Juan Pablo Russo
08/10/2012 17:28

Hernán Musaluppi y su productora Rizoma han brindado películas como Medianeras (2010), Whisky (2004), No sos vos, soy yo (2004) o Los guantes mágicos (2003), entre otras. En [#Libro,263] (Capital Intelectual, 2012)  el productor desnuda la intimidad de su profesión mezclando la ficción con la realidad en un libro que abre el debate.

Medianeras

(2010)

Hernán Musaluppi se recibió de guionista, aunque no muchos lo saben, estudió Letras y dice que se hizo productor casi de casualidad. “Encontré en la producción el espacio creativo que pensé que no iba a encontrar. Eso me satisfizo durante bastante tiempo la necesidad de creatividad. También trabajo bastante en política cinematográfica y doy clases. Entre la actividad política y la docencia me pareció que no había material bibliográfico sobre la producción, si teórico pero no material que abriera una discusión”, comenta en una charla con EscribiendoCine acerca de los motivos que lo llevaron a escribir un libro.

Luego agrega: “Empecé a escribir como un manual más académico y después terminé en una especie de diario íntimo que tenía opiniones sobre cualquier cosa. Un día agarré esos textos y los mezclé con los de producción para ver que quedaba. Ahí encontré esa forma medio confesional del libro, esa especie de crónica, en algún punto es ficción pero te da la impresión de realidad que me servía para la parte más personal que es la relación de uno con su profesión. Ahí es donde se me mezclaron las cosas, yo estaba escribiendo un manual que se filtró con una cuestión más personal”.

¿En cierto punto es un libro autobiográfico?
Lo que tiene de autobiográfico sirve para una discusión más conceptual sobre la coyuntura cinematográfica, ya que tiene que ver con como lo traspasa a uno su propia profesión o que pasa cuando la profesión es tu vocación. Ahí está la discusión. Medio en chiste medio en serio para mí es un libro de ficción.

¿Creés que la gente del sector debe abrir una discusión?
El ego es muy grande en el mundo del cine, nadie está dispuesto a compartir ideas. Gustavo Taretto es un tipo increíblemente sabio en ese sentido, es un tipo que acepta cualquier cosa y después decide. Hay un sentido de pertenencia muy fuerte de los directores hacia las películas. Y es un error,  porque no dejan de ser de ellos las películas. Cuando vos ponés una película como ejemplo menor o peor no estás hablando mal de la película ni del director, estás hablando de que por ahí pensás distinto. Acá no se puede pensar distinto y uno por ahí le hecha la culpa a los gobiernos o a cualquier cosa, y lo que yo descubrí es que el propio sector del cine es muy poco amable en ese sentido. Es medio frustrante porque el cine se hace a partir de la discusión colectiva, no es pintar un cuadro hacer una película. El nivel de susceptibilidad del medio cinematográfico es demasiado alto.

¿Qué temas se deben poner hoy en la mesa de debate?
El problema de no debatir es que finalmente en todo el mundo las películas se hacen con sistemas públicos que deberían responder a la necesidad del sector, si uno no discute acerca de que cine quiere tener después los sistemas no funcionan y la gente tiene que filmar fuera del sistema. Las grandes películas tampoco son negocio porque los topes de subsidios tampoco funcionan. Eso no es culpa del estado, las políticas de estado son un reflejo de la necesidad del sector. En ese sentido hay que discutir, y en el sentido de que películas hacemos.

También hay gente que se corta sola y trabaja por fuera del sistema
Hay algo de la discusión donde todos los sectores deberían participar, sobre todos los más chicos, porque los pibes que filman por fuera del sistema tienen que ponerse los pantalones largos y sentarse a discutir la política. Se ha hecho. Nosotros lo hicimos y había como cierta cuestión de entender que a uno le den espacio. Hay toda una comunidad que necesita consensuar cosas.

¿Considerás que el espectador es reticente al cine argentino?
La gente no es que no ve cine argentino porque somos unos genios incomprendidos. Hay películas buenas, regulares y malas. Pero para mí el piso de calidad es mucho más bajo que antes. Creo que todos, productores, crítica, festivales, hemos bajado el piso de exigencia y eso no está bueno. Hoy la película de Adrián Suar (Dos más Dos. 2012) no hace dos millones de espectadores como debería. No digo exigencia a la francesa de hagamos películas finas,  hablo de un nivel de trabajar más, de formarse, capacitarse, discutir, desde ahí también se construye.

En los últimos años hubo un incremento de la producción cinematográfica local ¿A mayor cantidad menor calidad?
Cómo diría César Luis Menotti hay directores técnicos y entrenadores. Hay cosas que se muestran y hay películas. Que se yo. No se puede hacer tanto, pero el problema es como hacer menos y no dejar gente sin laburo. El tema es que estamos en un momento cinematográfico donde el cine es parte de una cuestión audiovisual que excede la idea del cine y la pantalla. Cambió el paradigma de exhibición y por ende hay producción y hay negocio. Andá a decirle a un director que no filme una película y haga una serie, donde queda el ego de ese tipo.

¿Hay un cine que debe ir directamente a la televisión?
Hay mucha película que yo produje que aceptaría que no fueran al cine. Porque no tenés espacio, uno no tiene conocimiento del mercado. Whisky hizo 80.000 espectadores mientras "3", ¿Cómo recuperar a tu propia familia? (Pablo Stoll, 2012) consiguió solo tres mil. Hoy no acepta el mercado a esa película y para que la acepte me tengo que endeudar durante un año. Hay algo que cambió. Hay que adaptarse y discutir como es esto para después discutir políticas cinematográficas. Es muy fácil decir hacemos 150 películas, pero para quien las hacemos, para qué. No es que solamente la gente no las ve, que es algo relativo, es que no es rentable ni para quien la hace. La gente cobra menos, los productores se endeudan, las películas son peores y después la gente no las ve.

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