Constanza Tagliaferri
17/10/2012 13:17

Tras su paso por el género documental, el cineasta Blas Eloy Martínez (La Oficina, 2005) estrena su ópera prima de ficción El Notificador (2011). El film mezcla humor absurdo con biodrama y, sin ser autobiográfico, recrea la vida de Eloy (Ignacio Toselli) como oficial notificador, labor que el director desempeño por diez años y conoce desde adentro. En exclusiva para Escribiendo Cine, el realizador cuenta cómo fue la experiencia.

El Notificador

(2011)
6.0

La historia cuenta la vida de un oficial notificador que, desde algún subsuelo oscuro del poder judicial, le encomiendan lo que en apariencia sería un trabajo sencillo: poner a otros al tanto de citaciones judiciales, avisos de desalojo, certificaciones psiquiátricas y, para los más afortunados, alguna declaratoria de herederos. El Notificador trata sobre la vida minúscula de su personaje Eloy –nombre en clara referencia al director-, un mundo repartido entre una oficina repleta de papeles, los domicilios a los que visita y, por lógica, también las calles de la ciudad. La rutina está pautada: liquidar cientas de notificaciones por día y evitar que se acumulen. El tono será el del humor, al comienzo, pero la urgencia de Eloy por cumplir con su trabajo, lo absorberá por completo y la absurda alienación del trabajo dará ingreso a un interesante drama psicológico.

Como hijo del prestigioso escritor Tomás Eloy Martínez -también periodista y crítico de cine-, el director recuerda las marcas de su progenitor en su vida personal y lo que más tarde resultaría ser su profesión: "creo que mi viejo me influenció, en primer lugar, en el amor por el cine. De él heredé la pasión por el medio, y también el interés por la búsqueda de cosas nuevas, el amor por el descubrimiento, incluso corriendo el riesgo de cometer errores en el camino."

¿Cómo surge tu interés por contar la peculiar historia de un notificador judicial?
En 1997 yo era estudiante de la Universidad del Cine y nos encargan hacer un trabajo en video. Lo que yo tenía más a mano era mi trabajo como oficial notificador, en el cual ya llevaba unos siete años. Así que grabé material durante dos días. Cuando lo mostré, a todo el mundo le encantó y les pareció que ahí había una película. Así que grabé un poco más. Pero después la Corte Suprema de Justicia, que en ese entonces tenía nueve miembros, prohibió el documental. Pasaron siete años hasta que finalmente la prohibición se terminó y pude finalizar el documental, que terminó llamándose La Oficina. En el interín, a Cecilia Priego, directora de Familia Tipo (2009), se le ocurrió que debíamos hacer una ficción con aquellas cosas que no habíamos podido mostrar. Ese fue el disparador de El Notificador y su mundo. Pero había algo más que yo quería mostrar y era la relación que tenemos con el trabajo. Lo alienante que puede ser y la dependencia que tenemos de él. 

Dado que la evolución anímica/psíquica del protagonista marca los tiempos del desarrollo de la película y la representación del proceso de su alienación es el mayor gran desafío narrativo, ¿Cómo se plantearon junto a la co-guionista Cecilia Priego el trabajo de guión? ¿Cuánto tiempo el tomó  desarrollarlo y, luego, filmarlo?
Empezamos en 2005 y recién tuvimos una versión aceptable en 2007. Teníamos claro que la película debía ser un viaje psicológico por la cabeza del personaje. Y también sabíamos que no queríamos hacer una película convencional porque el tema no es muy convencional aunque sí es bastante universal. Cecilia Priego maneja la estructura mejor y yo me dedico más a los climas y a los diálogos. Así que charlábamos mucho y debatíamos sobre el personaje y luego yo lo volcaba en papel. Después, el guión sufrió varios procesos de cambio y perdió un tono fuertemente político que inicialmente tenía y se ancló mucho más en la realidad. O por lo menos mucho más de lo que yo hubiera querido. Yo extraño ese viaje que había hacia la propia imaginación de Eloy, el personaje principal. En 2010 empezamos la filmación luego de idas y venidas, porque no contábamos con mucho presupuesto, y rodamos durante cinco semanas en las cuales obtuvimos prácticamente todo, excepto por las tomas del tren, que se grabaron un año después.

Previamente, realizaste el documental La Oficina que también trata sobre el universo de El Notificador ¿Se lo puede considerar como una etapa inicial de lo que finalmente surgió como tu opera prima de ficción? ¿Se relaciona con algo que haya quedado pendiente y no se haya contado en el documental? ¿Cómo se desarrolló, posteriormente, el trabajo de ficción?
Sí, evidentemente están relacionadas y se complementan. Porque mientras La Oficina es una descripción de la burocracia y la insanía en una oficina por donde pasan todos los juicios de la Capital, El Notificador es una reflexión sobre la relación nuestra con el trabajo, sobre cómo la estabilidad laboral y la comodidad del trabajo nos pueden hacer crear una burbuja donde vivimos en un mundo aparentemente controlado y sobre cómo podemos o no quebrar esa burbuja. Si se quiere, El Notificador es la respuesta abstracta y psicológica a La oficina.

Es sorprendente la cantidad de actores reconocidos que -destacados por sus trabajos en cine, teatro y televisión, Ignacio Toselli, Ignacio Rogers, Susana Pampín, entre otros- pueden encontrarse en el film. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con ellos?
La verdad tuve mucha suerte de que trabajen esta película. Ellos son una parte fundamental de El Notificador. La otra parte es el equipo técnico que trabajó. Nacho (Ignacio Toselli) fue un hallazgo. No en términos actorales, porque Nacho ya era un actor genial antes de trabajar con nosotros, pero sí en términos humanos. Es una persona de fierro que se bancó la cámara durante cinco semanas. Esta es una película donde el protagonista aparece en el 99% de las escenas. Si el protagonista se caía, la película se caía. Y él se bancó ese peso y esa responsabilidad. Es además, una gran persona, cosa que facilita cualquier trabajo. Lo mismo podría decir del resto de los actores. Todos están estupendos. Hablar de lo extraordinario que es cada uno de ellos me demoraría todo el día. La verdad es que no puedo decir que haya sido difícil dirigirlos. Me la hicieron muy fácil. Y por si fuera poco, Cecilia Priego hizo un trabajo muy intenso con ellos durante el rodaje. A ella le debo gran parte de lo que se ve en la pantalla. De la misma manera de que a Mercedes Muñoz le debo la exhaustiva búsqueda que hizo de los actores. 

¿Cómo percibiste la recepción de la película en los festivales? ¿Cuál es el recorrido de proyecciones previstas para El Notificador?
Creo que le fue bien. Sé que no es una película para todo el mundo. Claramente no fue pensada como una película para agradar. Hubo públicos como el italiano o el inglés, que la disfrutaron mucho. Y hubo lugares donde tuvo una inusual recepción. Y son dos lugares dispares, si se quiere: La Habana y Nueva York. Sobre todo en este último lugar, los espectadores entendieron la película en niveles impensables, incluso en aquellos aspectos más psicológicos que no tienen por qué ser detectado por un espectador común, o ciertas informaciones de la voz en off que no son fácilmente detectables. Fue una experiencia muy satisfactoria. 

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?
En lo inmediato, espero poder estrenar el año que viene Perón Perón, un documental en primera persona en el que venimos trabajando hace bastante tiempo con Cecilia Priego. El documental toma como materia prima la entrevista que mi padre le hizo a Perón en Puerta de Hierro durante cuatro tardes. A partir de ahí, me hago una pregunta disparadora: qué pasó en esas cuatro tardes para que la vida profesional de mi padre cambiara tanto, para que él se obsesionara con Perón al punto tal de dedicarle más tiempo de su vida a él que a sus propios hijos. Además, estoy terminando el primer borrador de Estos son los condenados, sobre un grupo de jueces itinerantes que deben llevar adelante juicios en aquellos pueblos donde no hay cortes. No era mi intención hacer otra película de ficción dedicada al tema judicial, pero se dio así.

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