Ximena Brennan
09/05/2013 13:43

Paisaje (2013) es el primer cortometraje que el joven director Matías Umpiérrez presentó en el 15 BAFICI en la Competencia de Cortos y próximamente en el Short Film Corner del Festival de Cannes. En diálogo exclusivo con EscribiendoCine, el además actor y director de teatro nos cuenta el enfoque espiritual y estético de un film tan trágico como visceral.

Secuestro y Muerte

(2010)
8.0

En tu corto no hay demasiados planos generales que den cuenta del paisaje aunque sí está claro el contacto de la protagonista con la naturaleza, ¿por qué el título?
En realidad es un poco el paisaje de la tragedia de esta mujer. Hay una especie de accidente y esto que se desencadena de alguna manera muestra cómo es el más allá luego de eso justamente, que es el no saber. Es una cuestión también de conectarse con la tierra. Es una mujer que vive en una zona medio selvática y que luego de esa tragedia comienza a hacer un viaje completamente interno que la lleva a la profundidad más grande de su ser. Es una conexión bastante ancestral al igual que cualquiera de los seres humanos tiene con respecto a la muerte. Los cuerpos se meten en la tierra y a la vez, durante todo el cortometraje hay una cantidad de signos que tienen que ver con todos los elementos: el fuego, el agua, la tierra, el aire que propaga el humo de ese fuego trágico, y por otro lado también aparecen las cortezas, las raíces, que son como el mundo donde ella decide enterrarse y sumergirse finalmente en la profundidad. Cuando yo escribo la sinopsis siempre me pregunto esto constantemente, además por venir del teatro, donde la tragedia siempre ocupa un lugar central, aunque sea el estudio de la tragedia que es pura acción dramática. Me pregunto qué hay después de la tragedia, entonces el paisaje justamente muestra eso, qué hay después de la tragedia de esta mujer.

Parecería que rodaste por una zona bastante alejada de la gente y de las viviendas…
Si, es Tigre y es en una zona bastante metida adentro de El Paraná. Yo quería sacarle un poco la identidad esa de las casas de Tigre, todo eso que lo identifica. Es una chica humilde que vive en una zona selvática y nosotros trabajamos ahí, un lugar super agresivo con respecto a que esa zona no está pensada para que entre ningún ser humano. El cortometraje está sostenido por una especie de plano secuencia que tiene como distintas tomas o recortes, pero es un plano secuencia desde el rodaje. Para nosotros hacer cada uno de los pasajes de este corto significaba hacerlo del principio al fin, y lo hicimos muchísimas veces durante dos días. Esto ayudaba a que la actriz pudiera entrar en ese estado hacia el final y está Fernando Lockett, que hizo la cámara con un trabajo bastante complicado. Cada vez él se va metiendo más en el pantano, y eso para una cámara es muy difícil, con riesgo de que te hundas, etc. Por momentos no nos podíamos mover dentro del agua pero se hizo y la verdad que es una experiencia muy linda para cualquiera de los que estuvimos allí y a la vez va bastante al filo. Eso era lo que queríamos interpretar con respecto al mundo de una persona que pierde todo lo que quiere.

¿De dónde conocés a Agustina Muñoz y cómo decidiste contar con ella para este papel?
Es actriz y a la vez es directora de teatro y también escribe. Nosotros trabajamos juntos para Secuestro y Muerte (2010), la película de Rafael Filipelli. Después ella también tiene una carrera bastante grande en cine porque filmó ya dos películas de Matías Piñeiro, la última película de Santiago Palavecino, otra que hizo ahora con Alejandro Awada en San Luis. Tiene una filmografía bastante amplia y a mí me gustaba mucho lo que pasaba con ella frente a la cámara; me parecía muy interesante probar esto con ella. Definitivamente entiende el teatro y hay algo que yo necesitaba que era que alguien pueda someterse a esa situación incómoda de meterse en un pantano y que no le importara la cantidad de bichos ni ensuciarse con el barro; el rodaje era muy difícil, cada toma significaba hacer todo de nuevo. Ella y todo el equipo me garantizaban cierta calidad frente a mi primera búsqueda en el cine con respecto a la dirección. Yo ya dirigí mucho teatro o video arte, pero nunca había dirigido específicamente cine. Entonces sabía que necesitaba de ellos y ellos me lo hicieron muy fácil.

¿Cómo fue que llegaste a querer retratar la historia de esta mujer, más allá de lo que me decías antes sobre el paisaje interno o espiritual?
Hubo dos cosas. Una tiene que ver con que yo tenía ganas de empezar a construir algunas cosas como director de cine específicamente. Quería probar ese lenguaje y de lo que me di cuenta fue que me parecía interesante empezar trabajando con un cortometraje. Pero el formato del corto siempre me costó porque siento que se le pide cierta eficacia con respecto al relato; que comience, madure y cierre de una manera contundente a lo largo de 10 o 12 minutos. Entonces esto empuja a que una persona entienda una historia y la pueda cerrar en menos de 15 minutos y para mi eso era como un reto.

Durante mucho tiempo pensé qué era lo que quería hacer en cuanto al formato, y mi primera idea era generar una sensación en el espectador. Como que vea y sienta, y se quede con ese algo que a la vez va procesando un tiempo después de ver el corto. A mi me gusta mucho trabajar con signos que yo los instalo para que cualquier persona que los vea se fije qué de todo eso puede agarrar. Y también que se tenga absoluta libertad de tomar lo que siente y de quedarse con una mínima sensación al respecto. Mi tesis con respecto a por qué quería probar con todo esto era eso.

Por otro lado, esta historia de una mujer que lo pierde todo a mí me remite a que las mejores para representar ese mundo son las mujeres; como la mujer frente a la sociedad. Tengo cierto estudio sobre eso y ya hace mucho tiempo que todas mis obras piensan a la mujer en distintas estructuras psicológicas frente a la sociedad o frente a cómo la sociedad las ubica. Ella en el corto es una especie de madre coraje, es como que está defendiendo algo que el destino se lo llevó y a la vez no queda muy claro si fue ella la que hizo que todo eso sea así. Yo ahí dejo libertad absoluta para que el espectador reconstruya toda esta historia a modo de rompecabezas.

Hay artistas como yo que prueban con lo que les obsesiona en distintos lenguajes y por eso fue que me acerqué al cine, no sólo por ser director de cine. Yo busco cosas dentro de distintas disciplinas. 

¿Cómo recibiste la noticia de la convocatoria para el Festival de Cannes?
Cuando terminamos el corto y lo vimos y demás yo estaba feliz de la vida y no sabía demasiado qué hacer con eso. Uno nunca sabe cuál va a ser la vida de un cortometraje. Y lo primero que hicimos fue acercarlo al BAFICI, que es un espacio que a mí siempre me gustó mucho. Para ese entonces también nos sugirieron que lo enviemos a Cannes y para mi fue una sorpresa increíble porque yo la verdad es que ya con el BAFICI estaba super feliz, y de pronto Cannes que es como el lugar que todos soñamos en un punto. Estar en ese lugar de reconocimiento fue muy lindo y además poder mostrarlo y que otra gente también pueda acercarse a él, y a su vez que otros programadores puedan mostrarlo en sus países. Cannes es como una de las grandes cocinas de la industria del cine y esto significa no sólo que lo vea gente allí sino que además pueda expandirse por distintos lugares y a la vez tiene una mirada muy local con respecto a esta figura de la mujer. Me parece muy bueno que esto pueda verse en otras pantallas tan distintas.  

Ya que lo mencionás, contame más sobre cómo te sentiste presentando tu corto en el 15 BAFICI.
El festival en sí implica la conexión de uno con el cine independiente y con la autogestión. Es un festival definitivamente de artistas y eso es lo que más me gusta. No es un festival que impulsa la producción sino que la producción encuentra un lugar en donde distribuirse y para que la gente lo vea, sobre todo la producción independiente. Nos parecía buenísimo estar ahí y nos avisaron que estábamos en la competencia de cortometrajes que fue espectacular.  El día de la presentación me invitaron a decir unas palabras al respecto y yo dije que para mí sinceramente el BAFICI significó un espacio que te da impulso y donde vos te encontrás y hacés lo que te gusta. Yo quería más que nada presentarlo allí porque sentía que era el lugar que más dialogaba con el proyecto en sí. Como porteño estoy muy orgulloso de que exista, entonces para mí fue genial y fue una muy linda la experiencia. Lo vio mucha gente; me llegaron comentarios de un montón de lados.

Sobre tu nuevo proyecto Lo que queda del beso, tu primer guión para cine y además actuás junto a Dario Grandinetti, ¿cómo fue que te convocaron?
La película ya está casi en pre producción y está precalificada; ya está casi todo armado. Para mi es un camino muy largo porque era realmente una película que yo no pensé dirigir, primero porque tengo que probar otros formatos antes de poder dirigir un largometraje, entonces para mi es un proyecto de muchos años que esperé mucho que suceda y también charlando con Alejandro Maci para que pasara. Filmar una película con una estructura importante como esta significa un presupuesto excesivamente grande y para mí significó mucho tiempo de trabajo, y afortunadamente Rolo Azpeitia facilitó todo para que suceda. Supuestamente se filma a fines de agosto y me imagino que se presentará el año que viene. Ahora estamos con las últimas correcciones de guión con Alejandro y esperando que pase. Para mi además es un desafío nuevo porque mi papel es bastante difícil, tengo que probar, ensayar mucho y focalizarme en eso. También estoy con otros proyectos en otras disciplinas. Estoy con un proyecto que se presenta este fin de semana en el Complejo Teatral de Buenos Aires y en el Malba. Estoy en constante movimiento, mi personalidad es así.

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