Ximena Brennan
18/03/2013 12:39

Matrimonio (2013) es la película de Carlos M. Jaureguialzo (Tres pájaros, 2002) que, inspirada libremente en Ulises de J. Joyce, cuenta un día en la vida de una pareja que lleva más de 20 años de casados, protagonizada por Cecilia Roth y Dario Grandinetti. El realizador de esta ficción que se estrena este jueves 21 de marzo y que pasó ya por el festival de Miami y Pantalla Pinamar, nos habla sobre las estrellas de su película, los recursos que utilizó para el relato y qué planes tiene a futuro. 

Matrimonio

(2013)
6.0

Retratás un tema que siempre dio que hablar que es cómo va cambiando el vínculo en el matrimonio después de años de casados, ¿qué elementos conservaste de Joyce y qué decidiste adicionarle vos mismo?
En realidad no estoy muy seguro de esa teoría, porque muchos me dicen: “No, ahora las parejas no se conservan por tanto tiempo”. De todos modos, creo que te podés identificar, porque si no es tu caso es el de tus viejos o siempre tenés algún caso familiar. Con respecto a Joyce, lo que tomamos básica y primordialmente es la estructura. El Ulises está contado así, en dos tandas; primero todo el día del marido y después todo el día de la mujer con un monólogo. El libro es de mi mujer, Marcela Silva y Nasute y más allá de admirarlo a Joyce, le interesó eso y le pareció que era una estructura piola, que daba para contar esta historia. Y un poco nos llevamos la anécdota de Joyce; el hombre que deambula durante el día, el hecho de que sea un publicista. En el caso de Joyce, la mujer es cantante; aquí es compositora. Tomamos algunos elementos. Y empieza con un funeral y termina con un nacimiento… esas cosas son de Joyce.

También la obra de él trata un poco del monólogo interior, del fluir de la conciencia; el tema de lo que piensan esos personajes. Para nosotros traducir esto a cine es muy difícil. El cine se caracteriza por acciones que ejecutan los personajes, no en lo que piensan. Es muy difícil, por más que uno intente con voz en off (el recurso más acostumbrado para mostrar lo que está pensando un personaje), es difícil mantener toda una película con los pensamientos de ellos. Pero tratamos de que en algún lugar, en algún pasaje, que el espectador sintiera que está viendo lo que le pasa a estos tipos, qué piensan y opinan de las cosas. Qué piensa y siente él de la mujer, si la quiere, si le da bronca… queríamos que estas cosas estuvieran más allá de la acción. Creo que eso en cierta medida reforzó lo que queríamos. El hecho de que se cuente un día y después se repase el mismo día por la mujer. Da en muchos segmentos como la doble visión. Ante un mismo hecho aparecen distintas formas de resolverlo. Esto, digo yo medio aventuradamente, es como el cine en 3D. Son dos proyectores que proyectan casi lo mismo desde dos lugares muy cercanos pero están separados. Eso es lo que provoca como una tercera dimensión. En este caso, esas dos visiones de lo mismo, muy cercanas pero con una diferencia, dan en algún punto como una profundidad.

Es interesante el recurso de la voz en off, como vos bien decías; y hay una escena en la que Esteban (Dario Grandinetti) hace terapia y también fluye esto de los pensamientos, más que del diálogo
Nosotros tratamos de utilizar la voz en off cada vez un poco de manera distinta, para salir un poco de eso de que la voz cuente lo que se está viendo. En la sesión de análisis, él podría haber dicho todo eso y en analista le hubiese contestado. Pero hay días por ejemplo en los que te ponés a pensar pero es muy difícil hablar y quizá la sesión la tenés más con vos y se termina y no dijiste nada. Existe la cosa reconocible de eso y a la vez se puede usar como recurso. Lo podría haber dicho todo, pero lo hicimos así como para darle una vueltita y poder de alguna manera introducirse en los pensamientos de él. Él imaginó lo que está pensando y le contesta de la misma manera el analista. En otras escenas también aparece este recurso y tratamos de usar la voz en off con distintos tonos para dar esa simultaneidad o multiplicidad entre la acción y el pensamiento en voz baja digamos. El de los personajes es un día común, y en un día común pasan cosas sencillas y comunes pero también se plantea el universo, la vida, la muerte… Todo esto tenía que convivir pero de manera soslayada, no de forma directa.

Cecilia Roth y Dario Grandinetti son una dupla interesante para esta película y han trabajado juntos varias veces, incluso en teatro. ¿Cómo pensaste en ellos dos como pareja para tu historia?, ¿cómo es trabajar con ellos?
Yo los vi como los indicados para formar esta pareja como lo máximo. No estábamos muy seguros de poder tenerlos en el elenco. Esta es una película independiente con un presupuesto acotado, entonces era complicado. Pero bueno, ellos aceptaron básicamente por dos razones. Una fue que les gustó el libro y la propuesta; y además porque ellos habían trabajado juntos en la juventud y siempre tuvieron ganas de reencontrarse.

Trabajar con ellos es extraordinario en todos los aspectos, pero lo básico que me aportaban a priori era que estos personajes tienen un peso, una profundidad. Sin esto la película no funciona. Si los actores no son de esos que tienen una mirada profunda, de esos que vos los mirás en la pantalla y te llevan a otros mundos, no sirve. Uno ve que hay una personalidad, una profundidad. La película sugiere mucho más de lo que cuenta, entonces en eso es primordial el carácter y la personalidad del actor, lo que suma bastante. Ellos eran indicadísimos. Eran lo mejor que se podía tener. Dos tipos que son inteligentes y además lo parecen. Dan una mirada profunda que servía muy bien para la película. Trabajar con ellos mejora cualquier idea que puedas tener y lo fundamental es que coincidíamos siempre con respecto a hacia dónde iban los personajes. Yo doy mucha libertad, dejo a los actores que ellos mismos elijan para dónde va su personaje. Yo me preocupo por el qué se cuenta y no por cómo se lo cuenta. Mientras no cambie el relato, puede haber muchas maneras de contar algo. Cuando uno cuenta con un buen actor, las propuestas son siempre más viables, más acordes a las necesidades. Así es más fácil y mejor trabajar.

¿Cómo te sentís con respecto a participar de los festivales de Miami, Málaga y Pantalla Pinamar?
Los festivales son un capítulo aparte. La película ya estuvo en el Festival de Miami la semana pasada. Yo estuve ahí presentando la película. Yo no la había visto nunca con público y había un 50 o un 60% de argentinos que viven allí; y el 90% del público de la sala era de Latinoamérica. Fue una experiencia muy interesante en ese caso. La película se proyectó dos veces a sala llena. Había mucho interés y la recepción fue muy buena. Se entiende, se lee más o menos de la manera que uno quiso. En general la gente es muy elogiosa y generosa y te hacen alguna referencia personal. Había muchas parejas viendo la película y mucha gente grande con experiencias largas de matrimonio y algunos casos que me llamaron la atención; chicos que me parecían muy jóvenes y me decían “llevamos 16 años de casados”. Muy interesante.

Ahora la película debe ir a un festival chiquito en Cataluña, Málaga, y hay otro más en Chicago. Yo no creo que pueda ir porque en abril empezamos a filmar otra película.

Contame de eso, de tu próximo proyecto
Entre esta película y la anterior tardé 10 años en filmar. Y ahora ocurre lo contrario. Estrenamos esta semana y empezamos a filmar el mes que viene. Nosotros teníamos dos proyectos. El que vamos a hacer ahora se va a llamar El prisionero irlandés. Este se retrasó porque se iba a filmar en San Luis y era complicado el tema del contrato. Salió primero hacer Matrimonio y lo hicimos. Ahora entonces nos avocamos a esta otra película. También es con libro de mi mujer, que ganó un concurso de guiones en San Luis. Nos interesó mucha la historia, que es de época; es una historia de amor pero a través de 10 o 12 años, de 1806 a 1817. Mi mujer tiene ascendencia irlandesa y ella está muy orgullosa de eso y estudia mucho y busca cosas. Y encontró un hecho histórico interesante a pesar de que nuestra historia es de ficción, que es que en la primera invasión inglesa se tomaron como 1.500 o 2.000 prisioneros que luego se los envía al interior, a distintas provincias bien retiradas de la costa. Y a partir de allí nació la historia de un prisionero irlandés que va a parar a San Luis y se enamora de una puntana. Para esto, vamos a trabajar con un actor inglés y uno irlandés. 

¿Por qué la decisión de que el espectador no vea juntos a Molly y a Esteban hasta casi el final de la película?
(Risas). Hubo un solo elemento que yo puedo nombrar que me convenció de que esto se podía a hacer, digamos tenerla en el elenco a Cecilia y que no apareciera hasta el minuto 35. Yo pensaba siempre en Apocalypse Now (1979) y en Marlon Brando que aparece en los últimos 15 minutos. Dije: “Bueno, si ellos se dan el lujo de hacerlo… hagámoslo”. Soy conciente de que algo así era difícil, pero el guión tiene algunos códigos que tratamos de respetar a raja tabla. Pensamos que si había algún valor, estaba justamente en esos códigos, en contar la película dentro de esta estructura. Se pueden agregar muchas cosas, pero la verdad que así como estaba, estaba ya contada y era así. Nosotros lo que sentíamos era que si le agregábamos escenas o le cambiábamos un poco la estructura, cambiaba el sentido y no sumaba. Había que empezar de nuevo con otra cosa. Esto estaba planteado para ser así. Así que bueno, si la película decía que no tenían que estar juntos un buen rato y que a Cecilia le tocaba aparecer tan tarde, había que respetarlo. Además este hecho genera cierto misterio y cierta expectativa y por otra parte, creo que la segunda parte es más entretenida que la primera por una cuestión de acumulación. La sumatoria y la superposición de distintos momentos de ellos dos suma mucho. En este caso creo que es superadora la segunda parte y así nos damos cuenta de que la película avanza, no se queda parada.

¿Cómo definirías tu película y el género?, ¿por qué tenemos que verla?
El género es difícil. Es una historia de amor básicamente. El tema es que no es una fogosa historia de amor de un romance que recién comienzan. Es un romance con ideas y vueltas y muchos años de cocimiento. Es una historia de amor rara en ese sentido, pero es una historia de amor al fin. Ese sería el género. Hay muchos toques de humor… por ejemplo en Miami la gente se reía cuando se tenía que reir, pero nunca se sabe a veces cómo funciona. Tiene el humor de mi mujer, un humor raro, con cierta ironía y muy sutil. No es un humor de carcajada pero sí de sonrisa e identificación… algo así. Ese es el perfil de la película.

Y por qué tiene que ir el público a verla… es la parte más difícil. Nosotros a priori, como concepto, dijimos que queríamos hacer una película para el público, no algo difícil que no se entienda, sino una película entretenida. Los temas te llevan a un lado o a otro. Vos pensás un tema y después buscás lo entretenido o no. Cada uno tiene su cosa que lo entretiene. Yo me puedo pasar escuchando en el colectivo una conversación entre dos personas que de repente se pone picante y te enganchás. Y si vos me preguntás qué tiene… y no sé, es lo voyeurista, lo que a uno le causa gracia, cómo uno se engancha. Cuenta el universo de los personajes, los llegás a conocer bastante y bueno, ver una película es como hacer un viaje. Vos conocés gente, conocés paisajes, conocés lugares. Convivís un tiempo con todo eso y después te volvés a tu país. Ver una película es más o menos lo mismo.  

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