Constanza Tagliaferri
22/04/2013 12:00

Desde el 25 de abril se se presenta en la Sala Lugones del Teatro San Martín  la premiada ópera prima de la directora chilena Dominga Sotomayor De jueves a domingo (2012). En la misma cuenta, en clave de road movie, la historia de una familia en su viaje al norte chileno durante un fin de semana. Sin certezas sobre el verdadero propósito del viaje, la mirada curiosa e inocente de la hija será la que devele, en el silencio y la mirada tensa de sus padres, la desintegración de su familia. A propósito de su estreno local, su directora charla en exclusiva con EscribiendoCine.

De jueves a domingo

(2012)

Recién comenzaba a amanecer cuando los padres de Lucía (Santi Ahumada) dejan la casa,  junto a ella y su hermano menor, para conducirse en auto hacia lo que serán unas vacaciones en familia. A la excusa de un típico viaje de veraneo, se suma la búsqueda de un terreno heredado, del otro lado del desierto chileno, con el deseo de construir un nuevo hogar allí. En el trayecto hacia el norte, la familia será el centro de una historia minimalista e intimista que, en el espacio reducido del auto, comenzará a mimetizarse con la aridez del paisaje. El relato es un notable trabajo sobre la percepción de los niños respecto del mundo adulto. Desde el asiento trasero del auto, la mirada de Lucía, una niña de 12 años, develará poco a poco la inevitable separación de sus padres.

De jueves a domingo cuenta la historia de una familia en crisis,  ¿por qué elegiste la mirada de una niña como el foco narrativo de la  película?
Me interesaba la curiosidad de los niños, la distancia para mirar una situación de pareja sin prejuicio, donde lo familiar es relativo y se va volviendo ajeno al mismo tiempo. Ella no puede tomar partido por ninguno de los papás, sino que observa y reacciona a su manera, bastante indirectamente, con muchas emociones al mismo tiempo. Fue una decisión espontánea, había trabajado antes con niños el los cortos y era como un paso natural trabajar esa perspectiva en esta película. Siempre estuvo unida la idea de que fuera todo en el auto o alrededor de él, con la visión de los niños, en el norte de chile, eran imágenes que tenía unidas en la cabeza y esta era la única película que se me ocurría y quería hacer. Encontré una foto de mi infancia viajando arriba del techo del auto con mi primo, amarrados en la parrilla, ahí partió la idea. Luego fueron apareciendo momentos, imágenes reales y ficticias y fui armando el guión, sin saber mucho a donde iba a llegar.

Pensé en estos dos viajes dentro de un mismo viaje, el viaje de los papás encerrados en sus tensiones y el de los niños arriba apartados, en el balance entre la plenitud y lo peligroso de ese momento, en los niños como un bulto más del auto que son llevados hacia un lugar que no conocen.

Mientras escribía me di cuenta que aunque pensaba que era el punto de vista de "los niños" era realmente el punto de vista Lucía el que se iba revelando de a poco en el guión. No se trata de la mirada ingenua de Lucía, pienso que tiene una conciencia mayor de los absurdo del momento que están viviendo.

En cuanto a la propuesta fotográfica de tu película se percibe la construcción de una atmósfera familiar íntima, cotidiana y de encierro, que tiene ciertas reminiscencias a las obras de Lucrecia Martel. ¿Cómo resolviste contar la historia desde lo fotográfico?
Viene de imágenes de mi infancia, mezcladas con muchos viajes, de la sensación de viajar siempre en el asiento de atrás. De esos largos viajes por Chile en los que solo podíamos ir al norte o al sur y no llegábamos a ninguna parte y todo era recorrido. Desde atrás del auto uno solo escuchaba lo que no veía o veía algo que no correspondía con lo que escuchaba, pienso que la puesta en escena tiene que ver con esos recuerdos, de como miraba y escuchaba todo dentro del auto, esa sensación de estar un poco apartado y viendo solo las espaldas.

El auto de por si me parece una experiencia cinematográfica, un recorrido encuadrado y definido por las ventanas. Me interesaba hacer del auto otro personaje, un organismo que se iba transformando y desintegrando con ellos. Tenía la idea de vincular el punto de vista de Lucía con el del auto. La sensación de una visión parcial, limitada, fragmentada, de alguien que no puede el conjunto. Así como no quería explotar el dramatismo de una pareja en crisis tampoco quería exponer el paisaje. Lo que quería era explorar esos días desde los fragmentos, desde una visión particular y un poco incómoda, creando un sistema bien encerrado que luego fuera invadido con algo que se sintiera vivo y que los encuadres no serían capaces de contener.

Quería trabajar en ese encierro dentro del auto, no salir de esa intimidad, para luego dejarlos en el desierto y ver lo insignificantes que parecen al ser vistos con distancia. Supongo que la manera de filmar tiene que ver con mi manera de recordar y quería explorar en torno a ciertas limitaciones desde donde pudiera surgir un sentido.

¿Por qué directores u obras te sentís influenciada?
Me gustan muchos directores pero tengo que reconocer que no soy muy cinéfila, no he visto todas las películas que quisiera. Siento que esta película viene un poco más de la vida que del cine. Pero sin duda hay muchas películas que me han influenciado de alguna forma: Antonionni, Hanneke, Cassavettes, A Swedish Love Story de Roy Andersson, Rossellini, Eutache, de América Latina Lucrecia Martel y varios más.

¿Hay algo de la mirada infantil que te intrigue?
Ahora estoy muy conectada con el tema de los niños, con esa curiosidad natural que tienen y la visión directa sobre la cosas, no mediada por todas las ideas que vamos aprendiendo.

Pienso que los niños tienen miedos naturales que después se aprenden a olvidar o evitar, ven la ingravidez de lo cotidiano en un sistema mayor: lo absurdo que resulta ser dueño de un sitio en el medio del desierto por ejemplo, lo angustioso de ver la redondez de la tierra. Saben que algo está pasando pero no tienen la información concreta, pero están sintonizados con la angustia, la locura, todo lo sienten de una forma más intensa.

Me interesaba esa mirada incondicional del amor y un cierto tipo de tristeza  resignada.

Con la Santi Ahumada (Lucía en la película) trabajé el tema de la curiosidad de una forma bien natural, ella no tenía el guión, ibamos trabajando escena por escena de manera cronológica, ella lo único que quería era robarse un guión para saber de qué iba la película. De esa forma creo que hubo cierta transferencia entre ella y su personaje, y se fue enterando de a poco y perdiendo también cierta inocencia con respecto a la película que estábamos filmando.

¿Con qué dificultades te encontraste en el momento de escribir el guión sujeto a la percepción infantil?
Me interesaba acercarme desde la escritura a la manera inesperada y fragmentada en que los niños perciben las cosas, alejarme de cierta causalidad, escribir sobre lo que estaba entremedio. En ese sentido las transiciones me interesaban más que los momentos importantes. De cierta forma partí escribiendo momentos que luego se fueron armando en el guión, quizás el mayor desafío era ir disponiendo estos momentos aleatorios de manera que tuvieran sentido, tenía que tener claro lo que estaba pasando en cada escena con los papás más allá de que se fuera filtrando la información de a poco o incluso nunca se revelara.

Resulta muy interesante la puesta en escena de la historia, el uso de planos fijos donde los personajes y las acciones se desplazan por todo el cuadro, exploran la imagen y la enriquecen. Por ejemplo, en la  primera escena de la película, la acción se inicia cerca de la cámara, sale y entra de cuadro, se aleja a lo más profundo de la imagen y desaparece.
Quería trabajar con pocos planos, repetir los encuadres para poder volver a ellos y ver el cambio. Quería ver como los personajes van ocupando y transformando los espacios y así de cierta forma ir sintiendo esa desintegración del auto y de la familia. Es algo que había empezado en mis cortometrajes y que tenía ganas de seguir explorando. Quizás el primer plano también tiene que ver con algo que pensaba cuando chica, no me podía imaginar que los lugares seguían existiendo cuando uno se iba y ya no los estaba mirando, para mi tiene que ver con la soledad de los espacios.

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