Ezequiel Obregón
10/03/2013 19:50

El artista argentino radicado en España Juan Gatti, se ha destacado por ser el dieñador de los afiches de la gran mayoría de las películas del director Pedro Almodóvar. Por primera vez presenta una exposición de esas obras en el país dentro del marco del encuentro de cine argentino europeo Pantalla Pinamar. "Me gusta el personaje de científico más que el de artista”, dice en diálogo con EscribiendoCine y otros medios.

La piel que habito

(2011)

A través del Centro Cultural de España llegó a Pinamar este artista argentino, quien se destaca en el diseño, la fotografía y las artes plásticas. Fue integrante del mítico Instituto Di Tella y más tarde desarrolló una prolífica carrera en España. Muchos conocen sus trabajos, pero de forma singular no lo conocen a él. Porque, ¿quién no ha disfrutado alguna vez de los exquisitos afiches de las películas de Almodóvar, por citar su trabajo más célebre? Juan Gatti, paralelamente, tiene una muestra llamada Contraluz en el Museo Sívori de Buenos Aires hasta el 16 de marzo.

“Me gusta experimentar mucho, y a veces mi acercamiento al trabajo es más científico, victoriano. Me gusta el personaje de científico más que el de artista”, comenta Gatti sobre la tarea de diseñar afiches. Y comenta su metodología: “Mi trabajo empieza casi antes del guión. Luego paso a leerlo y a veces participo en la parte gráfica de la película. Cuando está hecha hago el cartel e intento que sea un ícono y sintetice la película, me interesa hacer una abstracción del mensaje para poder transmitir su espíritu”.

Gatti se reveló como alguien con mucho humor, cualidad que se hizo evidente en una anécdota en torno a la anteúltima película de Pedro Almodóvar: “El mayor problema que tuve fue con el último afiche que hice, el de La piel que habito (2011). Hicimos dos carteles, el primero fue el que muestro aquí, que consiste en un dibujo victoriano. Salió una cláusula en el contrato que Pedro tampoco conocía, y que decía que exigía la imagen de Antonio Banderas en el cartel. Entonces, luego de trabajar tanto en esto, me cagué en la familia Banderas”. En cambio, tuvo una experiencia más disfrutable en torno al afiche de Tacones lejanos (1991): Tuve un problema para sintetizar a la película en toda una imagen. Di vueltas, y vueltas, y vueltas… No lograba ver cómo podía sintetizar. Y cuando se me ocurrió la idea de fundir el zapato con la pistola logré un ícono que cuenta un poco toda la película. Además, ese cartel tuvo una muy linda difusión. Se hicieron carteles gigantescos”.

Gatti señaló que es muy obsesivo con su trabajo, y que por fortuna en determinando momento le dicen “ya, tiempo, hay que entregarlo mañana”. Momento en el que debe decidir qué entregar, y finalmente lo hace.

“Es que en general casi todas las películas van de cuatro a cuarenta y cinco carteles distintos, como en caso de La mala educación (Pedro Almodóvar, 2004). Hago varias opciones para elegir una. A veces una queda para España, otra para el extranjero. Siempre hago una variedad, pero en general son como cuatro o cinco. A veces a mí o a la productora nos gusta más una imagen, pero por razones publicitarias elegimos otra. Me parecía importante mostrar los que salieron y los que no salieron", comenta en diálogo con EscribiendoCine.

¿El avance de la tecnología digital ha hecho variar su modo de trabajo?
Lo que pasa es que la tecnología en general me ha servido mucho, y les agradezco a los que la crearon, para agilizar mucho el trabajo. Pero desde el principio primero hago los afiches en lápiz. Ahora, en mi estudio, eso se digitaliza. Pero nunca he creado nada a partir de la pantalla. Para mí es muy importante cómo relaciono a la imagen en el espacio, y cómo eso se va a transformar en un objeto real. No me puedo fiar mucho de un espacio virtual.

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