Ximena Brennan
11/11/2012 14:25

Ezequiel Crupnicoff regresa al cine con Amor a mares, una historia ENcubierta (2012), una comedia romántica  protagonizada por Luciano Castro, Paula Morales, Gabriel Goity y Miguel Ángel Rodriguez, entre otros, que tiene la particularidad de haber sido filmada en un crucero, en el que viajaban pasajeros comunes, alrededor de todo el mundo.

Amor a mares, una historia ENcubierta

(2012)
6.0

¿Cómo fue filmar íntegramente viajando en un crucero?
Filmar una película de por sí es una gran aventura y filmarla arriba de un crucero es bastante particular. Primero porque se filmó en un lugar donde convivíamos con pasajeros comunes y eso hacía que toda la logística tuviese que acomodarse a esos tiempos. En ese sentido, había un montón de situaciones que se nos daban que en general en un set es diferente porque es un espacio más controlado y eso evita ciertos contratiempos. De repente en una escena de una fiesta de gala en la cual se suponía que ocurría en una noche, nosotros la rodamos durante el día porque luego se tenía que usar el restaurante. Esto implicaba que todos los extras de la película que eran los mismos pasajeros se fueran de donde estaban, por ejemplo de la pileta, y se vistieran de gala. A las dos o tres horas se cansaban y había que cambiarlos por otros y ponerle la misma ropa. También filmamos en tierra y nos teníamos que acomodar a los horarios del barco. Hicimos unas escenas en Málaga y eso implicaba tener una logística muy organizada en el lugar para poder subir al barco antes de que se nos vaya. Te diría que todas las veces que bajamos a filmar terminamos subiendo corriendo contra el reloj apurados porque el barco se nos iba. Siempre sacábamos una anécdota en particular en cada bajada.

También filmaron en otros países donde el crucero hacía escala ¿Cómo se las ingeniaban para  hacerlo?
Había lugares en los que nosotros no teníamos autorización para filmar y teníamos que si o si rodar igual. Ahí todo el equipo técnico bajaba con las cámaras escondidas dentro de mochilas. Fuimos al medio de la calle, sacamos los equipos, filmamos, los levantamos, nos tomábamos un taxi para ir a otro lado, etc. Esta película se ve grande en cuanto a producción porque tiene locaciones alrededor del mundo. Es muy atractivo el universo particular que tiene. Es un barco que va girando, pero por otro lado, no deja de ser una película argentina con recursos locales que nos obligaba a usar el ingenio para poder valernos de todo eso respetando la calidad y las características que necesitaba. En ese sentido la verdad que, hablando de la diversión, parte de la comedia de alguna manera te obliga a poner en el set una cuota de soltura y alegría, porque hay un montón de cosas que están en el guión y hay otras que necesariamente uno recurre al momento a ver que salen. Después hay cosas que no están escritas, como por ejemplo el gesto, el timing preciso; cosas que son muy necesarias en la construcción del ritmo de la comedia y que necesitás de un espacio que te permita llevar todo eso a cabo. Fue muy divertido hacerla y estamos muy contentos con el tipo de película que tenemos. Esto es lo que buscábamos desde el principio. Es una comedia más de género, como uno está acostumbrado a ver afuera.

Hablando de los actores y sus gestos, ¿qué te cautivó más de Luciano Castro para darle el papel de Javier, el protagonista?
La elección del protagonista no fue fácil porque nos proponíamos hacer una película de género que pudiera cautivar al gran público. Queríamos que el actor acompañara la propuesta de la película. Este tenía que tener una llegada masiva. Lo que me atraía de él es que hace unos años viene protagonizando tiras de horarios centrales en la televisión que lo convierte en un actor muy bien posicionado respecto del público. Tiene una audiencia que evidentemente quiere verlo y le gusta lo que hace y había un desafío. No es un actor particularmente de comedia y yo había tenido un contacto previo con él por otro proyecto. Conocía su buena predisposición para el trabajo y sabía que la propuesta implicaba un desafío para ambos. Por su parte, él tuvo que hacer algo de lo que no estaba acostumbrado, que implicaba un esfuerzo y un trabajo doble que significaba hasta una transformación física. Luciano Castro en ningún momento hace alarde de cómo se lo ve en las tiras de televisión habitualmente, que es algo más corporal y de galán. Aquí era todo lo contrario; se obligó él mismo a respetar las exigencias que yo le había planteado. Se tuvo que dejar una barba de dos meses, no tenía que tocarse el pelo, no pudo tomar más sol, le hemos puesto una panza falsa y nunca se ve ni un tobillo de él, está siempre tapado. Hubo una apuesta de él muy grande en transformarse y en ser un personaje que no tiene nada que ver a lo que él está acostumbrado a mostrar. La premisa de la película plantea un tipo que cae en medio de un universo que es completamente ajeno. El barco es pura diversión  y alegría y él es un personaje que desentona con todo eso. El personaje es un escritor y no le dedica tiempo a su cuerpo y tuvimos mucha confianza en que lo iba a lograr. Va a sorprender a todo el que lo vea. Van a encontrar a un actor que nada tiene que ver ni con lo que hizo ni con lo que uno está acostumbrado a ver.

¿Cómo se te ocurrió la historia y la idea de llevarla a un barco?
Para mi el mundo de los cruceros era un mundo completamente desconocido hasta que en el 2009 produje una serie de televisión que se llamaba Impostores, que protagonizaba Leticia Brédice y Leonardo Sbaraglia; una serie del mundo de los estafadores. En cada capítulo se planteaba hacer una estafa diferente y cada vez más grandilocuente. Llegando al final, que prometía una última gran estafa, me surgió el problema de que no lograba, de acuerdo a mis posibilidades productivas, encontrar cuál era la historia. Frente a esto, una mañana escuché que se inauguraba la temporada de cruceros que siempre es como un ritual que lleva meses y que genera un movimiento en la ciudad bastante particular. Lo escuché, me sorprendió y me di cuenta de que ahí había algo interesante. Los cruceros son pequeñas ciudades flotantes y había algo ahí que parecía interesante. En ese momento logré hacer un acuerdo con MSC Cruceros que recibió muy bien la propuesta. La experiencia fue muy divertida y positiva para todos y me vino muy bien para resolver el tema que tenía. Con ellos quedé muy bien así que se generó una buena relación y seguido a eso filmé para ellos dos producciones más, institucionales. Una noche descubrí que era un lugar espectacular para hacer una película porque ese universo nucleaba a 2.000 pasajeros encerrados en un lugar y porque de ahí no te podés escapar. Eso es muy común en el cine. Tomar un pueblo donde las interacciones entre los personajes son muy potentes. Eso los reúne y los obliga a estar juntos. Me pareció una idea espectacular y soy muy fanático de un cine más del género de las comedias de los años ‘50 o ‘60, una comedia de enredos, en las que a los personajes no les gustan las aventuras en las que se embarcan y me parecía que ese tenía que ser el tono de esta historia. Este escenario no es muy visto en el cine local, sí en el de afuera. Primero nació la idea, después el guión y había que desarrollarlo y ver si productivamente era posible. Convoqué al guionista, que entendió muy bien lo que quería hacer y nos pusimos a trabajar para encontrar la historia.

¿Y las personas de alrededor cómo reaccionaban?
Ese era el gran riesgo; ¿qué pasaba con el que había comprado el pasaje para el crucero y de repente se encontraba con 60 personas con quien tenía que compartir los espacios?. La experiencia previa de haber filmado en cruceros me permitió entender algo que era una regla básica: todo se terminaba cuando alguien saltaba y se quejaba por esto. Por esta razón, armamos un esquema de rodaje que iba a contratiempo de los horarios del barco. Tratábamos de filmar cuando no había gente, y si la necesitábamos filmábamos en los eventos en los que los pasajeros participan de actividades. Y la película se convirtió en una actividad. Ellos terminaban queriendo participar en ella. Todavía hoy nos llegan mails de personas de distintas partes del mundo que querían verse en la pantalla.

¿El tiempo de rodaje de cuánto fue?
Hasta hace dos semanas seguí filmando la película. Se filmó una parte arriba del crucero y una parte abajo; está como desmembrada en distintas etapas. Si tengo que calcular cantidad se semanas, son siete y ocho.

En la banda sonora de la película aparecen los Ratones Paranoicos y también el español Antonio Orozco. ¿Cómo fue la selección de estos temas?
Toda la música la hizo Guillermo Guareschi, que es un músico con mucha experiencia en películas y yo necesitaba a alguien que entendiese muy bien la historia y que pudiese encontrar en cada escena un momento musical. Después había dos momentos que reconocíamos como dos lugares centrales. Uno es cuando la historia de amor se pone por encima de la premisa de la película. Ahí se da la mayor aproximación entre el personaje de Luciano y el de Paula Morales y yo quería ahí un tema de amor. La gente de Metromo y Universal Music nos ofrecieron un tema de Antonio Orozco que estaba lanzando en Argentina y que está nominado para los Latin Grammys y que es el corte de su último disco. Me lo presentaron, me gustó, funcionó muy bien. El tema cayó en el momento justo porque ellos también estaban promocionando fuertemente el tema y vieron en la película un elemento de valor para hacerlo. Lo probamos y decidimos que formara parte de ella. Y para el final me interesara un tema que le dejara al público el espíritu de la comedia, de una historia divertida en la cual uno recorre un viaje durante 90 minutos. Quería un tema con mucha energía y lo conocí a Juanse de casualidad. Nos juntamos a almorzar y le conté lo que quería. Vio imágenes de la película y a las tres horas estaba con un CD en la mano para entregarme. Una propuesta de él muy acertada. El tema se llama El balcón de Julieta por el personaje de Paula.

Venís de ser asistente de dirección en Kamchatka (2001), La fuga (2001) y La suerte está echada (2005) y este es tu segundo largometraje. ¿Qué expectativas tenés con esta película?
A lo largo de mi carrera trabajé con muchos directores conocidos y otros no tan conocidos y la verdad que todas las experiencias lo van nutriendo a uno desde muchos aspectos. Llega un momento en la industria en que vas a seguir siempre como asistente de dirección o te convertís en proactivo y salís a generar tu propio proyecto para dirigir, cosa que es un trabajo exageradamente forzoso y tenés que tener un perfil particular para hacerlo; o bien tenés la oportunidad que tuve yo que es que en algún momento pasás a convertirte en productor ejecutivo, que es la mezcla de aquel que lleva la película artística y productivamente, una persona que mantiene la relación entre el director y el productor. Yo venía de asistir en varias películas, tuve la oportunidad de dirigir por encargo  Erreway, 4 caminos (2004), pero me daba cuenta que la elección de la carrera de director implicaba un trabajo en el que uno tenía que autogestionarse, en el que uno tiene que salir a buscar los propios recursos. Un trabajo de mucho desarrollo que estaba dispuesto a hacer. El producto de ahora es el resultado de la sensibilidad por mis años de experiencia en el ámbito de la dirección. Entonces en lo que uno espera siempre hay mucho nervio y mucha intención de que guste el trabajo que uno hace. Tengo claro que mis coproductores y yo tenemos mucha expectativa porque creemos en lo que hicimos, que está hecho para el público y guarda la coherencia. Es para una audiencia particular y pretendemos que llegue al gran público y que tenga el resultado que esperamos. Después hay otros factores en el medio que uno no maneja y por eso no tiene sentido preocuparse. Tenemos ganas de que la gente pueda recibir la película con el mismo entusiasmo y la misma alegría que nos da a nosotros cada vez que la vemos.

¿Qué proyectos a futuro tenés?
Estamos armando con mi productora una serie de televisión en la cual me involucro tanto en la producción como en la direccion. Y una próxima película que también tiene que ver con viajes con un modelo de producción bastante parecido a esta del crucero. También es una comedia y siempre pensando en una película de género y de industria que permita que la gente vuelva a ver cine argentino y que encuentre también lo que puede ver afuera.

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