Lucia Roitbarg
10/02/2013 18:07

Tomás Lipgot se ha convertido en los últimos en uno de los documentalistas más prolíficos de la Argentina. Desde su debut con Fortalezas, (2009) su obra mantiene una constante que vira sobre la búsqueda de seres que luchan contra una condición de encierro. En diálogo con EscribiendoCine nos cuenta sobre Jack Fuchs, el personaje central de El árbol de la muralla (2012), y adelanta GILGAMESH, El Hombre que no quería morir, su ambicioso film animado.

GILGAMESH, El Hombre que no quería morir

(2019)
5.0

¿Cómo llegaste a Jack Fuchs, el protagonista de tu película? ¿Por qué te interesaste en este personaje?
En realidad fue la escritora Eva Puente, que escribió un libro del mismo título que la película, quien me presentó a Jack Fuchs, insistiéndome en que debía hacer un documental sobre él. Yo no tenía ganas, me parecía inabordable la temática, pero al momento de conocerlo a Jack no tarde en convencerme de que debía hacer la película. Me encontré con un ser humano excepcional, fuera de toda norma. La capacidad reflexiva que tiene Jack y su valentía de no victimizarse fueron cualidades que ayudaron en esa decisión.

Existe entre Fortalezas y Moacir (2011) una cierta continuidad, sobre todo por el personaje de Moacir. ¿Encontrás continuidad en este film con los anteriores?
Si, en todas mis películas hay un eje que es el encierro, y paralelamente, seres (convertidos en personajes) muy fuertes y valientes que luchan contra esa condición. Entre Fortalezas y Moacir es claro el vínculo. También hay que agregar Ricardo Becher, Recta Final (2010) que rescata los últimos momentos de vida- sumamente intensos y vitales- de Becher mientras estaba internado en un geriátrico.

Al ver tus películas pareciera que intentás que tus personajes de alguna manera traspasen la pantalla, como buscando una cierta cercanía con el espectador. ¿Cómo lográs que tus protagonistas se abran de esa forma frente a una cámara?
No sé si podría explicarlo, pero seguramente está relacionado con un proceso que está fuera de la película pero que se siente, que es el momento en el que debo ganarme la confianza del personaje. En todas mis películas paso varios meses estableciendo el vínculo que después queda plasmado. Sin cámaras. Es un pacto. Porque, como documentalista, estoy haciendo algo muy delicado y casi perverso, estoy exponiendo sus vidas y, sobre todo, una parte vulnerable de ellas. Para eso es muy importante la confianza y que logren entender que mi acercamiento es algo serio. Lleva tiempo este proceso y es arduo, pero no concibo otra forma de acercarme a mis personajes.

¿Qué aprendizajes te va dejando el documental en estos años de rodaje?
Que es un formato maravilloso, muy ligado a lo espontáneo y muy libre- más que la ficción- ya que prácticamente -bien utilizado- todo es válido en el documental. En la ficción, si rompes ciertas reglas, se rompe el código. De todas formas, no veo una gran distancia entre documental y ficción, trato de estrechar esa frontera. Disfruto mucho de la producción de documentales, cosa que no me sucede en los tediosos rodajes de ficción y en los sets.

¿Cuál es tu próximo proyecto?
Estoy en la preproducción de un largometraje de animación, GILGAMESH, El Hombre que no quería morir, basado en la "Epopeya de Gilgamesh", el teto más antiguo de la humanidad, escrito hace aproximadamente 4000 años en unas tablillas de barro por la extinguida cultura Sumeria, que inventó el lenguaje escrito. Estoy asociado a Hookup, uno de los mejores estudios de animación de Latinoamérica, tenemos apoyo del INCAA y estamos por cerrar una coproducción.

Como este será un trabajo de largo aliento, también estoy trabajando en un nuevo documental sobre el pueblo gitano, centrado en gitanos que viven en Argentina.

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