Santiago Berisso
25/03/2013 13:09

Tras participar de varios festivales internacionales como Sitges, Fantastic Fest y el Feratum Film Fest, realizado en México y en el que obtuvo el premio a Mejor Película, La memoria del muerto (2012) llega a las salas de nuestro país. Valentín Javier Diment, también director de films como Parapolicial Negro: Apuntes para una prehistoria de la triple A (2010) y El propietario (2008) nos introduce en una historia que combina todo tipo de elementos y mantiene atrapado al espectador hasta el final.

La memoria del muerto

(2012)
6.0

El intento de Alicia (Lola Berthet) por recuperar a su esposo Jorge Gabriel Goity) tras su muerte y a través de un ritual, lleva a las personas más cercanas al fallecido, a vivir terribles experiencias. Verdaderas pesadillas de vida, escondidas en algún lugar de la mente, salen a luz para aterrorizar a personas que se acercaron a una ceremonia simplemente para recordar a un buen amigo. Sumergirnos en este pequeño y tenebroso mundo es lo que nos propone Diment.

Con un elenco que se vale de figuras como la de Luis Ziembrowski, Lola Berthet, Jimena Anganuzzi, Rafael Ferro, Ana Celentano y Gabriel Goity, La memoria del muerto estrena en la pantalla grande el 28 de marzo, casi un año después de su proyección en el BAFICI a tres salas llenas. En diálogo exclusivo con EscribiendoCine, el director argentino profundiza más en su última realización.

¿Cómo surge la idea de filmar la película?
Martín Blousson estaba escribiendo un guión, me lo mostró y encontré una linda estructura para poder meter, dentro de una película de terror bastante clásica, escenas de dramas familiares bastante excedidos. A los dos días ver el guión me enteré de que en tres días cerraba el concurso Óperas Prima del INCAA. Le pedí a Martín la habilitación para presentarlo y ganó.

A medida que transcurre la historia, La memoria del muerto va incursionando en distintos géneros. ¿Encuadrarla en uno en particular actuaría en desmedro de ella?
Tener que venderla como un género es, en parte, para llevar gente al cine. La película es todo eso. Tiene elementos de terror, de melodrama, cosas de humor negro. Tiene mucho gore, porque me divierte. Yo quería hacer una de terror cruzada con un melodrama, básicamente. Lo que estoy contando ahí son dramas familiares, con muy pocas pinceladas. En principio, el guión tenía mucho de slasher clásico con adolescentes, pasa que ya estoy grande y me aburro un poco con eso. Entonces, me divertía la idea general, pero me empezaron a dar ganas de trabajar con gente más grande y con psicologías un poco más complejas. Y desde ese lado empezamos a construir.

La fragilidad, la debilidad y la inocencia son características que se vinculan mucho con experiencias vividas, tiempo atrás, por los personajes. ¿Qué papel crees que tiene el pasado acá?
No es sólo el pasado, es la infancia, en la cual uno está muy vulnerable en relación con sus seres más cercanos. Entonces te cagan la vida con mucha facilidad. Es una mierda la infancia. Claro que también tiene lo otro, no es que no lo tenga, como un montón de cosas maravillosas, sobre todo en cuanto a no tener responsabilidades. Es otra percepción del mundo, digamos. Es una percepción que uno puede extrañar, ahora, lo que hace esa percepción del mundo, además de dar felicidades plenas, es darle un poder extralimitado a la pesadilla. El terror y el dolor son absolutos. No tenés la perspectiva para decir: “Bueno, ya se pasa. Es una pelotudez”. La mayoría de las cosas que nos pasan, salvo las terminales, son bastante pelotudas, pero en ese momento toda pelotudez es una tragedia porque no sabés que se termina. Se enojó tu mamá, no te quiere más y parece que no te va a querer nunca más. Es horrible.

¿Cómo hacés para mantener la verosimilitud de la historia frente a la combinación de tantos elementos de diferente tipo?
Hay un montón de cosas que confluyen, pero creo que la clave son las actuaciones, trabajar actuaciones de verdad donde todo lo que pasa le está pasando al personaje. No están representando, sino que son personas a las que les están pasando cosas tremendas y reaccionan desde su verdad. Y para esto, antes trabajás mucho con los actores

¿Buscaste algunas características en particular a la hora de pensar en el elenco?
Es irregular, porque hay varios actores que son amigos míos, como Luis Ziembrowski, con quien trabajé un montón de veces. A otros como Rafa Ferro, lo tenía de vista y pensé que estaría buenísimo trabajar con él o Jimena Anganuzzi, una excelentísima actriz con quien ya había trabajado en un telefilm que co-dirigí con Ziembrowski. Al mismo tiempo que iba reescribiendo el guión, pensaba en quién podía actuar y cómo hacer para que el personaje, también, se acercara al actor o a la actriz. Esto ocurre de la forma más extrema en el caso de Lola Berthet, la protagonista, porque el guión nunca estuvo escrito pensando en ella ni en nadie de su estilo. En principio, Lola iba a hacer otro papel, pero me gustaba mucho trabajar con ella, ya que realmente es una gran actriz y persona. Y en ese momento, yo estaba viendo muchas películas de Bette Davis y ahí me di cuenta de que, claro, Lola es Bette Davis, en cierto aspecto. Inicialmente, estaba buscando algo más neutro, sin embargo al ver esto pensé que había que buscar algo hiperexpresivo. Esta película es un delirio extremo por todos lados. La protagonista está loca, no es una piba buena y ella daba perfecto. Acá, fue la actriz la que me definió el personaje irrumpiendo desde afuera.

¿Hay algo fundamental a la hora de trabajar con el género del terror?
En principio hay una dosificación de recursos que tiene ver con los gustos. Lo que pasa es que no hay, ni debe haber, un criterio uniforme respecto a qué es una buena película de terror. Al margen, yo sé que me gustan mucho las películas de género. La realidad es que cada un Jean-Luc Godard, un Krzysztof Kieslowski o un Andrei Tarkovski, hay trescientos pelotudos que creen que pueden hacer una película porque tiene una cosmovisión maravillosa y terminan haciendo un embole atroz. En este sentido, la honestidad del cine de género es muy respetable y querible. Hoy en día, el statu quo de la crítica tiende al cine de autor, mientras que el bastardeado cine de género está ocupando como una especie de rol de resistencia y me parece muy divertido que diga “¡basta de aburrimiento, vamos a provocar al espectador!”. Me interesa el cine de género que tiende a provocar efectos concretos en lo emocional de los espectadores, al margen de la reflexión.

Ya con el resultado final en mano, ¿encontrás algo que te hubiese gustado hacer de otra manera en la película?
Me parece que hay algo mío, en lo que me falta terminar de encontrarme. El público de género puede encontrarse con una película demasiado rebuscada y el público intelectual, demasiado grasa. Ese punto me da un poco de temor, porque me interesa mucho que a la gente le guste. Siempre voy a hacer lo que tenga ganas, pero también tengo muy presente al público.

¿Con qué se va a encontrar el espectador al ver La memoria del muerto?
Con una montaña rusa donde hay emoción, melodrama, terror, que te va a hacer saltar de la silla, en la que hay una locura visual absoluta. Está hecha para que la gente la pase bien. Cuenta un cuento que tiene el tiempo interno pensado para que pueda involucrar al espectador. En definitiva, van a ir a ver una película.

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