Constanza Tagliaferri
23/10/2012 16:42

En Rawson (2012), documental dirigido por Nahuel Machesich y Luciano Zito, se cuenta la historia de un poblado que calló, mediado por el temor o la complicidad, los años en que la cárcel de esa ciudad funcionó como lugar de detención y de tortura de presos políticos. En una charla con EscribiendoCine el realizador, guionista y protagonista del film nos cuenta que lo llevó a indagar sobre ese misterioso pacto de silencio del que toda una ciudad forma parte.

Rawson

(2012)
8.0

De esta cárcel de máxima seguridad se fugaron, en agosto de 1972, miembros de organizaciones armadas que, más tarde, fueron fusilados en lo que se dio en conocer como Masacre de Trelew (hecho documentado por Mariana Arruti en su film Trelew).

La línea argumental viene a saldar un cuestionamiento que en los últimos ocho años se adueñó de Nahuel Machesich, quien confiesa, “era una obsesión que tenía y que se hizo película. La idea era contar lo qué me pasaba a mí con la cárcel de Rawson”. Nacido y criado en dicha localidad, el disparador para Nahuel fue una duda sobre sí mismo: cuánto lo había condicionado el viento incesante del desierto patagónico y el silencio de la comunidad entorno a la cárcel. El film incluye a su director dentro del encuadre y se convierte en la expedición de un investigador que entrevista a lugareños, familiares y amigos, a la vez, que es captado en otro viaje, más íntimo si se quiere, el que desanda el pensamiento de Nahuel en una voz en off.

¿Si hubieses permanecido en Rawson este documental habría salido a la luz o tomar distancia ayudó a tomar una posición?
A los 18 años me vine a estudiar Ciencias de la Comunicación a Buenos aires. Dejé de vivir definitivamente en Rawson, sólo iba en vacaciones de verano. Creo que si no me hubiese ido, la distancia no me hubiese permitido ver lo que pasó. Recuerdo haber estado caminando por la calle Moreno de Buenos Aires, en el año 1996, y leí una pintada que decía “La sangre de Trelew no será negociada”. Ahí empecé a investigar sobre la masacre de Trelew y me metí en el tema. Primero de un modo más inorgánico y después con más rigurosidad. Si yo no hubiese tomado distancia de mi ciudad, no hubiese empezado a cuestionarla. La distancia hace que uno se pueda cuestionar ciertas cosas.  Es inevitable que uno tenga ciertas tensiones emocionales porque uno increpa a tus padres, tus amigos, tus padrinos y gente que uno conoce de toda la vida.

Al comienzo de Rawson, resulta interesante el modo en que las entrevistas conservan la posición propia de un investigador que no media su mirada personal sobre el asunto ¿Cómo se plantearon abordar a los entrevistados?
Quería que las entrevistas sean fluidas como una conversación, sin señalarlos con el dedo responsabilizándolos. Ese no era el objetivo de la película. Yo quería correr del perfil de CQC, meter el dedo, cuestionar, hacer un show. En ese sentido, la película es bastante austera, desde la música, los planos, la puesta en escena, mi participación. Así es cómo se logró que los testimonios fueran auténticos. Con muchos ya había hablado antes unas dos o tres veces, aunque también surgieron preguntas en el momento, nunca antes charladas.

A lo largo del film, la presencia de Nahuel se parece a la representación ficcional de un investigador. ¿Cómo trabajaron la puesta en escena?
Cuando empecé a investigar sobre el tema, le dije a Luciano Zito que no quería aparecer en pantalla. Él me insistió que sí lo haga porque todo el tiempo era yo el que atravesaba  el conflicto de la cárcel en la ciudad. Hay partes claramente ficcionalizadas en donde yo hacía el trabajo de investigador en el lugar de los hechos. En este sentido, había una puesta en escena en la conversación con las personas. Las escenas en las que yo “hago de cuenta que”, es lo mismo que hacía cada vez que viajaba para allá. Por eso, no me sentía raro haciéndolo.

La película, casi como un hallazgo, incluye imágenes de Jorge Tomasso, un ex agente de la penitenciaria que posee una causa abierta por delitos de lesa humanidad, mientras jugaba a las cartas con amigos en un club barrial como si el pasado no existiera. ¿Cómo fue la metodología de abordaje?
Para nosotros era importante que él aparezca en la película. Nos interesó indagar sobre lo que hoy pasa en la sociedad de Rawson con ese personaje. Por eso, cuando nos encontramos con él, no quisimos increparlo al modo de CQC, creemos que no era el propósito de la película y que de eso se encargará la justicia en su momento. A nosotros nos interesaba más ver qué pasaba alrededor de él, con la presencia de un represor que vive como si nada hubiese pasado.

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