Juan Pablo Russo
10/10/2013 13:57

Luego de su estreno mundial en el Festival de Cine de Mar del Plata, llega a los cines argentinos Los quiero a todos (2012), ópera prima de Luciano Quilici basada en la versión teatral homónima que pudo verse en el circuito off porteño. "Creo que siempre fue una película pero como yo venía haciendo teatro no entendí que delante mio se estaba abriendo otro camino", dice el autor en diálogo con EscribiendoCine.

Los quiero a todos

(2012)

¿Cómo trabajaste la readaptación de la obra de teatro para llevarla al cine?
Hoy me cuesta recordar que me llevo a pensarla como una propuesta teatral. Creo que siempre fue una película pero como yo venía haciendo teatro no entendí que delante mio se estaba abriendo otro camino. Hoy recuerdo la obra de teatro como un gran ensayo para la película y sinceramente no fue mucho el trabajo de adaptación.

¿Qué cosas debiste resignar a la hora de la transposición?
Mi percepción es que todas fueron ganancias. Supongo que podría caer en el romanticismo de “resignamos la presencia viva de la gente” o “la posibilidad de ser distintos cada día” pero no me pasa eso. Los quiero a todos siempre fue una película. Su vientre materno fue la sala de un teatro. Ganamos el primer plano! …que a mí en el teatro me hace mucha falta…

¿Te encontraste con dificultades?
No recuerdo dificultades ligadas a la transposición de un lenguaje a otro. El cine es una gran dificultad en general. Pero los problemas no los tuve con los lenguajes.

Muchas veces las transposiciones terminan en teatro filmado. Algo que no ocurre en Los quiero a todos ¿Cuál fue el planteo inicial para no caer en esto?
Me ayudaron mucho Mauro Do Porto (director de arte) y Arauco Hernández (director de fotografía). Dibujamos la película juntos… Decidimos respetar la teatralidad en cuanto a la puesta con los actores pero fracturar esa teatralidad con la puesta de cámara. Y salió eso que se ve, que a mi, me gusta mucho.

La obra y la película tienen el mismo elenco pero supongo que el tono de actuación es diferente ya que en teatro se maneja un registro diferente al cinematográfico. ¿Cómo lo manejaron?
No tengo esa sensación . ¿Registros diferentes? ¿Porque? No veo una razón valida para modificar el registro actoral . Lo que cambia son ciertas cuestiones técnicas… la proyeccion de la voz, la posición para los encuadres, algunas limitaciones con el sonido o con el movimiento… Pero después… en los ensayos persigo el registro actoral que me interesa, que me imagino y que me sale. Pero no hago diferencias entre cine y teatro en este sentido.

¿Hay un tono autobiográfico en los personajes?
Es poco sano dedicarle siete años de tu vida a algo que no sea personal. No tiene que ver con el ego, tiene que ver con los intereses de uno. Si vas a meterte tan profundamente en un proyecto mas vale que te interese, que provenga de tus entrañas. En ese sentido si, hay algo mio en cada personaje y fragmento de la película.

Recién ahora el cine argentino está trabajando las historias generacionales de treintañeros, ya que durante mucho tiempo el mundo circundaba en la adolescencia. ¿A qué creés que se debe esta nueva tendencia?
No siento que nuestra película forme parte de un grupo o una tendencia. Los quiero a todos  es una película que podría ser de viejos o de jóvenes. La insatisfacción con uno mismo, la soledad, las dificultades para comunicarse no están acotadas a la edad. Supongo que a mí me salió escribir sobre gente que tenía mi edad. Me resultó más sencillo. Pero no había una intención generacional, había si una intención política, la de retratar una clase social.

¿El estreno de la película va a venir acompañado de un reestreno de la obra?
No. Definitivamente. Se terminó. No veía la hora de archivar los archivos titulados Los quiero a todos. ¡A otra cosa! (Risas).

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