Ximena Brennan
26/04/2013 13:43

La Paz (2013) es el film del director cordobés Santiago Loza que se consagró como mejor película en la Competencia Nacional del último BAFICI, obteniendo además el premio de ACCA. En una charla exclusiva con EscribiendoCine, el realizador, que este año debutará en la TV Pública con 12 casas/Historias de mujeres, nos habla sobre su huella personal en esta historia, los personajes y su estética.

La Paz

(2013)

Decidiste retratar las consecuencias psicológicas, si se quiere, de lo que es el apego excesivo y la asfixia de la familia. ¿Cómo fue la construcción del guión, del tema y cómo te vino a la cabeza ese tópico?
Uno no es fiel del todo al origen cuando ha pasado tanto tiempo. Hay como varios orígenes. Supongo que tuvo mucho que ver el encuentro con [#Critica,1718] y con Andrea Strenitz, que es la actriz que hace de la madre y que la conocí en el taller de Julio Chávez donde suelo trabajar. Es una actriz que me inquietó. Hay algo físico de ella, cierto “estar” y cierta destreza actoral que me interesaba. Y también tiene que ver con ciertas obras biográficas de uno, en algún momento en el que yo estuve frágil hace algunos años y en la primera juventud. Había un personaje en mi núcleo familiar que era de servicio, que me terminó salvando o acompañando, y estableciendo un vínculo más estrecho que el que pude establecer con mi familia. De algún modo es un homenaje a ese vínculo y a esas personas como invisibilizadas dentro del ámbito familiar, que son los extranjeros o foráneos, que a veces crean vínculos mucho más estrechos que los sanguíneos. También, por otro lado, La Paz vuelve a tocar ciertas zonas que tienen que ver con mi primera película que es Extraño (2001), con personajes que están corridos o rotos y quizá fue el intento de volver a contar y volver a atravesar ese viaje sin el dolor que implicaba contar eso hace una década atrás; contarlo con un poco más de luz que en ese momento.

Entonces se puede decir, por ejemplo, que la construcción psicológica del personaje se dio naturalmente y que no fue necesario consultar a algún profesional
El personaje sale de una internación psiquiátrica y toca o roza cierta zona que socialmente se lo definiría como la locura. Y creo, por lo menos desde mi experiencia personal, que es algo que conozco. Yo estuve cerca, entonces más que asesoramiento, tengo un conocimiento profundo de ciertas zonas que atraviesa el personaje. Yo transité por situaciones un tanto delicadas. Algo de eso y de cómo alguien puede intentar reconstruirse es algo que no me es ajeno.

¿Por qué dividís tu película en capítulos o etapas?
Lo de los capítulos es algo que apareció desde el guión, casi desde el inicio. Es una suerte de viaje o periplo del personaje. Los capítulos son una especie de llave o puertas poéticas para entrar. Son una pequeña unidad. Son casi  por momentos como un nivel de juego, un nivel aleatorio y dan como un sentido. Por ejemplo, cuando aparece el capítulo de los hijos, reúne a los hijos de los distintos personajes o hay ceremonias, etc. A veces son capítulos más abstractos y otros mucho más poéticos, y finalmente cuando decidimos que la película no iba a tener un título principal sino que iba a hacer el de uno de los capítulos, casi el epílogo que es “La Paz”, es como un viaje en donde se arriba a ese último capítulo o estadio. Después desde lo gráfico con Lisandro Rodríguez, que es diseñador, probamos el diseño de esos capítulos. En un momento me dice “probá vos de escribirlos” y yo los escribí con mi letra un poco tosca o torpe, y es la letra que quedó y es una marca personal de lo vivido; una letra un poco temblorosa que era la propia.

¿Cómo diste con el actor?, ¿lo conocías de antes o hiciste un casting?
Lisandro Rodríguez es socio mío en una sala de teatro que tenemos; somos cinco amigos. Yo escribo teatro, es mi otra actividad y Lisandro ha dirigido varias obras que escribí en los últimos años. Y desde que lo vi me pareció que era una cara increíble para cine y que podía ser un actor de cine. Él tuvo una pequeña participación en una película anterior mía que se llama La invención de la carne (2009) y me pareció que mucho o algo de lo que toma la película como ambiente, como estrato social o algún tipo de vivencia tiene que ver con Lisandro; es una especie de Frankenstein entre vivencias propias y vivencias de él.

Con respecto al título, se puede entender de muchas maneras sin ver la película, pero evidentemente creés mucho en la paz interior
Yo me identifico con todo lo que cuento, con todas las películas que hice y con todo lo que escribí; no me puedo dividir mucho de todo eso. Son mundos que me resultan familiares y yo no puedo hablar de otra cosa que de lo que conozco. Tengo una mirada como a la par de los personajes, estoy con ellos, me siento parte. También tengo una opinión formada sobre lo que cuento, sobre esa situación social, sobre las clases, y también sobre la búsqueda de paz. El personaje tiene una búsqueda de paz que quizá no sea la mía; tiene una visión romántica sobre la paz. La película tiene cierto humor ligero sobre eso, sobre ese deseo o fantasía de irse lejos y para siempre, como si eso existiera realmente. Irse y tener una nueva vida como si uno dejara de ser uno en otro lugar. Con algo de esa fantasía juega la película. 

¿ Cómo fue recibir el premio a la mejor película en Competencia Argentina del último BAFICI?
La película había estado en el Festival de Berlín y fue muy linda la recepción que tuvo allí. No estuve en una sección principal, sino en una paralela, pero fue super lindo y cálido. Tenía mucho miedo de lo que podía llegar a pasar en el 15 BAFICI, tenía miedo de que la película fuese juzgada mal por cierta zona melancólica o por el humor que tiene, o que esa cierta sutileza fuese menospreciada; esa sensación que uno tiene a veces de que en su momento su película no fue “leída” o que uno no pudo llegar al otro con ella; quizá, no se, algún desencuentro. Y lo que empezó a pasar con La Paz fue que tuvo un encuentro lindo con el público primero, que la gente la disfrutaba. También tiene que ver con algo actoral muy preponderante, es un elenco muy lindo de ver. Algunos tópicos quizá estaban pasados de moda, y con la película sentí que se puede volver a traer y volver a hablar de diferencias sociales o de ciertos dolores que nos acontecen a todos. Algo de eso, de ciertas zonas de identificación, funcionó para que la película haya tenido éxito con el público. La sorpresa paras mí fue esa; eso fue lo primero que pasó en el 15 BAFICI. No esperaba ese cariño de la gente. También sí se sentí cierta tensión. Uno se encuentra con colegas y tiene alguna discusión ideológica o estética. Me sorprendió además una nota de Marcelo Panozzo en el catálogo que era sumamente cuidadosa y bueno, yo no lo conocía y fue así de delicado y cariñoso. Pero esto era un dato más, no era una señal de que la película ganase. Yo jamás lo esperé. Cuando pasó esto, a mí y a la gente del equipo nos emocionó muchísimo porque quizá es un cine que no es el que venía ganando. Lo de Raúl Perrone también fue sorpresivo. Los premios principales de la Competencia Argentina demostraron una situación mucho más compleja de lo que uno cree. Yo tenía ciertos miedos en cuanto al festival que no se cumplieron. El hecho de que Perrone y La Paz hayan ganado el BAFICI abre el juego. Es como que sostiene que hay otro cine también, y esto supone una apertura.

¿Qué proyecto tenés para filmar a futuro?
Estamos terminando un documental con Lorena Moriconi, que es la montajista de la película anterior y con Iván Fund. No sabemos cuál es el formato pero lo estamos terminando; estamos llegando a un cierre. Por otro lado, estoy con dos ficciones y otros proyectos pero no quiero hablar mucho porque tengo miedo de que se desmoronen (se ríe). Después también sigo con mi trabajo en teatro, en la escritura, porque no dirijo. Además, estoy dirigiendo 12 casas/Historias de mujeres para Canal 7, un unitario que reemplazará a En Terapia y que sale al aire en breve.

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