Jimena Díaz Pérez
10/07/2013 14:08

Diana Rutkus y Andrés Habegger son los directores y guionistas del film documental Cirquera (2012), que se presentará desde el jueves 11 de julio en las Salas Gaumont y La Máscara (CABA). “Hace 10 o 15 años comencé a estar más activa en relación al tema de recolectar información; ya tenía muchas fotos de familia y afiches, pero quería cerrar un poco la idea. Entonces en 2009 realicé la muestra fotográfica Familias de circo, y a partir de ese momento empezaron a surgir otras necesidades”, cuenta Rutkus, quien vivió hasta los 5 años en el circo en el que trabajaban sus padres. Y fue precisamente la necesidad de reconstruir su historia la que la impulsó a realizar Cirquera junto a su amigo Andrés Habegger.

Cirquera

(2012)

“A partir de esa muestra empezó a surgir la idea de hacer un documental, más que nada, porque para mí era una historia que tenía impregnada de mi infancia, de haber ido al circo en los ´70 y tener un lindo recuerdo. Pero también porque era un material básicamente en extinción, en el sentido de que ese circo que yo había vivido estaba en vías de desaparición tal cual yo lo conocí, por lo menos en tanto su masividad”, explica Andrés Habegger en diálogo con EscribiendoCine. Y resume: “Cirquera es una historia familiar con fondo de circo. Porque en realidad es la historia de una familia que en el fondo en vez de tener un jardín, una fuente y un árbol, tiene carpas, jaulas y animales. Esa era la perspectiva más interesante para contar la película: desde adentro”.

La mayoría de los protagonistas son familiares de Diana Rutkus. ¿Cómo es trabajar con personas que no se dedican a la actuación?
Andrés Habegger: Como director y documentalista me encanta trabajar con personas que se transforman en personajes en las películas. Me gusta vivir el proceso desde el comienzo, cuando sienten cierta extrañeza con los equipos y la cámara, hasta que se van olvidando de nuestra presencia. Lo que para mí es interesante es que uno va con una idea y después está la realidad y lo que sucede. Una de las cosas que resume eso es lo que pasó con la mamá de Diana porque, al revés de lo que pasa con muchos de los personajes con los que uno está un largo tiempo filmando, ella no se olvidaba de nosotros y siempre que la registraba la cámara saludaba como si la cámara fueran todos esos ojos que la miraban en los espectáculos. Y si bien al principio existía la idea de no evidenciar la presencia de la cámara, en un momento dado decidí incorporar eso como el juego de su personaje.

Diana, ¿tuviste que convencer a tus padres para que participaran?
No. Creo que al haber sido parte de una actividad que de alguna manera los exponía, estaban preparados. Cuando se los propuse no tuvieron problema y fue muy natural. En lo personal, fue fuerte el haberme encontrado en el transcurso de lo que duró el rodaje con el avance de la enfermedad de mi mamá, porque a medida que íbamos trabajando con el documental ella iba perdiendo la memoria. De alguna manera fue un descubrimiento que, sin quererlo, terminé haciendo: vos me contaste, entonces ahora te lo cuento yo a vos.

¿Cómo vivieron el proceso de co-dirección?
Diana Rutkus: Me pareció muy interesante todo lo que hicimos. Andrés tiene mucha experiencia, y el permitirme la co-dirección tiene que ver con un costado súper humilde porque no tuvo problema en compartir un rol, sobre todo para que yo estuviera tranquila en cuanto a que las decisiones no las iba a tomar solo. Básicamente, como yo estaba también como protagonista, la dirección estaba más puesta en él. Yo lo viví como un acompañamiento. Las decisiones técnicas y de guión las debatimos y charlamos, pero no tuvimos conflictos.

AH: Para mí fue la primera experiencia de co-dirección. Y fue buena porque encontramos un equilibrio: yo me centré mucho más en la narrativa y en pensar la estructura, y Diana venía con un vínculo muy fuerte con todos los personajes de la película. Nos complementamos en ese sentido. Ella confiaba mucho en lo que yo me hacía cargo y yo en lo que ella traía.

Andrés, ¿encontraste diferencias o similitudes entre Cirquera y tus anteriores documentales?
Tiene marcas muy diferenciadas y muchos puntos en común. Porque en definitiva creo que Cirquera, por más que se sitúa dentro de un universo artístico, en realidad tiene que ver con las formas de la memoria. Filmar Cirquera era una manera de dejar huella de eso que se está extinguiendo, un rastro de aquello que está dejando de ser. Los rastros están en la memoria, pero en la medida en que los personajes envejecen hay algunas de esas cosas que se están perdiendo.

El film se proyectó en la Asociación de Directores y Productores de Cine Documental Independiente de Argentina (ADN), en el Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales de Rosario y en Pantalla Pinamar. ¿Cuál fue la respuesta del público?
DR: La devolución de la gente que la vio fue súper interesante. En general las personas mayores de 40 años son las que más se identifican porque vieron algún circo en su pueblo o ciudad. Y es muy lindo cuando se acercan y te dicen: yo estuve en tal lado y había un circo parecido al que vos contás. Cada vez que la proyectamos es muy interesante.

AH: Fue una linda experiencia porque con Cirquera se produce una reacción generacional distinta. Inevitablemente, a la gente que vivió esa época del circo le despierta su experiencia como espectadores. Y a las generaciones menores les provoca curiosidad porque no llegaron a vivir el circo como fenómeno. La respuesta fue muy agradable. Además, al tener personajes cercanos que generan bastante empatía se producen cercanías que tienen que ver, por un lado, con el universo del circo y, por otro, con las relaciones familiares y lo que los padres esperan de los hijos y lo que los hijos reconocen de los padres.

¿Y cómo se preparan para el estreno del jueves?
DR: La idea es que vaya la mayor cantidad de gente posible porque las personas que vieron tanto la muestra como la película, se quedaron con ganas de más. Me doy cuenta que está bueno lo que pasa, que es necesario que la vea otra gente, que circule. Es por eso que mi intención es que también se vea en otros ámbitos, como por ejemplo, escuelas secundarias o carpas de circo.

AH: Con mucha expectativa, porque a una de las muestras que hicimos fueron a verla los protagonistas y la gente vinculada al circo, y ellos lo vivieron como un reconocimiento tardío, como volver a tener el aplauso que perdieron. La única vez que los padres de Diana fueron a la proyección fue muy emotivo porque sintieron que era una forma de recuperar el aplauso que habían tenido en algo que invirtieron tiempo y energía. Es muy atractivo sentir que con un gesto fílmico uno les devuelve algo a las personas que participaron de la película, aunque no fue realizada con ese objetivo puntual. Además, me parece que es un tema poco abordado por el cine en general y por el documental en particular. Es una película amena y tierna.

Diana, si bien Cirquera fue tu primer acercamiento al cine, ¿tenés pensado realizar otros documentales?
En principio no lo tengo pensado porque aún tengo inconclusos diversos temas referidos al circo. Mi intención al comenzar con el documental no fue convertirme en documentalista sino contar esta historia. Pero después veremos, quizás surge otra cosa.

¿Cuáles son tus próximos proyectos Andrés?
Se llama El imposible olvido. Tiene que ver con parte de mi historia personal porque mi padre desapareció en 1978 en Brasil, en el marco de lo que fue el Plan Cóndor, y yo empecé a escribir un diario infantil dos meses antes de que él desapareciera. Ese diario quedó inconcluso, no seguí escribiendo, entonces el proyecto tiene que ver con poder terminar hoy de escribir ese diario. Se trata de una idea narrada en primera persona sobre su historia, pero tiene mucho más que ver con mis recuerdos y mi propia historia. Realicé bastantes documentales que están relacionados con la memoria, y en el último tiempo me di cuenta que tengo muchos olvidos, entonces este proyecto tiene que ver con poder hacer un viaje a ese lugar en la cabeza donde residen las cosas olvidadas.

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