Juan Pablo Russo
30/04/2013 14:18

El próximo 2 de mayo se estrena en el Cine Cosmos - UBA Simón, hijo del pueblo (2013), ópera prima documental de Julián Troksberg y el charanguista Rolando Goldman, sobre el joven anarquista Simón Radowitzky. En diálogo exclusivo desde Estados Unidos con EscribiendoCine, Julián Troksberg nos cuenta sobre el porqué de llevar al cine la vida de un personaje olvidado por la historia y de la importancia que tuvo Osvaldo Bayer en la concreción del proyecto.

Simón, hijo del pueblo

(2013)

¿Cómo surge la idea de llevar a Simón Radowitzky, un personaje no demasiado popular, al cine?
Por un lado porque tanto Rolando Goldman como yo conocíamos la historia de Simón Radowtizky a través de lo narrado por Osvaldo Bayer. Y ese viaje que lo llevó desde desde Kiev a Buenos Aires y de ahí a Ushuaia, en medio de la turbulencia social y política de principios de siglo XX, nos parecía un recorrido de película (con inmigración, represión, atentados, condenas, escapes). Y a la vez creíamos que la historia particular de ese ucraniano llamado Simón Radowtikzy en realidad contaba también algunas de las grandes cuestiones que se cocinaban en la Argentina que estaba por festejar su centenario: la inmigración, la revolución y las luchas obreras, la represión estatal a esos reclamos, el pensamiento libertario llevado a la acción, el ostracismo y olvido social en el que caen muchos de los luchadores obreros.

Y por otro porque la historia de Simón, que no es un personaje que encaja en la historia oficial del país, tiene sin embargo todavía una vida pública que reaparece como marcas en la ciudad: las pintadas que dicen “Simón vive” se pueden ver en monumentos, en la calle Ramón Falcón, en las parades de cementerios. Cómo si su historia, no tan conocida y pública siguiere todavía viva. Y nos parecía que ahí había algo para indagar.

La película sigue dos líneas narrativas. La más documental narrada por Osvaldo Bayer y la de un adolescente que seguido por la curiosidad se pone a investigar la vida Simón, quien fuera un familiar lejano. ¿Qué premisas se plantearon a la hora de construir el relato cinematográfico para no caer en el clásico documental?
En principio pensamos que la propia historia de Simón nos las tenía que contar Bayer: su investigación, el relato que él hace de los hechos, y la búsqueda de los rastros de Simón en la cárcel de Ushuaia. Pero a la vez esa es una historia que es conocida, o más accesible, justamente por los textos de Osvaldo Bayer. Por lo que también nos pareció que hacía falta buscar otros huellas de Simón desde algo más intimo, en lo familiar. Al fin cierta parte de la historia de Simón (su escape de Europa y llegada a la Argetina buscando una tierra mejor) es la de muchos de nuestros bisabuelos o tatarabuelos inmigrantes. Ahí, y como forma también de apoyar la entrada de valioso material de archivo que encontramos, y para poner en perspectiva el tema desde la actualidad, nos pareció que un adolescente, de la misma edad que tenía Simón en 1909 nos podía ayudar a potenciar el relato.

¿Cómo surge la relación entre ambos realizadores para desembocar en una película, sobre todo porque Rolando Goldman es charanguista?
Básicamente nace a partir de las figuras de Simón Radowitzky y de Osvaldo Bayer. Nos pareció que queríamos hacer algo, y naturalmente se dio que no iba a ser una obra musical (yo no puedo tocar ni la pandereta), ni un libro, sino una película. Al principio parecía que para Rolando Goldman sería un proyecto único, pero ahora que lo terminamos ya está entusiasmado con otro proyecto que seguramente haremos juntos. Lo que para mi es un placer, porque más allá de que nuestra tarea y aporte conjunto enriqueció la película, nos asegura que siempre vamos a tener muy buena música (en Simón, usamos “En equilibrio”, un temazo del dúo de charango y guitarra de Malossetti Goldman).

¿La participación de Osvaldo Bayer estaba pautada desde el inicio del proyecto? ¿Creen que sin él no se hubiera podido concretar?
La participación de Osvaldo fue clave, porque partimos de su mirada y sus relatos sobre Simón. Y a la vez porque también buscamos que la película sea también un homenaje al propio Osvaldo Bayer, que fue la persona que hizo públicas la historia de Simón y la de otros anarquistas de principios de siglo que parecían sepultados por el paso de los años. Osvaldo siempre estuvo entusiasmado con el proyecto y sin él posiblemente no hubiera habido película. 

El documental reconstruye la vida de Simón, para muchos un ser desconocido. ¿Para ustedes también fue una forma de conocerlo más? ¿Se encontraron con facetas desconocidas a medida que avanzaban en la investigación tal  como le pasa a Julián en la película?
Buena parte de la historia la conocíamos por Osvaldo Bayer, pero en nuestra búsqueda de archivos encontramos algunas cosas que cuando Osvaldo hizo su investigación en la década del ’60 no estaban disponibles o salieron luego a la luz (descubrimos por ejemplo que Ramón Falcón fue uno de los fundadores del club Gimnasia y Esgrima de La Plata). Y  la vez, buscamos profundizar en la historia familiar, en datos más íntimos, que fueron toda una nueva revelación.

¿Por qué suponen que todavía Simón no está reivindicado por la historia, mientras que al represor Ramón Falcón se lo homenajea nombrando a una de las calles más largas de la ciudad?
Ahora que Argentina cumplió 200 años como país, algunas de las grandes discusiones de hace 100 años siguen todavía presentes: las luchas sociales por mejores condiciones de vida, una mayor distribución, y la búsqueda de un país con mayor igualdad. Dentro de esa discusión está la mirada de la historia sobre los personajes que “construyeron” la Argentina. Y Ramón Falcón, oficial en la campaña del desierto con Roca,  fundador de la escuela de policias, y represor de manifestaciones obreras, representa un cierto modelo de país y así se entienden sus variados homenajes. No es casual que recién hace un par de años la escuela de policía cambiara de nombre y dejara de llamarse Falcón.

Y a la vez la figura de Simón es sumamente controvertida. Durante muchos años Simón fue considerado simplemente un asesino. En 1967 Osvaldo Bayer justamente desgarraba esa versión, y abría el interrongante sobre si Simón había sido un “martir o un asesino”, tal el título del artículo que publicó en 1967 en la revista "Todo es historia". Y además porque poco más de 100 años después de los hechos más importantes que narramos en la película, el anarquismo que pregonaba Simón, junto con muchísima otra gente, perdió peso y fuerza para pensar el cambio de las condiciones de la Argentina. Y el anarquismo todavía parecen ejercer un malestar tanto en la izquierda, en el progresismos, como en los conservadores ubicados a la derecha del pensamiento político. Como si el anarquismo no tuviera lugar dentro del espectro político tradicional. Asociada al pensamiento libertario de izquierda, el anarquismo es despreciado por los militantes de partidos de la izquierda tradicional, ninguneada por los pensadores marxistas; olvidada por los peronistas y los de raigambre nacionalista; y a la vez, acusada de ideología disolvente, por pensadores y posturas liberales o conservadoras. Como un pensamiento incómodo, de algo que no termina de encajar, que parece expulsado a los márgenes de lo anti político, o que queda relegado a expresiones estéticas: vestimentas negras, grupos de música. Y dentro de la historia del pensamiento libertario está la figura de Simón

La película se estrena un 2 de mayo, un día después de que se cumplan 104 años del hecho que pusiera a Simón en el centro de la escena. ¿Es casual o estaba planeado así?Nuestra idea era estranarla el 1 de mayo, por conmemorarse el día del trabador. Pero obviamente, y después de luchas como las que se dieron en 1909, actualmente en Argentina el día del trabajador los cines están cerrados. Por eso estrenamos el 2.

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