo el guión.

En un momento del film, escuchamos que hay cumbia sonando. Debés ser el primer director en el mundo que haya incluido cumbia y una canción de Sigur Rós en una misma musicalización…
Lo que pasa es que hay un sentimiento muy latino en la ciudad de Los Ángeles y encima me di cuenta de que ese estilo de música iba muy bien con los chicos. Es un ritmo muy alegre y enérgico. Y por otro lado, Sigur Rós tiene una característica medio espiritual e, incluso, infantil. Creo que ahí es donde se encuentran ambos, en esa sensación infantil que se percibe a lo largo de toda la musicalización. La música es un lenguaje que trasciende las naciones, al punto que cuando uno empieza a utilizar música de otros países, en un nivel, casi que su origen se vuelve invisible. Creo que muy frecuentemente, muchos directores se aíslan y piensan que tienen que usar un único tipo de música para su película y, al menos yo, no lo siento de ese modo. Considero que la música es una especie de lenguaje universal.

Sostenés lo que dice Werner Herzog respecto al cine, que es el arte de los imbéciles y los animales, y que su poder no proviene del intelecto, sino de lo espiritual y lo físico. ¿Crees que al cine se lo suele intelectualizar por demás?
Sí, pienso que sí. Por esa razón es que cuando las novelas son llevadas al cine no logran ser buenas películas, en mi opinión. Pero creo que ocurre algo similar a lo que pasa con la música: uno se siente movido por una pieza musical, te da ganas de bailar o te pone triste. O en caso puesto no te genera nada. Si te tuviera que explicar una pieza musical, ahora mismo, vos dirías “mirá que interesante”, y no sería lo mismo si la interpretara. Alguna respuesta concreta me darías. Yo creo que las películas han sido, de alguna manera, secuestradas por los intelectuales. Ellos siempre están hablando de entender un film, lo cual no creo que sea algo malo. Pero si tuviera que elegir entre entender o sentir una película, siempre optaría por sentirla, antes que entenderla.

Sobre Los Ángeles se ha dicho que es la mejor ciudad del mundo, pero también que es la peor…
¿Quién dijo que es la mejor ciudad del mundo? (entre risas). Muy buen clima. Si sos una naranja, es el lugar ideal para estar. Sin embargo, ocurre como en cualquier lugar en el mundo: Cada ciudad es tan linda o tan buena como la gente que se encuentra allí. Y lo que pasa es que la sensación general que uno tiene de Los Ángeles es que allí hay mucha gente está esperando, esperando que algo ocurra, en cambio en un lugar como Nueva York, las personas hacen que las cosas sucedan.

¿Pero qué es lo que la gente está esperando en Los Ángeles?
Están esperando ver a su dentista. No sé. Simplemente están esperando. Aunque por lo general, están a la espera de convertirse en estrellas, de que alguien los quiera u ofrezca un trabajo. Y creo que en el arte, siempre es mejor crear tu propia historia. Empujar más que esperar. Eso sí, aclaro que estoy hablando de Hollywood. Porque Los Ángeles y Hollywood no son lo mismo.

¿Ya estás trabajando en otros proyectos?
En este momento estoy preparando un film, también de bajo presupuesto. Se trata acerca de un hombre, un actor un poco deprimido que vive en Los Ángeles. Está envejeciendo y decide volver a la casa de su madre. Es una suerte de extraña comedia en la que vemos a un hombre viviendo con su madre de noventa años. Y por otro lado, hay un proyecto que exige un presupuesto un poco más ambicioso, para el cual voy a tener que encontrar alguna estrella.

¿Cómo definirías el presente que vive el cine independiente estadounidense?
El concepto de cine independiente en Estados Unidos es algo que ha cambiado. Era verdaderamente independiente en la década de los 90’, cuando se vivió un boom de realizadores, dentro de este tipo de cine. Significaba una pluralidad de voces, ya sea afroamericanos, mujeres o hispanos. Todos filmaban películas. Lo que creo que sucede ahora es que las grandes compañías compraron muchos trabajos de estos realizadores, y el ser independiente ya no significa nada hoy en día. Es como hablar del punk rock. Ya no existe más. Lo que sí existe es la mentalidad de ser independiente, pero en la actualidad se ha convertido en algo en lo que es muy difícil permanecer.

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