Juan Pablo Russo
02/11/2012 12:39

El autor de Cocalero (2007) regresa al cine con Porfirio (2011), un film controversial el que se combina la ficción con el documental para recrear la historia de Porfirio Ramirez, un discapacitado motriz que secuestró un avión en Colombia con dos granadas escondidas entre sus pañales. “Porfirio, al igual que varios hombres en sillas de rueda que entrevisté en Colombia, quieren expresar lo que es el sexo o ir al baño para ellos. No lo quieren esconder, si no todo lo contrario: lo quieren ventilar”, cuenta en una charla con EscribiendoCine.

Porfirio

(2011)
8.0

¿Cómo te conectás con la historia de Porfirio Ramirez?
Leí el titular en un diario- hombre en pañales secuestra avión- y tuve una conexión instinctiva. Tres meses después, cuando Porfirio ya cumplía una larga condena de arresto domiciliario y yo filmaba Cocalero, decidí subirme a un avión, viajar a Florencia y tocarle la puerta a quien Colombia había bautizado como “el aeropirata”. A medida que regresé una vez y otra, y el mundo se olvidaba,  encontré el protagonista de esta película.      

¿Por qué la decisión de que los protagonistas fueran los reales y no actores?
Porfirio es Porfirio y su hijo es su hijo pero los demás están interpretando papeles distintos a su vida real, como es el caso quien hace de su mujer, una estudiante de enfermería.  También es así con los espacios físicos; su casa en la película no es su casa.  En realidad, Porfirio también está interpretando un papel; sus palabras nacen de un guión, las relaciones en la pantalla (salvo la de su hijo) no existen en la vida real y él se mueve en espacios que no son suyos y tal vez nunca ha visto antes en su vida. 

¿De qué manera trabajaste desde lo actoral con ellos para que pudieran interpretarse a sí mismos?
El trabajo con Porfirio fue de mecánica y confianza. Nunca le dí un guión pero pase semanas con él, filmándolo, y pidiendo que siga mi voz, repita frases, se mueva… Sabía que las emociones que yo buscaba estaban ahí, latentes, y mi idea era ganar su confianza para llevarlo a contextos donde esas emociones podrían palparse.  Quería crear situaciones donde podría esperar lo inesperado.   Por eso, aunque la puesta de cámara es estilizada, el movimiento de los personajes en el encuadre es natural.   

Hay otros personajes, como la mujer de Porfirio, que no es su mujer, pero vivió con él casi un mes antes del rodaje, bajo contrato actoral, para que brotará una complicidad natural.  En el caso de un personaje que hace de vendedor ambulante cuando en realidad es empresario, lo puse frente a Porfirio y la cámara con solo minutos de ensayo. Nació una conversación de tres minutos sin cortes, con el mejor humor de la película.

¿Fue costoso convencerlos?
Porfirio se convirtió, por su propia mano, en un personaje antes que apareciera yo.  Cuando toque su puerta, ya era “el aeropirata.” La naturaleza de su crimen delata su deseo de hacerse ver y sentir; aproveché esa chispa dramática, para luego convertirlo en protagonista de la película - aunque no se lo dije sino días antes de comenzar a filmar-.  Al principio, el quería que Jean Claude Van Damme haga de Porfirio.

Si bien el desencadenante de la película fue el secuestro del avión, la trama no parte desde ese lugar sino desde la problemática de un hombre encerrado en su propio cuerpo, y tampoco hay una explicación sobre el suceso. ¿Por qué está decisión argumental?
El hecho que la película esta basada en hechos reales hace al espectador desear lo concreto pero opté por una arquitectura de emociones antes que una ingeniería argumental.  El suceso se vive pero como un sueño. 

La película traza un círculo: arranca y termina en el mismo lugar. Me interesó encarar un caso de violencia extrema pero sin recreación o espectáculo sin balas, sin sangre si no con un fuerte murmullo. Revelar la cara humana de la violencia es más interesante para mí.

¿Sentís que Porfirio es una película de rupturas estilísticas y  géneros en el que se juega al documental desde la ficción y viceversa?
Filmo lo que me gustaría ver. Y aunque creo profundamente que en la forma hay mucha emoción, no partí desde una premisa formal si no sensorial. Porfirio no recrea momentos si no genera nuevos dentro de un mundo que solo existe en la pantalla; robamos fragmentos de lugares y personas que existen (o no) para crear una realidad imaginada.  Eso es lo que genera en el espectador algo nuevo, algo incómodo, tal vez hiperrealista.  

El cuestionamiento más allá de lo formal que se le hace a la película es si era necesario exponer a Porfirio Ramirez a algunas situaciones extremas desde lo corporal y fisiológico ¿Cuál es tu justificación a la hora de elegir mostrar situaciones que desde ya sabías que iban a ser controversiales?
Todo forma parte integral del protagonista de fondo de la película: un cuerpo y la idea de ese cuerpo como cárcel de un alma.  Eso a su vez juega con la forma de la película pues, en esencia, el cine es eso: el movimiento y relación de un cuerpo dentro de determinado tiempo y espacio.

Puntualmente, hay un momento que su hijo ayuda a Porfirio a defectar. Ese momento plasma perfectamente el revés de papeles que existe en esa relación padre-hijo y la complicidad inusual que luego permite que se encuentren, como colaboradores, en un avión con dos granadas en un pañal. 

Porfirio, al igual que varios hombres en sillas de rueda que entrevisté en Colombia, quieren expresar lo que es el sexo o ir al baño para ellos. No lo quieren esconder, si no todo lo contrario: lo quieren ventilar. Respeto la decisión de alguien de no querer verlo, pero no creo que sea por respeto a alguien si no por otra razón ¿Tal vez miedo?   

Porfirio abrió el festival más importante para personas con discapcidades físicas en Francia y sus curadores me dijeron que fue por eso: por la ausencia de miedo.

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