Ximena Brennan
30/01/2013 18:32

Miguel Baratta y Patricio Pomares son los directores de El fruto (2010), film que mezcla la ficción y la realidad de la mano de un hombre humilde ya entrado en años. En una entrevista exclusiva con EscribiendoCine, los realizadores nos cuentan cómo encontraron este particular personaje y qué los motivó a retratar su historia. Además, nos hablan sobre el pequeño pueblo que sirvió de locación para el rodaje y de cómo decidieron trabajar juntos en este proyecto.

El fruto

(2010)

En la película claramente buscaron retratar con detalles (las manos, sus partes del cuerpo, la vajilla de su casa...) cómo vive Juan. ¿Qué es lo que más les conmovió de este hombre?
Nos tocó conocer a Juan (Juan Maidana) por las calles del pueblo de Carlos Keen. No teníamos a nadie elegido para el personaje principal de la película y nos preocupaba bastante. Dani Duarte, habitante de Carlos Keen y de gran ayuda en todo el proceso de la película, nos había hablado de un hombre que daba con el perfil que buscábamos y que si lo queríamos ver que fuéramos a tal hora al almacén de la cuidad que seguro lo encontrábamos.

Cuando lo vimos venir en su bicicleta supimos enseguida que era la persona indicada. Luego de hablar unos minutos (nosotros porque Juan solo nos escuchó) nos dijo que si, que lo iba a hacer.

No necesitamos más que eso y de ese mini encuentro ya se dejaba ver que lo que Juan nos iba a brindar, y a nosotros nos iba a enamorar, era el valor de la palabra. Su "si" bastó para que el compromiso esté a la altura de lo que requeríamos y aun mucho más.

Un hombre simple, que cuando entró en confianza con nosotros se brindó a pleno. Si estaba citado a las seis de la mañana en una esquina, llegaba seis menos cinco, listo para filmar, de punta en blanco y respetando todos los detalles que algún continuista debería marcarle. 

Luego de diez días de rodaje, entró en el corazón de todos por su honestidad, su simpleza y su sentido del humor.

Hay un entrecruzamiento entre la ficción y lo documental, ¿incluyeron elementos guionados o sólo filmaron su realidad?
El cruce entre ficción y documental lo tuvimos muy presente, pero quizás más en el proceso de escritura del guión que en el momento del rodaje. Muchas de las situaciones que atraviesa el personaje a lo largo de su recorrido fueron propias experiencias que vivimos nosotros en las idas al pueblo. Por ejemplo, la escena en la que Juan compra agua fue traducida de la propia vivencia de Patricio (Pomares); o la escena en la que los perros le tiran el plato de comida al nene, también fue una situación que se dio delante nuestro. Ese tipo de situaciones que a nuestros ojos resultaban extrañas o distintas, eran las que iban nutriendo el guión; sólo teníamos que estar atentos.

Durante el rodaje, más que nada, tuvimos muy en cuenta la selección del elenco. Queríamos que los trabajadores del guión fueran realmente los obreros reales del pueblo, que la curandera del guión le hiciera una cura real a Juan… Sin duda, esa decisión nos ayudó mucho y nos fue sirviendo de guía para no salirnos del camino que queríamos recorrer…

En cuanto a Juan en lo particular, creo que es lo menos documental de toda la película. Si bien él es parecido al personaje (de hecho se llaman igual) también tiene facetas muy distintas fundamentalmente en lo que respecta a su vitalidad y a su expresión corporal. Juan, el actor, es muy activo y está muy lejos de tener el ritmo lento y cansino que tiene el personaje del guión; pero hay algo fundamental en lo que se parecen que fue determinante para nosotros, que es en lo físico, pero desde el punto de vista del cuerpo en función del tiempo. Es decir, todo lo que nos imaginábamos nosotros que el tiempo, el sol, el trabajo, habían hecho en sus manos, en su rostro, en sus ojos, en su piel. Todos esos elementos eran innegociables para nosotros. Necesitábamos tenerlos porque en ellos se apoyaba el verosímil de la película.

¿A qué remite "el fruto"?
Es complicado… De la misma manera que las acciones que van desencadenando el universo de la película tienen un aspecto literal, también encierran símbolos y cuestiones que te acercan un poco al sub-mundo de la misma. Esa trama que se desarrolla por debajo de lo explícito y que la película intenta retratar en todo momento. 

Quizás "fruto" sea esa palabra que encontramos que nos ayudó a darle un poco de unión a esos dos mundos, a acercarlos un poco más.

La película habla en su mayoría de la soledad… sus personajes son claramente personas solas, ¿qué los llevó a retratar esa situación, ese sentimiento?
La primera imagen que tuvimos de la película fue “un viejo camina por la calle llevando un árbol”. Dónde va, para qué lo lleva, y todas esas preguntas que uno se hace para tratar de contar una historia, todavía no tenían respuesta y de alguna manera comenzamos a buscarla. Así, caímos en el pueblo con apenas unas ideas escritas. Eso fue muy importante porque fue el propio pueblo, con su realidad cotidiana, el que fue poblando las páginas del guión. De no haber existido ese procedimiento, no podríamos haber obtenido el guión que tuvimos, ni tampoco hubiéramos hablado sobre la muerte y la soledad. Esos temas aparecieron por sí mismos.

Conocimos muchas personas como Juan, pero también conocimos distintos tipos de soledades. Hay algo interesante en estos pequeños pueblos que se repite en muchos del interior, y es que por un lado, están atravesados por vías de tren que en algún momento le dieron vida y hoy están completamente abandonadas. Y por el otro, como consecuencia de eso, los pueblos tienen muy poca capacidad de inclusión laboral para los más jóvenes, con lo cual los adolescentes se van muy pronto de sus hogares a buscar trabajo en las ciudades aledañas (de ahí la ausencia de adolescentes en el relato). Todo eso, inevitablemente va dejando huellas…

¿Cómo fue la elección del escenario?
Carlos Keen fue la única locación que visitamos, teníamos una lista de posibles pero fue la primera y la única.

No podríamos marcar una cosa en particular que nos haya enamorado del pueblo como para elegirlo. Es una mezcla de factores y de sensaciones. Algo que corre en el aire de Carlos Keen, una mezcla de sus vistas, de su gente, de su silencio y de un montón de cosas más.

En cuanto lo vimos y lo recorrimos sentimos que ese era el lugar.

Lo que sí podemos remarcar es que dos personas hicieron que las puertas del pueblo se nos abrieran por completo y esa clase de ayuda, ese cariño para brindarse al proyecto de otros, fue el remate final de entender que habíamos tomado la decisión correcta. Hablamos de Daniel Duarte y Joaquín González, dos amigos que son del pueblo y que dieron todo por el proyecto sin necesitar nada a cambio.

¿De qué manera decidieron trabajar juntos?, ¿piensan encarar otros proyecto en conjunto?
En realidad el trabajo en conjunto fue más por decantación que por habérnoslo planteado.

Un tiempo atrás de que hiciésemos El fruto, habíamos hecho dos proyectos juntos: un cortometraje (Foul de Riesgo, 2005) y un mediometraje (Ensayos sobre el desamor, 2004) y la mecánica de trabajo fue muy buena. En ambos casos Miguel (Baratta) había venido con un guión terminado o en proceso y se encaró el trabajo en conjunto. Trabajamos muy bien en lo que respecta a lo técnico o plástico en la composición de encuadres y en el estar en el monitor durante la toma. Fue un proyecto con una confianza mutua también para trabajar con los actores y para poder plasmar en el guión lo que charlábamos en las reuniones de la previa a filmar.

Luego, en el proceso del montaje, se dio algo parecido al guión pero a la inversa; comentábamos qué nos parecía lo visto y confiábamos en nuestro criterio a la hora de sentarse en la computadora y hacer el trabajo técnico de cortar y pegar.

Con respecto a los trabajos de acá en más, por el momento estamos transitando caminos separados. Cada uno quería llevar a cabo sus respectivos proyectos personales y eso estamos haciendo.

Esta es una película que tiene la misma calma que su personaje, ¿cómo piensan que recibirán la película?
Uff… que difícil de responder. La verdad que a esta altura ya nos hemos acostumbrado a que no podemos conformar a todo el mundo. Habrá gente que la reciba con gusto y otros que no se identificarán en nada. Todo es válido y entendible. Quizás te podríamos decir que esperamos que la reciban con el respeto que tuvimos nosotros al momento de hacerla.

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