Ximena Brennan
12/09/2012 15:35

Hasta el 19 de septiembre se desarrolla en Buenos Aires el 12 Festival de Cine Alemán. El actor Vinzenz Kiefer, protagonista junto a Alba Rohrwacher de Felicidad (Glück, 2011) de Doris Dörrie, film que oficia como película de apertura, visitó por primera Argentina y habló en exclusiva con EscribiendoCine.

Felicidad

(2011)

¿Cómo fue para vos interpretar el papel de un chico de la calle, dado que tu aspecto es muy distinto?
Fue muy interesante para mí hacer este papel. Tiene poco que ver conmigo, ya sea por mi aspecto exterior y por mi carácter, estilo de vida y cambios personales, pero realmente fue muy interesante. En la preparación del papel me fui encontrando con distintos punks que vivían en la calle y estuve ayudando en algunas instituciones que reparten comida a los indigentes y los ayudaban mucho. Fue una experiencia de mucho aprendizaje. Ver la vida de esas personas desde otro punto de vista y también ver la persona que está detrás de esa imagen externa que uno quizá ve como otro y se aleja. Además fue muy divertido. Por ejemplo, hay algunas escenas en las que como punk tenía que pedir dinero en la calle y eso lo hicimos con cámara oculta. Fue muy interesante ver cómo la gente lo registraba, si me ignoraban, cómo reaccionaban.

Participaste también en películas norteamericanas, ¿qué diferencias podés establecer entre el cine de los Estados Unidos y el alemán?
La principal diferencia que veo entre uno y otro es que en los Estados Unidos hay mucho más dinero para las filmaciones. El trabajo en sí es prácticamente igual pero el tema está en la mayor cantidad de recursos que tienen disponible y eso nos da más tiempo para trabajar en cada escena. Cuando en Alemania se filma una o tres escenas en un día, en Estados Unidos podés ensayar una escena durante dos semanas y hay seis días para filmar esa única. También que tengan mayor cantidad de fondos para cada proyecto trae consigo que en las producciones norteamericanas para cada trabajo hay una persona. Es decir, vos tenés a uno que está con la cámara sentado atrás del camarógrafo que le dice cómo tiene que filmar y hay uno que se dedica exclusivamente a hacer el foco, etc. Estos trabajos en una producción alemana lo hace una sola persona. Entonces a veces se puede dar más calidad también. Al dedicarte a una sola cosa podés dedicarte más y estás más concentrado en esa única función tuya que tenés que si estuvieras haciendo mil cosas al mismo tiempo. Hay genios que sí lo hacen pero bueno… esa sería la principal diferencia.

Ésas son las diferencias en cuanto a lo técnico más que nada, ¿y en cuánto a la estética?
La diferencia estética en realidad depende mucho del realizador. Yo no podría decir que hay una estética americana y una alemana en las películas en las que yo trabajé. Puede pasar perfectamente que estés trabajando en Estados Unidos y que el camarógrafo sea alemán. Es difícil diferenciar eso. Si filmo una película norteamericana en Alemania trabajo con los mismos iluminadores y los mismos camarógrafos que si trabajara en una alemana. Es el mismo personal. Podría establecer una diferencia de película a película más que entre los dos países.

Contános de que manera trabajaron con Alba Rohrwacher, ya que se nota que hay mucha química entre ambos
A Alba Rohrwacher no la conocía de antes, la conocí en el casting. Enseguida nos dimos cuenta de que había muy buena química. Antes de filmar, en la preparación de la película, desarrollamos una amistad. Yo le mostré Berlín para que nos fuéramos conociendo más, dado que ella es extranjera. También hicimos ensayos junto con Doris Dörrie, la directora. Y también hicimos juntos un workshop y un taller de clown; todo esto era parte de ir formando una relación para después poder trabajar de la mejor manera. A nivel trabajo, fue muy interesante y me encantó. Ella trabaja muy bien, es una muy buena actriz, muy auténtica, la veo muy preparada siempre, con reacciones muy auténticas frente a la cámara y otras situaciones, es una persona que tiene mucho compañerismo, tiene mucho espíritu de equipo. No hay que estar actuando todos alrededor de ella, sino que realmente aportaba a la escena más globalmente con todos. Todo esto teniendo en cuenta además que ella estaba trabajando en una lengua extranjera con su acento ruso. Yo no puedo tanto entender esto porque no era un extranjero trabajando con otro idioma, pero seguramente fue una exigencia laborar bastante fuerte para ella. Me gustó mucho y trabajaría nuevamente con ella y recomiendo a cualquiera que busca una actriz auténtica que trabaje con Alba, porque es una persona muy talentosa.

¿Cómo te llegó la propuesta para hacer esta película?, ¿qué te atrajo más?
La propuesta me llegó por el camino estándar. Fui invitado al casting por parte de la agencia. Me puso muy contento que me llamaran y para mí es un honor trabajar con Doris Dörrie. Yo ya había trabajado con el productor (Oliver Berben) así que no eran personas extrañas para mí. Yo fui sabiendo que una película con Doris y con él iba a ser de mucha calidad, porque a eso tienden siempre ellos. En cuanto a qué fue lo que me convenció y me atrajo más, realmente no hizo mucha falta convencerme mucho para hacer este papel. Es muy bueno el rol que me tocó, me interesó enseguida y me tomó meses de prepararlo y hacer toda la transformación hasta llegar a ser Kalle. Es muy interesante, es una buena historia, el libro está bueno y el equipo que había, trabajar con la gente de Constantine Films y con todos los demás, como dije, ya es el nivel máximo de calidad. Es todo lo que uno puede esperar como actor a nivel de las condiciones de trabajo que tienen que estar dadas para que uno participe de un proyecto. Es una película de mucha calidad. Con todo esto ante mí ya estaba convencido automáticamente de hacerlo. Los actores pasan mucho tiempo esperando a tener un gran papel y que a mí me haya llegado éste y en este momento está muy relacionado con el nombre de la película; Glück es felicidad pero también es suerte en alemán, fue como un signo y todo eso me cerró redondo.

Contános como te sentís en tu primera visita al país
Bueno, ya tomé mi primer mate e hizo su efecto (se ríe). En primer lugar me sorprendió la invitación para participar en el festival. Es una alegría, un honor y un orgullo que mi trabajo guste tanto como para invitarme para representar la película. Por suerte también estaba con tiempo para venir y estoy muy contento de poder haber aceptado la invitación. El viaje en avión fue muy largo y vi muchas películas en el respaldo del asiento (risas). Con respecto a la Argentina, estoy feliz de conocer el país y la ciudad y tengo muchas ganas de conocer más porque llegué hace muy poquito.

¿Tenés alguna expectativa en la recepción local de Felicidad?
Se poco de la mentalidad de la gente de aquí y de qué películas realmente les gusta. Sí puedo decir que también en Alemania fue una película que tuvo que buscar su público. Es una película que tiene un cierto nivel de exigencia, no es un cine pochoclero, ni de acción, ni con efectos 3D; aquí no lo van a encontrar. Requiere más un interés en cómo es la vida en otros estratos sociales, cómo se manejan las relaciones allí, es una película para pensar y que uno tenga que estar dispuesto un poco a involucrarse y estar abierto para poder entender bien la película. Y si ocurre esto, será una muy buena experiencia para todos. En Alemania es lo mismo. No es la película clásica que se muestra en los cines, pero espero y creo que, al igual que allá, encuentre su público aquí y guste y sea apreciada por lo que es.

¿Se te presentó algún otro proyecto en el que participar?
Recién termino de filmar una película que también tiene cierto nivel de crítica social, pero es de acción. Es una idea más de futuro y sobre qué pasaría si la situación económica sigue así en un futuro. Es algo parecido a Robin Hood. Se trata de un grupo que roba bancos para devolverle al pueblo lo que es suyo. Yo no soy el Robin Hood pero participo en esta película. Este año y por ahora no tengo más nada.

Fotos: Fabián Malavolta

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