Juan Pablo Russo
01/05/2013 02:18

Tras dirigir dos cortos sobre el artista Martín Blaszko, el realizador Ignacio Masllorens estrena en el Malba Martín Blaszko III (2011), largometraje presentado oficialmente en el 13 BAFICI que funciona como el fin de la trilogía. “Martín consideraba que el arte guiaba su pensamiento y construyó su vida a partir de esto”, dice el también autor de Hábitat (2013) en una entrevista con EscribiendoCine.<--break->

Martín Blaszko III

(2011)

¿Qué viste en Martín que te llevó a hacer una película sobre él y su obra?
A Martin lo conocí en 2008 gracias a Niko Gulland, una galerista muy cercana a mi familia. Su casa era un lugar increíble y al mismo tiempo muy agradable, llena de obras y libros en español, inglés y alemán. Me cayó bien de entrada su excelente sentido del humor y el deseo constante de discutir sobre arte. Oírlo hablar, o conversar con él, era un estímulo constante.

Como el material registrado ese día fue muy bueno, lo aproveché para armar un cortometraje muy sencillo al que titulé Martín Blaszko. Me gustaba la idea de un film construido únicamente a partir de una simple entrevista.

Desde ese momento, y gracias a que vivo relativamente cerca, comencé a visitar a Martin con regularidad. De una de esas visitas surgió la idea para el segundo corto, en donde él cuenta su vida a partir de varias de sus fotografías en desorden. Para ese momento ya sabía que iba a terminar armando una trilogía sobre Blaszko, y que el tercer y último film tenía que hacerse fuera de su casa, recorriendo la ciudad o viéndolo interactuar con el mundo. Pero al igual que los otros cortometrajes, necesitaba que este también tuviese una restricción formal, por llamarla de algún modo. Entonces descarté lo poco que había filmado inicialmente y comencé todo de nuevo, pero esta vez utilizando siempre el mismo lente (un gran angular) y pensando en hacer tomas extremadamente largas. Ahí comprendí que manteniendo esa búsqueda, este tercer “episodio” podía llegar a convertirse en un largometraje autónomo. Y así fue.

Ya habías retratado a Martín Blaszko en dos cortometrajes. ¿Se podría decir que hay algún tipo de obsesión con este hombre y tu cine?
Yo conocí a Martin en un momento en que no tenía muy en claro que tipo de proyecto encarar y vi en él a un gran personaje para un documental. Pero en vez de realizar un único film, ambicioso y lleno de recursos, opté por ir haciendo diversos retratos, más simples y sobrios. Me gusta ese cine que se hace con la menor cantidad de elementos posibles.

¿Sentís que la película puede hacer más conocida su obra?
Espero que sí. Martin falleció en agosto del 2011, pero hoy sus hijas continúan trabajando en la difusión de toda su obra, así que no dudo que el interés en su figura aumente con el tiempo. La película es una contribución más a esta labor.

¿Hay en un punto una conexión entre la obra de Blaszko y tu forma de ver el cine?
No tanto con su obra pero sí con sus ideas. Más que ser un librepensador, Martin consideraba que el arte guiaba su pensamiento y construyó su vida a partir de esto. Su manera de pensar el arte, y la relación que -para él- las obras de arte debían tener con el resto del mundo son de una lucidez asombrosa y son opiniones a las que adhiero por completo.

En cuanto al cine, Martin era un gran admirador de las vanguardias de principios del siglo XX. Eisenstein era su director preferido. Inclusive durante la década del 50 llegó a filmar un cortometraje en solitario, que parece influenciado por compatriotas suyos como Ruttman o Richter, en donde hace uso de animaciones y juegos de perspectivas para hablar de las leyes geométricas que rigen su obra. Yo lo subí a la web y puede verse online acá: http://vimeo.com/23888040

Durante la película se muestra el montaje de una exposición en el Malba y la película se estrena exclusivamente ahí. ¿Es una decisión que ese sea su lugar de proyección o sólo fue un hecho casual?
Eso fue una decisión desde el primer momento. Que la película regrese terminada al mismo sitio donde se filmó me parece genial, pero además significa estrenar en un museo muy querido por Martin y en el lugar donde realizó su última muestra. Exhibirla en cualquier otra sala nunca hubiera sido igual de importante, y en eso tengo que agradecerle a Fernando Martín Peña por pensar igual.

En el 15 BAFICI presentaste el mediometraje Hábitat. Contános que recorrido tenés planeado para la película y si estás en algún nuevo proyecto.
Haber podido presentarse -y hasta competir- en un BAFICI es lo mejor que le pudo haber sucedió a un film como Hábitat; así que, de ahora en más, todo lo que ocurra con éste mediometraje siento que es como una ganancia. Lo mejor es que hay cierto interés de estrenarlo en el interior del país. Eso siempre es bueno: salir un poco del circuito impuesto por Buenos Aires.

En cuanto a nuevos proyectos, por ahora hay dos en marcha: el primero es un documental que transcurre en Bariloche, donde viví casi veinte años, y que por ahora lleva por nombre El monumento y el Intendente. El segundo es un film-ensayo codirigido con Guadalupe Gaona, fotógrafa y amiga, sobre la el uso de la fotografía a principios del siglo pasado.

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