Ximena Brennan
14/01/2013 14:28

El austríaco Jakob Weingartner estrena este jueves 17 de enero su primer largometraje Boxeo Constitución (2012) en las salas porteñas, documental que relata diferentes historias en torno al deporte en las clases más bajas. En diálogo con EscribiendoCine, el cineasta nos cuenta desde Berlín los detalles de esta película que se presentó en el BAFICI del año pasado con entradas agotadas. Además nos habla sobre sus particulares personajes y sobre su interés por retratar realidades argentinas.

Boxeo Constitución

(2012)
8.0

¿Cómo llegaste a conocer el gimnasio subterráneo de boxeo?
Fue a través de una foto. En una exposición, vi la imagen de un chico pegándole a una bolsa en el gimnasio subterráneo de Constitución. El muchacho tenía una cara de piedra con ojos decididos. Esto me fascinó y bajé esas escaleras para conocer el contexto en donde se genera tanta dedicación. Lo que encontré fue un lugar aparte: una isla de ritmo y estructura donde cada tres minutos suena la campana, donde la jerarquía es vertical y muy clara, y donde son sólo hombres que se dedican a convertir sus cuerpos en máquinas de boxeo en una sala de montaje corporal. Cada estación entrena y disciplina una parte y una capacidad pugilística. Es la encarnación de la capacidad mental de usar su cuerpo como defensa y arma al mismo tiempo. De este modo, crean un espacio que se parece más a un monasterio que a un gimnasio de boxeo húmedo y oscuro.

¿En qué te basaste para elegir a los protagonistas de este tópico, entre ellos Federico, El Colo, El Chino, etc.?
Pasamos varias semanas en el gimnasio sin filmar, sólo charlando con la gente para conocer mejor su entrenamiento y su vida. José y Jonny, los entrenadores durante ese tiempo, fueron muy amables con nosotros después de superar su asombro total de cómo dos flacos altos pacifistas de pecho paloma de Austria y Alemania se interesan en un gimnasio escondido abajo de las vías de una estación de tren. Este contraste seguramente creó una tensión creativa entre el ámbito y sus representantes y nosotros: la famosa y problemática mirada desde afuera, con menos preconceptos, pero un potencial tremendo de malentendidos. Fue mucho laburo de superar esta brecha de idioma, de origen social y de visión del mundo, tanto durante la filmación como durante la edición. Espero que se note en la película.

Federico nos fascinó por su tremendo agarre. Durante ese tiempo, vivía un momento difícil con su familia, pero no obstante y quizás en consecuencia se lanzó al boxeo con mucha pasión. Es un chico con un gran talento de boxeador, muy seguro de sí mismo y bastante cerrado – es entendible, porque en su situación, no puede haber lugar a dudas o, como dice en la peli con respecto a su debut: "no me voy a permitir perder". Si tenés dudas durante una pelea, te knockean, es así de simple. Aunque nuestra relación fue difícil a veces (él quería dictarnos cómo representarlo) justamente este roce creó chispas y una energía importante para crear una nueva visión del boxeo y de sus protagonistas.

El Colo es una persona muy distinta. Buena onda, un amigo para salir a la cancha o tomar una cerveza en la vereda. Quizás un poco la parte opuesta a Federico, lo que ayuda a definir mejor los dos protagonistas. Viene de una familia muy acogedora con toda una tradición de peones rurales orgullosos de su trabajo. Como dijo en la película: "siempre tuve mi plato de comida, quizás por esto no tengo la violencia que necesita un boxeador".

El Chino me parece un muy buen boxeador, un verdadero luchador: listo, técnicamente avanzado y con un amor tremendo por el boxeo. Entrenó en la selección olímpica argentina, fue campeón sudamericano, pero no puede vivir de su arte - lo que te cuenta mucho sobre el statu quo del boxeo argentino.

José, el viejito entrenador, fue una elección lógica: es nuestro guía con una mochila gigante de malas y buenas experiencias. Vivía la época dorada del boxeo argentino, la de Nicolino Locche, Carlos Monzón y Ringo Bonavena; más tarde de Juan Martín Coggi, cuando sus púgiles recorrieron el mundo demostrando sus talentos. Ahora ve su trabajo más de la parte social, contiene a los chicos sin fines de lucro porque fue su vida y no puede vivir sin la fiebre pugilista.     

¿Tuviste alguna vez algún acercamiento al boxeo? ¿Cómo te interesaste en retratar este tema?
Soy de un contexto muy distinto. En los Alpes austriacos no había mucho boxeo y fue mal visto, quizás algunos hijos de los trabajadores extranjeros se dedicaban a esto, pero no mucho más. No obstante, tres de mis cinco hermanos se dedicaban al boxeo amateur durante su carrera académica - ahí me quedé impactado por el potencial del boxeo de crear un espacio particular y exclusivo en tu vida, algo que tenés que darle el 100% para avanzar, como una isla secreta que compartís completamente con otros jóvenes, todos en la misma con una sola meta: la de ganar la próxima pelea. Pero más allá de ganar la pelea (la mayoría de los que entrenan en un gimnasio no van a pelear nunca), el entrenamiento mismo te convierte. Dejás de ser una persona con fragilidades de identidad, pero vivís en una situación de crisis. No sabés bien cómo será el futuro porque la estructura social discriminatoria no te otorga posibilidades de avanzar, entonces te sentís marginado; dejás de sentirte víctima pero vivís el sueño de salir de ese gimnasio como ganador o, como lo dijo Federico: "se trata de ser alguien". Aunque en un contexto muy distinto, esto lo observaba en mis hermanos y quería explorarlo en un contexto en donde el boxeo no es una opción entre varios, pero en donde tal deporte verdaderamente se amalgama con la lucha diaria del sub proletariado argentino.

Tu documental encierra una clara denuncia por la defensa de los derechos de los boxeadores... ¿Cómo creés que se va a recibir esto?, ¿será posible que escuchen este reclamo y se implemente una ley?
El proyecto de ley me parece un proyecto fascinante y muy argentino. Estoy fascinado por este país y su tradición extraordinaria de lucha popular. En ningún otro país del mundo, no sólo no hay un sindicato de boxeo, sino que tampoco existe la pretensión de adoptar una ley que establezca el boxeo como un trabajo con todos los derechos que le corresponde. Y fijate que vivo en un país (Alemania) que tiene una gran tradición del sindicalismo progresista. Esta pretensión, aunque queda frustrada una y otra vez, es algo que respeto mucho y que me atraía de venir a la Argentina y conocer mejor el país dónde de un día para el otro se formó todo un movimiento en contra del neoliberalismo que inspiró a todo el mundo en el 2001. Aunque mucho cambió desde entonces y el país se encuentra en una situación difícil y de una dicotomía paralizante en este momento, me parece que hay que valorizar este potencial popular de soñar un mejor mundo, hasta en los gimnasios de boxeo, lugar que parece representar el darwinismo social del proletariado por excelencia. Entonces lo que me interesaba más de la cuestión de que se escuchen estos reclamos de parte de un elite judicial (lo que sólo llega a un cierto punto), me interesaba la dedicación de tomar el destino en sus propias manos y cambiar las cosas para un mejor futuro. El boxeo con todas sus contradicciones representa este deseo. Por eso me encantó hacer Boxeo Constitución aunque no soy fanático de ese deporte para nada.

¿Se te presentó algún inconveniente con los entrenadores o los boxeadores para filmar en el gimnasio o en sus hogares? ¿Alguna anécdota que nos quieras contar allí en el lugar de entrenamiento?
La verdad, todos nos recibieron muy bien y nos abrieron sus puertas amigablemente. El día después del estreno en el contexto del BAFIC, llamé a José para agradecerle. Antes no quería venir, me imagino que no sabía bien qué esperar. Pero cuando lo llamé estaba orgulloso y muy contento con la película; me dijo: "ahora siento que me puedo retirar". Me impactó mucho eso. No es poca cosa que un viejito de 76 años te diga que ahora se puede retirar, no se si hablaba sólo del boxeo en ese momento. José tuvo una vida turbulenta, seguramente se aguantó mucho y muchas veces no tenía mucho sentido lo que tuvo que vivir. Me imagino que la tercera edad es un tiempo de retrospectiva en dónde contemplas tu vida y ves el sentido a grandes rasgos. Estoy feliz de haber podido ayudarle en eso.  

¿Cuánto tiempo te llevó meterte en cada historia, luego rodar la película y después editarla y darle a todo el significado que le diste?
Filmamos durante medio año para tener una gran cantidad de material - empezamos a pulmón, muy cerca de los protagonistas, no sólo físicamente, sino también trabajando sin un peso. Después recibí una financiación del Ministerio de Cultura de Austria y ahí pude implementar una buena post producción en Alemania. Cuando presentamos la película, Jonny comentó frente al público: "Cuando nos dijeron que iban a venir dos chicos de Europa para filmar en el gimnasio, pensábamos que iban a bajar de una 4x4. Después de conocerlos, dije a José: Che boludo, pero estos son más pobres que nosotros!". Tengo la sensación que esta relación creó una horizontalidad con los protagonistas y el gimnasio. Sin esta base no hubiera sido posible hacer una película tan íntima. Me recibí de sociólogo, entonces fue muy natural para mi enfrentarme a este ámbito de esta manera, lo que en la sociología se llama "observación participativa". Involucraba meterme en el ring con El Colo (aquel que pega como una mula), y quería sentir un poco lo que se siente en una pelea. No terminó bien el asunto y andaba por el barrio durante un par de días con labios de Susana.

El proceso de edición fue largo; duró 3 meses. Filmamos mucho material y la película tomó su carácter final en la sala de edición. 

En resumen, te interesa mucho documentar los lugares, los hábitos y la gente de Buenos Aires... ¿Pensás rodar alguna ficción aquí?
Soy documentalista con todo mi corazón; la ficción inspira mi forma de filmar y contar historias, pero documentar la vida social me da mucha satisfacción. Quiero volver a Buenos Aires para filmar otro documental. Me interesa mucho la Murga porteña; para mi es la expresión más cargada de la cultura popular de la Argentina que reconquista las calles de todo el país. Los bombos, el baile, la poesía, todo esto le da un carácter único que no encontré en ningún otro lugar y me gustaría seguirla para presentarla al mundo.

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