Ximena Brennan
17/09/2013 15:09

Oriundo de Río de Janeiro, Raphael Aguinaga viajó a Argentina para filmar La sublevación (2012), su primer largometraje en el que juega con la comedia y el dramatismo en una residencia para mayores. El director, y también poeta, nos habla sobre su experiencia personal en diálogo con EscribiendoCine. El film llega a los cines argentinos este jueves 19 de septiembre.

La sublevación

(2012)
8.0

¿Cuánto hace que empezaste con este proyecto?

Siempre fui muy próximo a mi abuelo, que fue la persona que me presentó al cine. Él tenía un pequeño proyector con dibujos. Mirábamos esas cosas que para mi eran muy raras. Nos fascinaba, éramos muy amigos. Él era un industrial muy importante y no tuvo una infancia como le hubiera gustado, la tuvo recién en la vejez; entonces yo era su mejor amigo. Él grababa con super 8 que era uno de nuestros juguetes y jugábamos mucho con esto del cine. Yo lo ayudaba en su trabajo al principio. Falleció en 2006 y yo tenía la idea de cambiar de trabajo porque estaba un poco cansado de hacer eso. Quería incursionar en el mundo artístico: empecé escribiendo un libro de poesía, luego teatro y después cortos. Todo esto al mismo tiempo de mi carrera como banquero e industrial. Cuando él falleció, para mi se perdió el sentido de seguir trabajando ahí. Me fui a París para estudiar cine. Y una de las primeras cosas que pensé para el guión es que uno “escribe con su propia sangre”, como dice Nietzsche. O sea que tenía que ser algo muy verdadero y fuerte. Y además tenía muy presente la lección de que el alma no envejece, de que uno puede mantener el espíritu de aventura y de curiosidad, una alegría juvenil, aunque esté en la vejez. Nosotros vivíamos esto y yo lo extrañaba mucho. Junté las dos cosas para escribir este guión que habla justamente de este tipo de redención en la tercera edad, y para eso también me tuve que acordar de todo lo que pasamos y esa fue la manera de sentirlo más cerca. No había dudas de lo que quería expresar. Escribí el guión durante dos años y muchas veces me emocionaba, se me caían las lágrimas en el teclado. Fue como un proceso que me ayudó mucho a soportar la falta que me hacía este amigo (se emociona).

¿Por qué elegiste Argentina para filmar esto?

Yo siempre fui un gran amante del cine argentino porque como poeta, me gustan muchos los sentimientos y las emociones. Aquí esto se ve muy calcado. Son películas muy próximas al corazón y al alma. En Brasil es otra la situación. Estamos más próximos a la comedia. Este tono no es muy común en Brasil, no es lo que se hace. Para el guión empecé a hablar con productores brasileros y me encontraba con mucha dificultad para hacerme entender. Igualmente a ellos les encantaba el guión pero me proponían dejar afuera todo lo “riesgoso” y hacerlo en tono de comedia porque el material daba para eso. Intentaron comprarme el guión y yo no lo vendí. Me lo pidió uno de los productores más importantes de Brasil y me tildó de loco por no querer vendérselo (se ríe). Yo quería conservar esa visión romántica del cine. Es una cosa muy característica de los poetas. No creo que la decisión de hacer una película pase por el tema de qué temática o enfoque va a dar más plata. Por otro lado, a mí siempre me gustó mucho la fotografía argentina, entonces me quise tomar un avión y venir hasta acá. Buscamos productores locales y entonces llamé a Luis Sartor y Hernán Musaluppi y me presenté.

Y contame de ese hermoso lugar que elegiste, la casa

Esa es una locación exclusiva para filmación, no es realmente una residencia para mayores. Pero yo estuve acá otras veces e investigué un poco los geriátricos de aquí. Son generalmente financiados por la iglesia, como éste de mi película. Esto está camino a Ezeiza, en Bella Vista. Además quería enfatizar la arquitectura que tiene su influencia en Italia e Inglaterra, lo neoclásico que no tiene simetría. En Brasil es todo muy cuadrado. Esta casa iba bien con lo que queríamos hacer. Es como un personaje en la película. Tiene su sonido y su espacio. Además hubo una coincidencia muy feliz. Yo quise empezar la película con el tango Madreselva y al entrar a la casa nos dimos cuenta de que había madreselvas por todos lados. Eso me gustó mucho.

¿Cómo fue presentarte ante actores argentinos tan reconocidos?

Bueno, para esta película pensé inmediatamente en Norma Aleandro. Nadie me creía pero yo ya había arreglado para juntarme con ella en su casa y charlar sobre esto. Le comenté mi idea y le entusiasmó mucho. Fue un encuentro maravilloso. Norma tiene una historia de vida fuerte y se encariñó mucho con el personaje. Me aclaró que tenía un montón de cosas que hacer primero, pero se encariñó mucho con este trabajo. Le aclaré que nosotros no estábamos en la misma condición que otros directores como para pagarle su caché habitual y me dijo que esto para ella no tenía precio. Ella está muy involucrada con estas cuestiones sociales. Entonces me derivó con su agente que me recibió muy mal (se ríe). Lamentablemente cuando empezamos este rodaje ella estaba con una obra de teatro y podía filmar muy pocos días. Sólo por esto es que no está. Pero igualmente tenía los ojos puestos en estos otros actores fabulosos que se concentraron mucho para el rodaje. Son muy profesionales y tardamos menos de lo que habíamos planeado. Para mi fue una experiencia muy gratificante.

Hay una realidad aquí que es en estos lugares a veces se los maltrata a los mayores en este tipo de residencias. ¿Vos sabías esto? ¿Pensás que es así?

Yo estuve investigando bastante aquí y el mayor reclamo era que los familiares los habían abandonado y ellos estaban en la profunda soledad. Igualmente no quise incursionar en lo triste, que quizá era efectivo también para vender más la película, pero lo quise hacer así; lo otro me parecía algo negativo, feo. Estas personas son sobrevivientes del tiempo y son personas que tienen el hábito de dar. En la cultura oriental, los mayores son sabios, maestros.

¿Y allí se usa esto de las residencias o lo ves como algo exclusivamente de acá?

Allá hay. Y en Río de Janeiro podés ver hasta residencia para mayores actores. Hay una casa antigua allí y tuve ganas de filmar. Como estaba muy próximo a mi abuelo yo tenía muy en claro cómo es una persona que está atravesando por la vejez. No quise dar una lección a nadie, pero hay gente a la que seguramente le conviene meter a sus “viejos” en el geriátrico y crear la ilusión de que están bien. Pueden estar bien pero muchas veces se sienten abandonados, están fuera de su casa en una edad que es muy cruel. El personaje de Marilú Marini por ejemplo es el que más muestra esto. Ella llega de prepo a un lugar luego de vivir su vida en su casa. Un lugar nuevo donde no conoce a nadie, gente que nunca vio en su vida. Tenés tus propias manías y te tenés que adaptar. Ya no tenés las mismas ganas de hacer las cosas. Es como una prisión, pero la peor prisión es la que tiene las puertas abiertas. Eso quería mostrar.

Me decías que habrá como una segunda parte de la película. ¿Hoy por hoy estás exclusivamente focalizado en este proyecto o también estás trabajando en alguno más?

Yo tengo muchos proyectos. Uno no consigue controlar una pasión. Yo no soy un cineasta, soy un poeta que tomó el cine prestado. El cine es mi amante. Tuve el deseo de venir acá para ver qué pasaba. También tengo pensado hacer una serie de televisión basada en esta película. Incluso en las funciones que dimos acá, la gente me decía que le hubiera gustado saber más. Quedan muchos misterios abiertos. Para una serie está muy bueno porque podemos profundizar en las historias de cada personaje. Para cada episodio tenemos una trama y nos enfocamos en cada uno, y descubrimos que quizá no son lo que parecían, que su pasado trae secretos, volvemos a su infancia, su lucha, todo lo anterior. Lamentablemente ya no tenemos a León Dogoni, que hace de José, pero podemos seguir con esto. Para mi sería muy bueno seguir teniendo a todos ahí, pero a veces no se puede. Ellos allí estaban muy sueltos, sin preocupaciones. La serie está muy ligada a la película y sus personajes. Puedo adelantar que ellos en la serie tienen que buscar la manera de quedarse con esta casa, porque la inmobiliaria la quiere vender. Esto igualmente sería en un tono más de comedia.

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