Ximena Brennan
10/09/2012 01:01

El próximo jueves llega a los cines argentinos La cola (2012), dirigida por Ezequiel C. Inzaghi y Enrique Liporace, en la que además actúan. En una charla exclusiva con EscribiendoCine, Ezequiel nos habla sobre este proyecto que tardó un tiempo en llegar a estrenarse, sobre sus planes para el año que viene en cine y su debut como dramaturgo y director teatral.

La cola

(2012)
6.0

Esta película toca varios temas importantes de la actualidad: la dificultad para conseguir un empleo, los sindicatos, cuando los hijos se van afuera, el ritmo letárgico de la ciudad y fundamentalmente la fe de un hombre, ¿cómo se les ocurrió construir el guión para que acapare todos estos tópicos tan actuales y cómo incorporaron la religión como pilar del relato?
Hay un denominador común que tiene que ver con el trabajo y la dignidad. No es casual que la fe esté asociada a San Cayetano, Santo Patrono del Trabajo. Teniendo como eje conceptual el trabajo y con los ojos puestos en nuestra realidad latinoamericana, todos los temas que señalás van surgiendo casi naturalmente. Y si nos ponemos a profundizar un poco, cíclicamente toman vigencia. La letra de la canción final de la película que escribí, señala en su estribillo: “Perdemos el norte, unidos al sur, culpando a los otros, cargamos la cruz. La historia en su rueda nos vuelve a girar, siempre nos obliga a volver a empezar.” Creo que es un buen resumen poético de esa idea conceptual. Lo importante, como dice también la canción, es “que avance la cola”.

Se observa en la película mucho vocabulario soez y gestos obscenos que parecen un tanto exagerados adrede, ¿por qué enfatizaron tanto en esto?
Tiene que ver con la marginalidad y la composición de los personajes que la película retrata. Apostamos fuertemente a eso.

¿Se puede decir que la película quiere transmitir el mensaje de que no hay que perder la fe por nada del mundo?
La fe es una creencia que va por la vía opuesta de la razón. Cuando rezamos y pedimos a Dios o a un santo, la fe se asocia a la esperanza. La esperanza tiene que ver con la espera. Y finalmente, la espera tiene que ver con la cola. Algunos quizás puedan creer que solamente con la fe podemos conseguir un trabajo, alcanzar nuestros sueños, construir un gran país. Pero si cada uno no hace su parte, como señala el Padre Antonio en la película, nos quedamos sumergidos en la inacción, en el letargo, en la víspera de lo que podemos llegar a ser. Cuando investigaba para escribir el guión tuve la oportunidad de hablar con varios fieles de San Cayetano y ellos mismos, de alguna manera, me transmitieron esta idea que es la misma que el personaje interpretado por Antonio Gasalla le refiere a Félix Cayetano Gómez, protagonista de la película.

¿Cómo decidieron que ambos actuarían en la película?
Enrique
es un gran actor y el papel de Oscar Segurola le caía estupendamente. Yo siempre imaginé cada frase escrita para ese personaje dicha por él. En cuanto a mi actuación, más allá de mi formación cinematográfica, hace años que vengo formándome en teatro como dramaturgo, director y también como actor. Era una oportunidad imperdible para hacer mi debut también en ese terreno. Por lo demás, y como no compartimos escenas, ambos podíamos sentirnos cómodos actuando ya que teníamos detrás el respaldo del otro para que todo saliera bien.

El rol de Enrique Liporace es el de un estafador que engaña a las chicas y está metido en el negocio del sexo virtual, es un personaje muy fuerte, ¿cómo fue que Enrique accedió y construyó el papel?
El fenómeno de este tipo de personajes me toca de cerca porque varias chicas de mi generación, sobre todo actrices que con mucho esfuerzo están dando sus primeros pasos, se topan en el camino con este tipo de estafadores y también con lacras peores. Lo hablamos mucho con Enrique ya que esta trama secundaria fue la última que surgió en la construcción del guión y yo tenía particular intención de trabajarla. En las funciones privadas que hicimos, la historia de Yanina, la hija de Félix, generó mucha identificación en las actrices jóvenes que la vieron. Por lo general, temen ir a un casting por toparse con gente como Oscar Segurola. La desesperación por insertarse en un medio tan difícil provoca que caigan en los peores antros.

Nazareno Mottola  interpreta a un chico incivilizado, mal hablado y muy provocador. Ese papel le queda perfecto y es como el actor revelación en la película, ¿cómo dieron con él?
Nazareno es compañero de elenco de Enrique en la obra de teatro Más respeto que soy tu madre. El personaje de Pablo le quedaba perfecto y él aportó muchísimo de sí para hacerlo crecer aún más.  En los ensayos improvisaba y duplicaba la apuesta en cada línea de diálogo escrita y la llevaba a terrenos desopilantes. Los ensayos con él fueron particularmente divertidos y nos tentamos mucho. Tanto con Antonio en el teatro como con nosotros en la película, está demostrando que tiene un gran presente y un gran futuro como actor y como comediante.

¿Piensan en hacer otra película juntos?
Estamos trabajando en un proyecto para dirigir nuevamente juntos denominado Detrás de la Escuela. Hicimos un muy buen equipo en La cola. Cuando era estudiante de cine lo convoque para participar en un corto con guión de mi autoría, Segundos Afuera, y a partir de allí nos hicimos muy amigos y socios creativos.

¿Qué planes a futuro tenés como director?, ¿estás trabajando en algún nuevo proyecto?
Hay uno inminente. En noviembre debuto como dramaturgo y director teatral con la obra El Dolor de las Hojas que trata una realidad terrible y cíclica que sufre nuestro país y muchos países del mundo: las inundaciones. El tema es tratado a partir de una familia que es víctima y victimaria de la ley de la selva en que se transforma cualquier pueblo o barrio azotado por esa tragedia. En cuanto al cine, para pre producir y rodar en el 2013 estoy terminado dos guiones: La Cabeza del Indio, un thriller con toques de comedia y La última bola, una comedia dramática en formato road movie. Por último, estoy trabajando en el guión televisivo de una miniserie.

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