Santiago Berisso
07/10/2013 13:16

Una historia de amor donde no solemos encontrarla, a veces por perezosos y otras, por ignorantes, aunque en verdad, tampoco hacemos mucho por dejar de serlo. María Victoria Menis presenta su último film María y el Araña (2013), que llegará al Cine Gaumont el próximo 31 de octubre, entre otras salas.

María y el Araña

(2013)

María vive en una villa de emergencia, tiene apenas trece años y la posibilidad de recibir una beca para continuar la secundaria en una escuela privada. Conoce en el subte a un chico vestido con el disfraz del Hombre Araña. Allí no sólo van para ganar un poco de dinero sino a desconectarse de la lúgubre y dolorosa realidad que los recibe al llegar, luego, cada uno a su casa.

En diálogo exclusivo con EscribiendoCine, la directora argentina, nos cuenta más acerca de su última película que protagonizan Florencia Salas y Diego Vegezzi y cuyo elenco completan Mirella Pascual, Luciano Suardi y Lucía Ruiz Ortiz.

Por lo general, cuando vemos historias de personas que viven en una situación de marginalidad, vinculada a los sectores sociales más perjudicados, no nos encontramos con historias de amor. ¿Creés que a veces nos olvidamos que todos los seres humanos tienen la necesidad de amar y ser amados?
Eso es realmente lo que quisimos contar con el co-guinoista Alejandro Fernández Murray. Por supuesto que uno no vive en la luna de Valencia y hay temas que me interesan que están en la película como el trabajo infantil, el abuso, chicos que no van al colegio, pero si quisiera hablar sólo de eso haría un documental. Más allá del conflicto que tiene el personaje principal (María), que vale decir que podría existir en cualquier social, no me quise regodear con la villa, mostrar el narcotráfico o un tiroteo, el aspecto de la criminalidad, no. Me interesó mostrar gente que yo he visto en la villa, que va a trabajar o al colegio todos los días, se rompen todos los días, defienden y ayudan mutuamente. Sobre todo, me atraía contar una historia de chicos jóvenes.

¿La idea de utilizar el subte como locación se debe a algo en particular o pudo haber sido cualquier otro medio de transporte público? Quizás uno busca metáforas o simbolismos donde no los hay…
Las metáforas se van creando. Es increíble, pero cuando vos pensás en algo, todo se empieza a pegar a esa idea. Nosotros no pensamos en el subte porque quisiéramos hablar, por ejemplo, de las redes que no ayudan a los chicos, o que están por debajo. En verdad, lo del subte surgió por el hecho de que ese chico vestido del Hombre Araña, que pega unas pelotas contra el techo, existe. Creo que no está más haciendo esto en el subte, ahora no sé qué será de su vida, pero sé que hacía la línea D, paraba mucho en Plaza Italia. Iba vestido con un disfraz muy pobre de este superhéroe y hacía, como te decía antes, un malabarismo muy llamativo porque hacía un ruido infernal. Y además, soy un poco fanática de los comics, cuando era chica leía mucho.

Florencia Salas nunca antes había actuado y Diego Vegezzi, por lo que tengo entendido, en unas pocas producciones. ¿Desde el vamos buscaste esta frescura en el elenco?
Diego estudió teatro desde los doce años, tuvo un pequeño papel en La mirada invisible (2010) de Diego Lerman y también venía de hacer una película grupal que se llama Leones (2013), de una chica de la FUC (Universidad del Cine), Jazmín López, o sea que tenía un poco más de experiencia que Florencia que no tenía ninguna.

Mirá, si hubiera sabido de una chica de trece años que fuera famosa y actuara genial, seguramente la habría probado, pero al menos en ese momento no conocí a nadie que tuviera esa edad y se destacara especialmente. Entonces, no había otra forma que salir a buscarla. Hay muchos chicos que vienen con tics de la televisión, como que copian estilos bien relacionados con esa industria, lo cual no significa que no haya chicos que actúen bien en televisión. Y, de repente, encontré una chica que, quizás porque nunca había actuado, no era copiona respecto a lo que pensaba que estaba bien, que tenía mucha naturalidad y me pareció fantástica para la película. En el caso de Diego, me costaba mucho encontrar a alguien que tuviera como una hosquedad, incluso hasta física, y que al mismo tiempo pudiera quedarse tildado con algo que lo emocionara. Porque acostumbrarse a trabajar en el subte todo el tiempo y que en todo momento te miren con desconfianza, te genera una ira. Esa posibilidad de pasar de un extremo a otro, de la hosquedad o, si se quiere, una violencia defensiva, a la ternura o al llanto, no era fácil y la pude encontrar en Diego.

¿Te encontraste con más dificultades por el hecho de rodar algunas imágenes en un barrio de emergencia?
A nivel producción, en este momento las villas están siendo muy buscadas y, sobre todo las más conocidas de Buenos Aires, tienen como una manera de pautar cierta locación y se estipula el dinero o una forma de retribución. Después, por supuesto que tenés ciertas limitaciones que pasan por el hecho de que no vas a filmar a todo el mundo, ya que hay personas que no quieren aparecer. A la hora de filmar, por más que esté todo estipulado se dificulta porque hay mucha gente, mucha circulación, hay que esperar que pase la moto u otras veinte personas que están caminando por ahí, hay miles de perros, pero tampoco podés pedirle a todo el mundo que se calle.

En la película hay muy pocos diálogos y cuando los hay son muy cortos ¿Buscaste algo en particular?
Pasa que son dos personajes principales bastante silenciosos. Él es un solitario y ella es una chica que al estar siendo sometida guarda un secreto, tiene miedo, se aparta, se vuelve un poco más solitaria. Es una película que está muy apoyada en las miradas, un factor muy importante en la casa de María. Por otra parte, me gusta el hecho de tener que apoyarme mucho en las imágenes.

La última película que realicé, en la que los personajes hablan mucho, es Arregui, la noticia del día (2001), con Carmen Maura y Enrique Pinti. Ahí sucedía todo lo contrario. Los personajes, además de que eran muchos, hablaban todo el tiempo, el problema es que no decían nada. Es decir, que la mayoría de lo que ahí se habla es al pedo y justamente no expresa lo que están sintiendo ellos. En cambio, cuando trabajé con El Cielito (2004), eran tres personajes nada más. El principal no hablaba nada, era una tumba. Y en La Cámara Oscura (2008), que fue la que vino después, había una chica a la que le enseñaron a mirar abajo porque era bizca, a no llamar la atención, a invisibilizarse. Lo que tienen en común mis últimas tres películas es que son más silenciosas y en las que hay personajes que siempre están en la periferia, están relegados. Lo importante está en que la película transmita.

Seguramente, muchos van a decir: “ah no, esta es una película de chicos que son marginales. No quiero verla porque ya en el noticiero veo todo esto de que los chicos se mueren, que el narco, y que la sangre…”

¿Y qué le responderías a alguien que te dice eso?
Está bien, eso es el noticiero. Esto es otra cosa. Te va a llegar desde otro lugar. Acá no hay sangre, no vas a ver una violencia que te haga tapar los ojos. Todo lo vas a ir armando y completando vos en tu cabeza. La gente que vemos en los noticieros hace otras cosas, no están haciendo todo el tiempo exactamente lo mismo. Acá también hay otras cosas que se hacen y que son amorosas.

En el film retratás una realidad social, una historia de vida y elegiste hacerlo a través de la ficción. ¿Creés que este género también puede contar cosas con las que se vincula con más frecuencia el documental?
Respeto muchísimo los documentales. No hago por el hecho de que no sé hacerlos. Claro que uno se emociona al ver un documental, pero me parece que la ficción te arrastra a esa vida que te están mostrando, te mete en los personajes durante esa hora y media de una manera que te toca mucho. Porque le estás poniendo la lupa a muy poquita gente. Si la ficción está bien hecha, te metés en la piel de los personajes. Otra cosa que pasa es lo que sucede cuando en un documental empiezan a dar estadísticas. Una estadística te puede conmover un montón, o sea, yo te puedo decir que sólo un 10% de los casos de abuso en todo el mundo son denunciados, de los cuales llegan a buen puerto con suerte la mitad. Con ese dato te queda una sensación terrible, pero empezás, en verdad, a entender lo que sucede cuando ponés la lupa en un personaje.

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