Ezequiel Obregón
18/03/2013 13:12

En la reciente edición de Pantalla Pinamar se presentó Una pistola en cada mano (2012), comedia coral protagonizada, entre otros, por los actores argentinos Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia, que aborda los vínculos amorosos desde un punto de vista masculino. Su director, Cesc Gay, y la bella actriz española Leonor Watling dialogaron en exclusiva con EscribiendoCine.

Una pistola en cada mano

(2012)

Hombres que desean. Hombres abandonados. Hombres a los que las cosas no les salen como esperan. O que les salen bien, pero a costa del sufrimiento de otro hombre. De eso trata Una pistola en cada mano, una película a la que Cesc Gay le imprime una gracia pasatista que no le quita ni una pizca de profundidad. En la última edición de Pantalla Pinamar la película fue recibida con mucho entusiasmo por un público que celebró cada paso de comedia. Y hasta allí fueron el director y Leonor Watling, además de Leonardo Sbaraglia, quien junto a Ricardo Darín, Eduardo Noriega, Javier Cámara, Eduard Fernández, Luis Tosar, Candela Peña, Jordi Mollà, Alberto San Juan, Clara Segura y Cayetana Guillén Cuervo, formaron parte de un elenco insuperable.

La estructura de tu film tiene la particularidad de estar compuesta por un grupo de situaciones dialógicas, en las que participan tan sólo dos personajes. ¿Cómo surgió la idea?
Cesc Gay: Quería hacer una comedia desde hacía mucho tiempo. Tenía ganas de hablar despiadadamente de nosotros, los hombres. Y de todas nuestras carencias. Y se fue armando así. Hubo mucha intimidad en el rodaje. Surgió, dado que yo no planeo demasiado las cosas. Empezamos en noviembre y terminamos en julio. Rodamos 17 días, pero en trozos.

Pienso en tus películas anteriores, sobre todo en Ficción (Ficció, 2006) y en V.O.S. (2009). Percibo que se trata de un cine que va hacia un núcleo dramático cada vez más mínimo, a través de una estructura que me recuerda a algunos films de Jim Jarmusch. En Una pistola en cada mano ingresamos a la psicología del personaje con apenas unos minutos de diálogo.
C.G.: Creo que mi película surge del querer contar desde el diálogo y de un encuentro inesperado que no tenías previsto. De ese encuentro te dejas ir un poco más y te pones a hablar. Se trata de plantear distintos momentos y ver cómo se arma el diálogo. Todo al servicio de una radiografía de lo masculino.

Tus actores resaltan la libertar creativa que tienen tus rodajes. Leonor, ¿habías trabajando con este esquema dramático, que al mismo tiempo te da tanta libertad?
Leonor Watling: No. Creo que ésta es mi primera experiencia en un proyecto así, que me parece maravilloso porque finalmente depende de la valentía del productor. A los productores les da mucho miedo este tipo de proyectos porque es muy a largo plazo. La productora de Cesc en una mujer maravillosa que le tiene mucha fe, al igual que los actores. Es un regalo que te llame Cesc, porque sabes que te va a dirigir. En esta película hay doce actores y todos estamos contando la misma película en el mismo tono. Y somos actores que venimos de escuelas y países muy distintos. Y parece que llevamos comiendo y cenando juntos un año.

¿Cómo compusiste a tu personaje, frente a este esquema de trabajo?
L.W.:
Realmente está todo en el texto. Está muy bien escrito. Cesc tiene con el actor lo mismo que tiene con el personaje: mucha compasión. Y mucha curiosidad. Le gusta y le intriga el ser humano. Como actor, te sientes muy cuidado. Te puedes equivocar, sientes que la equivocación es parte de lo que le gusta de ti como actor.

Es una película que tiene una mirada muy amorosa del mundo femenino, sin forzar estereotipos. ¿Te resulta diferente centrarte, como creador, en un ambiente femenino?
C.G.:
No sé si existe alguna diferencia entre escribir para hombres o mujeres. Me es más fácil escribir humor para hombres. La mujer es más interesante desde otro lugar. En la ciudad (2003) fue una película protagonizada por mujeres básicamente. Y en ésta, la mujer está en servicio de lo que le pasa al hombre. Tuve claro que había un dibujo de mujer fuerte, hermosa, generosa, simpática. Lo peor que nos puede pasar como hombres: la mujer está por encima y casi hay un trato maternal… Eso era importante, que nos dejaran solos… Siempre con mucho cariño. Me salió así en la escritura. Ellas tienen nombre, los demás no.

L.W.: Creo que todos están retratados desde un lugar muy amoroso. Esta película cuenta más la neurosis de los hombres, se podría contar la de las mujeres pero Cesc cuenta aquí la de los hombres. Y me parece que está muy bien contada. Él nos indicaba que la mujer en ese momento ya estaba bien; ya había pasado la neurosis, la crisis, ya sabía. Y todos los personajes femeninos están en ese sitio en donde ya saben, ya pueden ver sin agresividad y sin bronca. Es un sitio muy bonito que no es el cien por cien de la verdad. Pero ninguna película trata el cien por cien de la verdad.

En la película hay pocas marcas de la actual crisis, pero sí vemos al personaje de Eduard Fernández que está en un aprieto económico. Hace poco se estrenó la nueva película de Pedro Almodóvar, Los amantes pasajeros (2013), que es una comedia. ¿Sentís como realizador la necesidad de entretener, frente al momento que vive España?
C.G.:
En mi caso la comedia fue una necesidad, unas ganas mías de hacer una comedia. Y luego se juntó con esta realidad que dices. Lo que sí es verdad, es que cuando escribí el personaje de Eduard (hace dos años, o más) pensé que exageraba un poco. Y luego, cuando fui a rodar, me di cuenta de que la realidad me había pasado por encima y que no exageraba nada. Escribí “te vas a la casa de tu madre, tienes los zapatos rotos”. Y eso está pasando ahora en España. Se está destruyendo absolutamente todo, y la gente está pasándola muy mal. Y no estamos acostumbrados a eso. Ahora es todo muy terrible.

L.W.: La película de Pedro me encantó, me reí muchísimo. Yo creo que es como una vuelta a la irreverencia y a la diversión más jugada de sus primeras películas pero con todo lo que ha aprendido. Le estoy muy agradecida porque me apetecía ver una comedia.

La comunidad artística en España se está manifestando contra las medidas económicas del gobierno. ¿Sentís, Leonor, la necesidad de expresarte en tales circunstancias?
L.W.:
Estamos en una crisis. Se nota en todo: en los maestros de escuela, los actores y los cerrajeros. Nunca me he declarado públicamente contra la Guerra de Irak. Tengo mis opiniones y son muy confusas como las de todos los ciudadanos, pero nunca lo he dicho en público. No sé si ayuda que un actor lo diga en público, creo que es una cosa más íntima. En mi caso, que no sé muy bien, es mejor no decir nada.

Históricamente hubo una afinidad entre el cine español y el cine argentino. ¿Les gustaría rodar aquí?
C.G.:
Sí, de hecho entre los proyectos que estoy trabajando uno incluye la posibilidad de rodar aquí y con actores argentinos. Me siento muy cerca, aunque desgraciadamente está muy lejos a nivel de kilómetros. Tengo un vínculo desde hace mucho tiempo con Argentina y me gusta su humor, su forma de funcionar. Me siento muy satisfecho de ver que en la proyección de Pantalla Pinamar nadie se perdía nada de lo que había escrito, se reían.

L.W.: Me encantaría venir a rodar a Argentina.

¿Y deseás volcar tu carrera más hacia el cine?
L.W.:
Me gusta interpretar, sin importarme dónde. Me gusta mucho el cine, la técnica que requiere el cine. Le da mucho a mi personalidad esa intensidad como de fósforo, de arder y apagarse. Que en el teatro es más un fuego, una hoguera: encender y mantenerlo. Tampoco me molestaría hacer televisión.

Cesc, pienso que tu cine está abordado desde un realismo naturalista. Si te convocaran para dirigir un musical, o un policial (por citar géneros altamente codificados), ¿aceptarías ese desafío?
C.G.:
La verdad es que nunca he planificado nada. Las cosas terminan saliendo. Yo creo que si me viene de afuera, si se me aparece un guión seguro que lo haría. Tiene que venir más de afuera el proyecto, creo que si sale de mí ésta es mi línea de trabajo. Hay géneros que me gustan, el musical no. Pero me gusta todo tipo de cine, el policial por ejemplo.

Creo que tu cine está emparentado al de Eric Rohmer. ¿Lo has pensado?
C.G.:
Eric Rohmer estuvo muy cerca cuando hicimos Krámpack (2000), no sé por qué. Todos tenemos épocas en las que nos enamoramos de directores. Si algo me quedó de él, creo que es la naturalidad en la interpretación y en la puerta en escena. Ir a un lugar sencillo, austero, de verdad. Creo que algo de eso siempre ha estado en mi cine.

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