Juan Pablo Russo
04/10/2013 15:41

Con 33 años Luis Ortega ya tiene en su haber una obra tan personal como enimágtica. Desde Caja negra (2002) a Verano Maldito (2010), pasando por Monobloc (2005) y Los santos sucios (2009) sus historias rompen limites y construyen mundos en donde pareciera que la salida no existe. En su última película, Dromómanos (2012), que puede verse los domingos en las 18.00 hs, en malba.cine, el autor, focaliza la acción en cinco marginales que deambulan por una irreconocible Buenos Aires, donde la lírica se fusiona con la ferocidad de un microcosmos desconocido.

Dromómanos

(2012)

¿Cómo te conectás con la trama de Dromómanos?
Cuando estaba haciendo Caja Negra en el 99, conocí a mucha gente de la calle que me hablaba de un psiquiatra que le decían Pinkfloyd, era capo en el Hospital Rivadavia y atendía a todos los vagabundos juntos y se los llevaba a comer asados y tomar vino. No los curaba pero los amaba. Había muchas historias sobre el Doctor, que se llama Luis María. Cuestión que mucho tiempo después se entera que yo lo estaba buscando y me deja, en un bar, anotado en una receta donde tachaba su nombre de médico y ponía “Luisma, Poeta, Percusión y Almibar” con la dirección de su hogar. La noche que lo fui a buscar (vivía en su consultorio en Recoleta) bajó a abrirme desnudo. Ni bien me abrió la puerta, sin decir hola, empezó a hablar de Pedrito Pedraza, el último enanito de raza que queda en Bueno Aires. Me contó la leyenda. Que había banda de enanos organizados abajo de la tierra. De cómo Menem les daba marihuana y viagra para que se reproduzcan y lo voten. En seguida me hice muy amigo del Doctor y pasamos noches enteras hablando. El me disparó todo el proyecto. Yo tengo un amigo muy chiquito y se me ocurrió que podía ser Pedrito Pedraza.

¿Y después que pasó?
Cuando contacté a mi amigo para que conozca al Doctor me enteré que estaba haciendo exorcismos en Berazategui. Lo fui a ver a una misa y quedé muy impresionado. En ese momento Alejandro Tobares, un amigo que era interno del Borda, vivía la mitad del tiempo en mi casa y él es una persona que me inspiró mucho también. Empecé a atar cabos. La conocí a Ailín Salas caminando por la calle y me hizo acordar a una chica que había visto en la misa de Pedrito. Finalmente se sumó Julieta Caputo al plantel y sentí que había orquesta.

La película traspasa los límites que hay entre la ficción y documental. ¿Fue un planteo o simplemente se dio?
Es que ni siquiera es una película. Ni un documental. No sé qué es. Pero nunca la hice para que esté en un cine. La íbamos a repartir por la calle, a los manteros. La podes ver de parado por ejemplo, tomando cerveza.

¿Cómo trabajaste la historia desde lo narrativo, considerando que pareciera que hay mucha improvisación?
Partía de alguna improvisación y escribía lo que venía después, o antes. Íbamos, lo filmábamos, lo editaba con Rosario Suarez y eso me diparaba otra cosa.

En tu obra se ve como una intencionalidad en la construcción de un mundo post apocalíptico. ¿Es así?
Al final de la película el Doctor dice, “La vida es una colimba. Se acabó, ya se acabó”. Y pasa a negar las estaciones del año. Creo que la libertad es saber que el mundo no existe, o que si existe es tan absurdo que no te lo podes tomar en serio. Quizá sea más eso lo que siento.

La película mezcla actores con personajes reales en donde las actuaciones de ambos grupos no presentan diferencias. ¿Cómo lográs esa naturalidad que rara vez se puede apreciar en el cine argentino?
Bueno, nos conocemos bien entre todos. Compartimos esta noción de que el mundo es una cosa absurda, de que el ser humano es absurdo. Y la gente seria nos da mucha gracia. A partir de ahí nos manejamos en el plano de la actuación, no importa si actúan de sí mismos o qué se yo. Siempre los sentimientos son propios. Siempre es la persona.

Salvo en Verano Maldito, en el resto de tu obra, hay un eje común que es el retrato de la marginalidad pero desde un lugar no común. ¿Cómo te conectas con los personajes de esas historias?
Es que todas las emociones son marginales y lo único que a mí me importa son las emociones, las locuras que se nos pasan por la cabeza, todo lo que no hacemos, todos los sentimientos que se callan, ocultan y hacen que la gente sufra y se aísle y se enferme, porque nadie les dijo que a todos nos pasa eso y que todos estamos locos por dentro.

¿Los personajes de tus películas funcionan un espejo circunstancial de ese momento de tu vida?
Sí. Cien por cien.

Vos hacés un cine “no comercial” y por fuera del sistema ¿Te resulta fácil trabajar en estas condiciones?
No. Pero es eso o nada. Lo único importante es terminar una película y que se parezca a uno. Aunque uno sea horrible. El sistema nunca va a querer que seas vos, va a querer que seas ellos, que no son nadie en realidad. Así que la única que queda es hacerla por fuera y tratar de recibir todo el apoyo que puedas de adentro.

¿Y ahora que se viene?
Ahora estoy terminando el primer corte de [#Pelicula,5267] que terminamos de filmar hace tres meses. Es una película mucho más grande pero en definitiva habla de lo mismo. La protagoniza Ailín Salas, Nahuel Pérez Biscayart, y en un personaje secundario está Daniel Melingo. Es un historia de amor, con tiros, bebes y caballos. Bien urbana, bien de acá de Buenos Aires.

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