Ximena Brennan
17/06/2013 18:03

La pasión de Michelangelo (2012) es el fruto de la mirada del director chileno Esteban Larraín sobre el controvertido caso de Migue Ángel, un visionario de Peñablanca que dice ver y hablar con la mismísima Virgen. En diálogo con EscribiendoCine, Larraín nos cuenta cómo descubrió este caso y qué lo inspiró para llegar a filmar esta ficción que llega a los cines este jueves 20 de junio y que traza una línea muy fina entre la fe y la realidad.

La pasión de Michelangelo

(2012)

¿Por qué te interesaste en contar esta historia?, ¿qué te tocó de ella para llegar a filmarla?
La idea surgió a mediados del 2007 cuando veía un canal de televisión chileno por internet desde París, donde me encontraba trabajando en la post-producción de mi última película Alicia en el País (2008). Se trataba de un programa que repasaba los casos más recordados de los años 80 usando abundante material de archivo. Y si bien conocía a grandes rasgos la historia de Miguel Ángel, fue la primera vez que me di cuenta de lo fascinante que sería solo imaginar hacer una película sobre este famoso vidente: los milagros, las multitudes, la arista política, el fanatismo… Todo se me imaginaba como el caso del film perfecto que nunca se podría realizar dado lo costoso y complejo que significaría producirlo, sobre todo en Chile donde los costos promedio de un film independiente no pasan los US$ 200.000. A nivel de contenido, hubo varios aspectos de la historia que me interesaron: está el tema la búsqueda de identidad lo que lleva al travestismo social simbolizado en la transformación de Miguel Ángel; la religión como herramienta de manipulación y control social; el fanatismo religioso como resultado de esta necesidad de salvación tan propia de la herencia colonialista española.

¿Cómo fue la propuesta de la idea a Patricio Contreras?
Patricio Contreras estuvo encabezando la “oncena ideal” desde que inició del proyecto. Hay muy pocos actores cómo él y su personaje constituye la base a partir de la cual se perfila todo el film. La exigencia actoral era muy alta; su personaje, el Padre Ruiz-Tagle, es una persona creyente pero a la vez erudita cuyo propio cartesianismo y la cruda realidad que vive día a día, se enfrenta a la versión más espuria de la religión: el fanatismo. Pero al mismo tiempo, este fenómeno popular al que asiste le ofrece pruebas al parecer irrefutables de la existencia de algo milagroso. El rostro de Dios que durante años buscó en el rostro de los más necesitados, se le aparece ahora en este muchacho ladino y mentiroso.

¿Buscaste que el espectador debata consigo mismo sobre su fe de alguna manera?
Pienso que en el fondo esta es una película que reflexiona sobre la fe y cuán personal y por ende válida es como parte de la condición humana. Y no sólo hablo de la fe en un sentido religioso, si no la fe entendida como una convicción que no necesita pruebas y que por consecuencia hace parte de nuestra vida de forma cotidiana. La fe y sus versiones seculares como la convicción, la confianza, más que conceptos etéreos, son ideas que generan realidad de forma muy poderosa; han impulsado las más grandes empresas y sostenido por siglos las más antiguas religiones.

Las temáticas de tu cine giran en torno a lo social y político, que aquí hay bastante, pero además siempre te interesó retratar personajes femeninos... ¿por qué ahora acudís a Miguel Ángel?
Es verdad, y por ahí hay una continuación porque Miguel Ángel, en su propia demencia religiosa, se cree transformado en mujer justamente por la Virgen María. A diferencia del resto de mis documentales y películas, La pasión de Michelangelo fue inspirada primero por la forma y luego por el fondo. Vale decir que lo que me fascinó desde el inicio fue la extravagancia de la historia y su inmenso potencial cinematográfico. Ya en un segundo término, vino el proceso de mastique del fondo de la historia, qué significaba y de qué forma podía abordarla. Así que en este caso, creo que si se hubiese tratado de una chica en vez de un chico, no hubiera sido para mí muy diferente.

¿Se puede decir que hacés una mirada crítica o pesimista hacia tu país?
Quizás es una mezcla de nostalgia y crítica. Nostalgia de esa época en que todos éramos más ingenuos y nos comprometíamos con honestidad en aventuras sean espirituales o políticas, con menos cinismo. Y crítica por que al fin y al cabo la manipulación y los métodos de control social son prácticas que no han desaparecido y por el contrario sólo se han perfeccionado.

La pasión de Michelangelo está basada en un hecho real, pero ¿qué elementos le agregaste vos desde tu mirada de director?
Una de las ventajas de escribir el guión de esta película es que se inspira en un hecho real sobre el cual existen muchas versiones. Obviamente durante el proceso de investigación pudimos determinar con bastante certeza cuáles eran los límites de verosimilitud de todas esas versiones, como para saber cuánto nos alejábamos de esta supuesta "realidad". El hecho es que me sentí en total libertad de darle a la historia mi propia visión, la que noveliza mucho lo que popularmente se sabe de Miguel Ángel y de lo que sucedió en Peñablanca. Básicamente traté de mandar el tema político hacia atrás y traer adelante el enigma de la fe, sobre la base de una estructura similar de The Wicker Man (1973), vale decir una especie de thriller de investigación en una comunidad tomada por estas supuestas apariciones divinas.

¿Cómo fue trabajar con un tema así en tu país?, ¿con qué impedimentos te encontraste?
La verdad es que fue mucho más sencillo de lo que esperábamos. Por ejemplo, en un principio di por hecho de que sería imposible filmar en los mismos lugares donde se dio el fenómeno real por lo polémico del tema, entonces buscamos locaciones en otras ciudades. Pero una de nuestra s actrices, que era de Villa Alemana, la ciudad de Miguel Ángel, habló con diversa gente y vio que había una excelente disposición a acoger el rodaje. Con mucha anticipación fuimos entonces a reunirnos con juntas de vecinos y otras agrupaciones ya que nuestra intención era que ellos mismos interpretaran a los seguidores de Miguel Ángel como extras. Les contamos la historia del guión y se dieron cuenta de que nuestra visión no era una visión paternalista ni burlesca; y rápido logramos un acuerdo para rodar la película en las mismas locaciones reales. Eso es una muestra de que el país ha madurado muy rápido respecto al tema del catolicismo, quizás influido también por la ola de casos de pedofilia que ha sacudido a la Iglesia en el mundo. De alguna forma la religión ha sido bajada del altar.

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