Ezequiel Obregón
12/08/2012 20:48

En El molino y la cruz (The Mill & the Cross, 2011) el polaco Lech Majewski reflexiona sobre el vínculo entre el cine y las artes plásticas. El realizador se inspiró en un ensayo escrito por Michael Gibson, a propósito del cuadro El camino al calvario de Brueghel, fechado en el año 1564, para construir un film fascinante.  En su visita a Argentina, mantuvo un encuentro con la prensa y dialogó en exclusiva con EscribiendoCine.

El molino y la cruz

(2011)
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Impecable desde lo visual, la película El molino y la cruz le demandará al espectador una atención equiparable a la que exige el cine de Alexander Sokurov, otro cineasta fascinado con las artes plásticas. Lech Majewski se explayó con detenimiento sobre la construcción de su película que, a partir del uso de la tecnología, construye en el plano cinematográfico al cuadro que el genial pintor imaginó y realizó siglos atrás: “Fue muy complicado, porque íbamos descubriendo a la tecnología a medida que recorríamos el camino. Hacer la película me llevó cuatro años. El primer año preparamos la película y comenzamos con cien muestras de telas y hacíamos movimientos frente a las cámaras para ver cómo se comportaban. Y a partir de allí ya comencé a tomar decisiones. Descubrimos primero que no teníamos suficientes pinturas que daban los colores de la época de Brueghel, porque en ese momento las pinturas se hacían de forma manual. Montamos una pequeña fábrica para producir pinturas orgánicas con cebolla, remolacha, etc., para lograr esos colores. Y luego contratamos cuarenta campesinas polacas que hacían los trajes a mano. Lo interesante fue que a estas mujeres no les dimos los moldes, sino una reproducción de la pintura de Brueghel y ellas lo miraban y hacían su trabajo. Brueghel era muy realista en cuanto al uso de los elementos, los trajes, los detalles, porque él también asumió que el paisaje era realista.”

El proceso fue complejo y debió ser dirigido con meticulosidad. Majewski completó su idea sobre el trabajo y la relación con el universo simbólico: “¿De dónde provenían estas rocas que pintó Brueghel? Provenían del norte, cuando él vio los Alpes comenzó a pintar estas rocas. En ese momento eran simbólicas, remitían al cuerpo de Cristo. Las grietas son las heridas en el cuerpo. Él pensó que ese era un paisaje que debía estar en el recorrido de su camino, y encontró uno similar en Polonia. Y fui con 120 estudiantes de secundaria para hacer una prueba de cómo ir ubicando a estas personas en el paisaje, fue un desastre porque no se parecía a Brueghel, parecía a un show de televisión. Los que no eran capturados por la cámara desaparecían. Pinté a todos los personajes y pinté el paisaje, y mi vista comenzó a hacer este recorrido. Era un fenómeno muy extraño y comenzamos a analizarlo en una computadora, produjo un paisaje basado en siete perspectivas, a su vez contradictorias: desde arriba, abajo, derecha, izquierda, todas al mismo tiempo. En matemática es pensado como un paisaje roto. Luego, lo que hice fue romper las sietes perspectivas y buscar a esos paisajes en la naturaleza. Y tuve que trabajar con la pintura, extendiendo el cuadro, agregando nubes, árboles, “guiar” el cuadro para extenderlo. Y filmamos a los actores con la pantalla azul. La longitud de la cámara iba variando respecto a la distancia que debíamos lograr. Y en post-producción agregamos capas y capas de distintos espacios. Eso llevaba mucho trabajo, con ocho computadoras trabajando. Y frecuentemente encontrábamos algún error y había que rehacer todo.”

Usted habló de su pasión hermenéutica, el placer de interpretar símbolos ¿de dónde cree que proviene?
No lo sé, pero tengo esa pasión. Me gustan los lenguajes ocultos. Los gestos. La gente sin hogar en Estados Unidos deja mensajes en las paredes, los puedo leer y los entiendo. Al igual que las notas en la música, dicen algo pero es simbólico. Todo lo es, una palabra, las siete letras de “gracias”, todo se une para conformar un mensaje. En Argentina, el fútbol es muy popular y constituye un lenguaje simbólico. En un partido, son personas y una pelota, sin embargo detrás hay países y honor. ¿Qué están haciendo, corren, y una vez que meten la pelota todo explota? Si no lo entendiéramos simbólicamente, no tendría sentido.

Majewski amplió esta idea a través de su fascinación por el pintor y la forma en la que él interpretaba a los sucesos importantes y su vínculo con la esfera social: “Cuando iba a Viena iba al museo, iba a la sección con las obras de Brueghel, y me pasaba horas y horas contemplándolas. En el arte moderno uno no puede pasar mucho tiempo viendo, pero con el arte más antiguo uno puede “sumergirse”. De él  recibí una lección de filosofía además del disfrute por un pintor fantástico, porque cuando uno ve sus telas una de las sorpresas que se tiene es que sus principales personajes están escondidos. Hay un misterio, uno comienza a preguntarse por qué no está describiendo el drama, por qué está oculto. Y entonces comienzan a surgir las respuestas. En primer lugar, se comienza a percibir que cuando los eventos importantes ocurren no todo el mundo lo nota. Porque la gente no ve más allá de su nariz. En segundo lugar, son todos eventos muy provincianos. En el tiempo de Cristo, todos mirarían a Roma. Se puede ver el movimiento de las personas, y a su vez se los asocia con el movimiento ascendente, la idea de ‘ir al cielo’. Y el mensaje es que uno puede estar muy abajo, puede estar disminuido, pero eso no significa nada.”

El film tiene una impronta muy religiosa, y sobre todo católica. Hay una estetización del calvario de Jesucristo. ¿Ha sido proyectado en países no católicos?
Sí, en todo tipo de países, incluso en Turquía en donde son islámicos. La recepción fue fantástica porque siempre encuentran algo que es común a ellos. La persecución es universal. El calvario actualmente no significa nada, pero otros aspectos sí son más comunes.

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