Santiago Berisso
05/06/2013 18:11

Luego de obtener el premio a Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en 2012, Hermanos de sangre (2012)  llega el jueves 6 de junio a las salas, catorce más precisamente, para introducirnos a una historia tan oscura como agradable. Alejandro Parrilla, Sergio Boris, Juan Palomino y Jimena Anganuzzi integran, entre otros, el elenco del film dirigido por Daniel de la Vega. El director argentino se aleja, al menos por ahora, del terror puro que lo caracteriza, para hermanar a dos hombres de una manera muy particular.

Hermanos de sangre

(2012)

Daniel de la Vega profundiza, en diálogo exclusivo con EscribiendoCine, acerca de su última creación y nos habla sobre un presente que lo encuentra como un realizador que hace películas en su país, aquello en lo que siempre quiso convertirse.

¿Qué es lo que hizo que incursionaras en un terreno nuevo para vos como es la comedia negra?
Si me acerqué a esta historia es porque como comedia no es luminosa. Tiene un punto de oscuridad muy importante y creo que yo me podía acercar a esa oscuridad desde el cine de género que conozco, desde el terror. Como la película transita muchos géneros: empieza como una comedia luminosa, deviene al thriller y la comedia negra, y llega finalmente al policial de acción, sentí que había una cantidad de registros que me parece muy atractiva. Fundamentalmente, es una película atípica, no podíamos caratularla. A su vez, para muchos esto significa un defecto. Hay gente que cuando leía el guión, no lo comprendía, se preguntaba qué clase de película es. Si querés, hay una conexión con el cine de Quentin Tarantino, por esa multiplicidad de géneros, en la que, obviamente, hay que saber manejar los registros para que no sea un pastiche. Salimos mínimamente indemnes.

Hay que ser honesto. Tengo que decir que, también, elegí esta película porque estoy a dieta. Tengo una trayectoria impecable de obeso de treinta y cinco años. Las vicisitudes de un obeso despreciado las conozco. Yo quería ser mejor de lo que era, y entender que tenía el potencial de mejorar me llevó un trayecto de muchos años. Siempre fui un gordito muy simpático que habla muy rápido y es agradable, pero en el que nadie quería poner un mango. Entonces, en un punto, había cosas que yo podía comprender de este guión y que podía hacerlas mías.

¿Crees que filmaste la película que toda persona alguna vez oprimida por su entorno quiso haber protagonizado?
Filmé la película que yo hubiese querido filmar. Transité ese camino de cambio que, de alguna manera, también vive Matías Timm, el personaje interpretado por Alejandro Parrilla. Es una historia de aprendizaje, porque sé que yo también pasé por el proceso de convertirme en alguien que siempre quise ser. Siempre quise ser director de cine, hice el tipo de películas que quise. De hecho, yo era sapo de otro pozo porque quería hacer películas de género en Argentina y no podía, y la realidad es que cuando apareció el dinero fue de parte de los yanquis. Esta es mi primera película en castellano, así que es la realización que me saca del lugar de “sapo de otro pozo”. No se trató de una elección, no tuve esa opción. Ahora puedo hacerlo, y mis próximas películas van a ser en mi propio idioma y esto marca el momento en que empiezo a convertirme en aquello que quería ser, que es hacer películas en Argentina.

¿Lo autobiográfico está presente de una manera más subrepticia, sutil o pensás que el film es un explícito manifiesto de un pensamiento propio?
Lo único que sé es que hay momentos míos, formales, por mis obsesiones, ya que las conozco. Son momentos en que sé que estoy ahí presente. De hecho, cuando planteé la película, pensaba que por todos los medios, al ser una comedia, tenía que lograr que mi ego desapareciera, que mi presencia no se notara, que la cámara fuera invisible y que los actores tomaran la escena y la hicieran suya. No obstante, por algún motivo, naturalmente ocurrió que la cámara empezó a tomar protagonismo, al igual que el montaje, el sonido. De pronto, la dirección se volvió presente. No fue el objetivo, sino que fue algo natural y orgánico que surgió.

¿Qué papel considerás que cumple el humor en Hermanos de sangre? ¿Qué querías comunicar a través de éste?
Te podría decir que soy un genio, que la tengo absolutamente clara, que la tengo atada, que tengo claro desde el inicio hasta que termino qué estoy haciendo. Eso que te lo diga Brian De Palma, yo no te lo puedo decir. Lo que sé es que hago las películas como puedo, las voy construyendo plano a plano. Lo que te estoy tratando de decir es que la película la voy haciendo. Por supuesto que tengo una idea de hacia dónde voy, pero no tengo la más remota idea de sobre lo que le va a pasar a la gente. De todos modos, acá el humor no está para descontracturar. Es una película intensa en la que los momentos de relief siempre están dentro de un marco de oscuridad. El paraguas de la comedia es muy útil en la historia, ya que moralmente hablando, la obra podría ser tan digerible como cuestionable, sin embargo a vos no te importa porque estás a favor del gordito que sufre y al que querés que le vaya bien. La comedia te permite amalgamar todo este horror que atraviesan los personajes.

¿Hermanos de sangre significa puramente una experiencia aislada dentro de una carrera que te vincula claramente con el terror?
La verdad es que no. De hecho, con los mismos autores (Nicanor Loreti, Martín Blousson y Lautaro Churruarín) empezamos a pergeñar la idea de hacer otra película en conjunto. Yo escribo mis guiones, también, pero ellos tienen un universo que yo no tengo. Pueden llevar historias a donde yo no voy, de la misma manera que voy a lugares que ellos no visitan. Y me parece que la combinación en esta película funcionó muy bien. Empezamos a fantasear con Hermanos de Sangre 2. Imaginate, si la película es un éxito, es probable que exista.

En otra oportunidad sostuviste: “No sé si es una buena o mala película. Sí sé que tiene algo para contar y que lo cuenta de la mejor manera, como yo puedo hacerlo” ¿Es esencial ser genuino a la hora de encarar una historia?
Pienso que sí. Creo que esta película es honesta, en el sentido de que hice la película que pude hacer con la plata que tenía. No tener recursos, el ser una película muy pobre financieramente hablando, me dio mucha libertad y eso es algo invaluable. Recuerdo que en La sombra de Jennifer (Jennifer’s shadow, 2004) trabajamos con tantas presiones, tantos problemas y limitaciones que era un quilombo. Teníamos al enemigo del otro lado del equipo, contábamos con gente que no nos ayudaba y, justamente, teníamos muchos recursos. El dinero fue una limitación, más que cualquier otra cosa. En cambio, en la producción de Hermanos de sangre no tuvimos un mango, pero contamos con un equipo voluntarioso que deseaba que la película llegue a la gente y le guste. No alcanza con la plata para hacer que un equipo tenga ganas de trabajar con vos.

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