Ximena Brennan
13/08/2013 20:19

Ezequiel Erriquez debuta en el cine con A La Cantábrica (2012), una película que retrata la crisis interna que sufre un grupo de amigos al entrar en la adolescencia durante los años 90. "Quería reflejar una época del país con mucha ignorancia por parte de la sociedad, mucha quietud y estancamiento, mucha oscuridad", dice el autor en una charla con EscribiendoCine.



A La Cantábrica

(2012)

¿Por qué te interesó retratar la situación de estos chicos a fines de los años ’90?
Los personajes tienen relación con amigos míos y vivencias personales de esa época que atravesaba el país, así que en algún punto es como autorreferencial en ese sentido. También el lugar donde se sitúa la película es una zona que yo frecuentaba y conocía bastante. Creo que por eso elegí contarlo en ese lugar. En cuanto a la diversidad de los personajes, es decir, sus diferencias o particularidades, valoro que se de eso entre amigos. Cada uno con su propia problemática pero compartiendo a la vez la amistad.

Y ¿por qué los ’90?
Quería reflejar una época del país con mucha ignorancia por parte de la sociedad, mucha quietud y estancamiento, mucha oscuridad. Y por otro lado, estaban estos chicos que eran la luz en medio de esa oscuridad. Ellos están creciendo, son el futuro de la sociedad y, paradójicamente, las problemáticas que ellos atraviesan en algún punto le son ajenas a su propia realidad. En la pre-adolescencia nadie está muy consciente de la realidad de nuestro país, no porque no queramos, sino porque simplemente se da así. Estás más pendiente de tus amigos, de salir… El condimento social que tiene la película está en lo periférico. Está en el entorno pero no es lo central. La situación del entorno les afecta indudablemente pero no es que están concientes todo el tiempo. Simplemente viven, pasan su vida por ese momento. Cuando ellos ven la fábrica en quiebra, ese es el acercamiento más próximo (y a la vez mínimo) que tienen con su realidad actual. Quizá no se ponen a reflexionar sobre eso que ven, lo que sí les pasa es sentir el dolor, algo así… como vivir y presenciar esa decadencia.

¿Filmaste por Morón, no?. Como decías, esa es tu zona de referencia vivencial
Si, está entre Haedo y Morón. Yo nací en Haedo. Estábamos por rodar algunas escenas en Caseros, las referidas a los trenes de carga; allí se juntan todos. Finalmente por cuestiones de producción, las resolvimos en Haedo mismo, en la vía muerta.

La película pasó por varios festivales, ¿cómo te sentís cuando la gente la ve?, ¿cómo creés que la toma el público?
Es una película para reflexionar, no es pochoclera. En el Festival de Rotterdam, que es donde se estrenó oficialmente, era como una prueba. Esto que trato en la película es algo muy local y quería ver cómo podía repercutir ahí en la otra punta del mundo. La recepción fue buena porque reconocieron esto de la crisis social con la crisis individual de la vida de una persona, que es el paso de la infancia a la adolescencia. Se engancharon con los personajes y las problemáticas. La verdad es que funcionó. Algo que me decían es que ellos no vieron a la Buenos Aires que ellos conocen; el obelisco, como todos dicen que la ciudad es, etc. Entonces retratar un Buenos Aires de la periferia les parecía novedoso y raro, más conectado con el subdesarrollo. En ese sentido se sorprendieron de la otra cara de la ciudad. Un turista no va a ir a ver una fábrica abandonada en Morón, sino que recorre lo más famoso y vistoso de Buenos Aires. Eso es lo que les pasaba.

Después a nivel local, la generación nuestra, es decir, las personas que ahora tienen entre 25, 35 y 40, son las que más se identifican con la película, porque justamente vivieron esa década con la misma edad de los personajes. Una chica se acercó en el Festival de Mar del Plata para decirme que le había pasado exactamente lo mismo que la película. Recibí todo tipo de comentarios.

¿Qué le dirías a la gente que aun no vio A La Cantábrica?
Yo creo que puede despertar algo. Quizá en algún aspecto, te hace ver o recordar algo que tiene que ver con el ahora también. Yo la veo muy actual. Si bien transcurre a fines de los ’90, más precisamente 1997, la época de Menem; la veo muy de ahora. Es muy loco además que se estrene justamente ahora en el contexto de las elecciones. Creo además que construye memoria, madurez; en algún punto trata de buscar algo que nadie quiere ver, se mete en un lugar donde nadie quiere ver porque en general molesta hablar de ciertas cosas. La fábrica ahora se recuperó. Si me preguntás fechas no recuerdo, pero durante los últimos diez años se hicieron más fábricas allí. Se reactivó.

¿Cómo fue el casting para esta película con estos actores tan diferentes entre sí?
Hicimos algún intento de casting pero no funcionó, no nos gustó nadie. Sí algunos estuvieron participando de algunas escenas, por ejemplo, las del aula o como amigos de los personajes. La realidad es que a los protagonistas los conocimos yendo a Bragado; la peli se hizo allí en parte. Algunas escenas se hicieron en Haedo, como dije, pero la mayor parte de la película se hizo a 300 km de Buenos Aires. A los chicos los conocimos allá, tanto por amigos de amigos de amigos como caminando y charlando. Fue bastante natural.

Contame sobre Destiempo, un corto tuyo que, tengo entendido, aun está en etapa de pre-producción
(Risas). Existe. En realidad es algo de muchos años atrás pero no es algo que me identifique mucho en este momento. Viste que uno va pasando por etapas, ¿no?. Creo que quizá no es el corto que más me identifique. Hice otros. Karma se llama uno. Soy budista entonces quise hacer algo referido a eso. Tiene que ver con las catástrofes naturales. Ese sí puedo decir que es el corto que más me representa. Con respecto a Destiempo, prefiero no hablar mucho.

¿Qué otro planes en cine tenés?
Estoy desarrollando una peli a través del Raymundo Gleyzer, un concurso del INCAA. Estoy a full con ese proyecto. Es muy nuevo todo y a veces prefiero guardarme algunos detalles, pero la película se llama Los descalzos y es de ficción. Busca reflexionar acerca de la identidad sudamericana.

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