Ximena Brennan
24/07/2013 15:26

Acróbata y cineasta, Lucas Martelli es el responsable de Sólo para payasos (2013), documental que se estrena este jueves en el Cine Gaumont con fuerte presencia y apoyo de la comunidad “payasa”. En una charla exclusiva con EscribiendoCine, el director nos habla sobre cómo combina sus dos pasiones, sobre el particular rodaje de la película y de su interés constante en retratar vivencias personales de su profesión.

Sólo para payasos

(2013)

Sos acróbata y a la vez realizador de cine, ¿en qué momento decidiste dedicarte a lo audiovisual?
Creo que como payaso soy muy caradura. He hecho cosas que podrían calificarse como del mundo de los payasos. Mi entrenamiento, mi laburo dentro del circo fue de acróbata. Formo parte de un circo muy abierto, el circo de hoy en día; hacer producción para eventos. Yo soy más cirquero que cineasta. Estudié cine antes de hacer todo esto. En los ‘90 ya había laburado con gente copada, por ejemplo con Fernando "Pino" Solanas. Tenía muy buena relación pero del cine solo no iba a vivir. Cuando hice mis primeras experiencias con cine documental ya estaba formando también el Grupo de Boedo Films. Por esos años ellos empezaron a hacer documentales sociales. En plena época menemista hicimos documentales acerca de las cosas que estaban pasando y no salían en ningún lado. Esto sólo lo veían los grupos que militaban o aquellos afectados por este tipo de cosas. Entré en la cuenta de que de eso no se vive y entré en conflicto con qué iba a hacer. El documental me gusta, me parece fantástica la experiencia de hacerlo. En un viaje conocí a un grupo de “trashumantes” (teatro callejero). Era un barco de la Secretaría de Cultura que iba desde Paraná hasta el Paraguay con espectáculos de muchos tipos. Me hice muy amigo de esa gente, me encantaba lo que hacían. Hacían lo que se les daba la gana en plena época neoliberal, decían lo que pensaban, vivían por fuera de ciertas estructuras.

Fue primero el cine, después el circo, que se convirtió lentamente en mi forma de vida. Hacíamos producciones y nos iba bien. No había tanta gente que lo hiciera.

Lo que vi y viví en ese momento, esos personajes que conocí y las diferentes variantes que surgieron post-dictadura. Eso quise reflejar en la película. Hubo un destape, un cambio. Este cambio en la Argentina se veía con los payasos. Hubo una corriente que venía desde Europa, principalmente de Francia. Después estaban los callejeros que tomaban la calle aun con resabios de la dictadura y los aparatos represivos. Después estaban los payasos tradicionales que vienen subsistiendo de la tradición del circo criollo y que se convirtieron en los grandes maestros. Cada una de esas vertientes empezó a desarrollarse de forma única.

Los personajes de tu documental parecen muy reales; digamos, no parecen construidos, sino más bien como que ya son así.
Me pasó con “Petarda” (Cristina Martí) que no la conocía y la llamé. Es payasa del Club del Clown y quería buscar a alguien que representara esa línea y no caer en uno de los payasos que siempre aparecen. Llamé a un par de chicos del Club. Ella no me conocía directamente pero conocía a muchos payasos que yo conozco. Le gustó el proyecto de la película. Es una de las pocas que no aparece maquillada.

Ocurrió también que hubo propuestas de payasos arquetípicos, como yo los llamo. Dentro de esa taxonomía no enciclopédica de payasos, armé algo con el concepto de “el payaso que tenemos todos adentro”. Busqué payasos que ya lo tuvieran naturalmente. Los payasos no interpretan, no son actores, son así ellos. A su vez, ningún payaso es igual a otro; todos tienen personalidades fuertísimas, por ejemplo el payaso Anarquista. En algunas ocasiones sí les pedí que tomaran roles.

Eso es lo que tiene la película. Parece que está todo armado y no tengo producción. Todo el tiempo es lo que ellos de verdad tienen y son. Quizá lo único que les pedí es algún que otro detalle, lo mínimo, pero no había preparación alguna. Es un reflejo de lo que realmente pasa. En la convención de circo, son todos los artistas que hacen ese evento. No es que viene una productora y te lo arma. Son artistas que voluntariamente, por amor a lo que hacen, se suman de a cientos. Hay un espíritu de trabajo fantástico.

Contame de la decisión de mostrarte vos mismo con tu cámara a la hora de rodar
Para mi esto era una parodia de todas esas cosas de Discovery Channel en las que el realizador se mostraba cuando se tiraba a buscar tiburones. Yo me tiré a buscar payasos. Me parecía gracioso llegar al personaje que habla con voz profunda diciendo “Voy a buscar esto”. Y por otro lado es verdad. Yo me considero un infiltrado en el mundo de los payasos. Yo vengo del mundo del cine, me metí en el mundo de ellos, me vestí como uno de ellos y estuve 17 años infiltrado para poder registrar esta película. Un trabajo de campo muy largo.

¿Cómo fue el rodaje?, ¿hay alguna anécdota que quieras resaltar?
Hubo algunas cosas que sí esperaba pero que son raras para un director. Todos los acróbatas hacemos cosas raras. Un director que se cuelga arriba de una carpa para poner una soga… cosas por el estilo. También subí montañas para buscar paisajes y locaciones y ahí hicimos las tomas. También nos sumergimos para hacer las tomas submarinas de la película. Pero una de las cosas que más me sorprendió fue la convocatoria de internet. Como ésta es una película de payasos hecha por payasos también pedimos colaboración de unidades de grabación de todo el mundo. Lanzamos una convocatoria como si fuera un concurso que se titulaba “Hágalo usted mismo… si este gil no me graba lo hago yo”. Ese pedido tuvo efecto y tenemos tomas que nos mandó gente que conozco que ha viajado pero otra que ni idea. Tenemos tomas del Amazonas, la Isla de Pascua, de Valencia, Barcelona, Italia, Nepal, México, todas estas producidas y filmadas por payasos. Estas imágenes están en la película tal cual nos fueron enviadas.

¿Cómo complementás ambas profesiones?
(Se ríe). En un momento yo daba clases en un lugar. Y cuando yo llegaba les decía a mis alumnos “Tarde o temprano se van a enterar de que hago cosas muy raras. Sépanlo. No tiene nada que ver con lo que voy a dar en la clase”.

Con el documental seguí un poco atado por medio del Grupo Boedo y yo soy el director de fotografía y la cámara de gran parte de los documentales que ellos hicieron. Era un hobby, mi vida seguía siendo el circo. Hoy en día que estoy grande y viejo y hace dos años que dejé de entrenar, es como un cierre de una etapa. El documental también sirve como eso. Sigo ligado al mundo del circo porque trabajo en otros lugares, en eventos y producciones que tiene que ver con eso, pero cada vez más estoy volviendo a hacer cine.

¿Qué otros proyectos tenés en mente?
Con Grupo Boedo, que tiene una línea mucho más social, estrenamos hace poco La historia invisible (2012) que tiene que ver con el genocidio mapuche.

Por otro lado, ahora estoy laburando con Gabriela Jaime en La construcción del enemigo. Así muchísimas cosas más. Estoy en constante movimiento.

Estoy ahora más focalizado igual en Sólo para payasos, que espero que sea un éxito rutilante y que me permita además acceder a presupuestos un poco más grandes como para seguir haciendo cosas.

¿Nunca se te dio por hacer ficción?
Me encanta, si. Tengo varios guiones escritos. El más grande por ejemplo, el que necesitaría una segunda vía, es La revolución de Mayo, que está basado en una novela de mi viejo que se llama French y Beruti, los patoteros de la patria, que toma el rol de estos dos personajes y cuenta desde las invasiones inglesas a la revolución… todo ese camino. No se por qué no se ha hecho algo así. La Revolución de Mayo no fue tocada y es interesantísima. Y tiene que ver mucho con una historia que fue contada de una manera muy diferente. El rol de las milicias populares, el Cabildo Abierto, la independencia, el gauchaje. Si pensara en hacer Revolución lo haría pensando en El Zorro de Antonio Banderas… ese nivel. Me gustaría ver cosas que no están ni veo en ningún lado. Pero esto por ahora está fuera de mi rango de posibilidades, igualmente tengo otros proyectos.

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