Ximena Brennan
20/07/2012 07:24

En el marco de la cuarta edición de MadridCine 2012, con sede en el Gaumont, Gerardo Olivares, uno de los más importantes y comprometidos realizadores españoles, presentó en Argentina uno de sus trabajos más fuertes: Entrelobos (2010). En una charla exclusiva con EscribiendoCine, nos cuenta los detalles de esta realización, lo que significó en su vida y los desafíos que implicó filmarla. Además, habló sobre El faro de las orcas, su nuevo proyecto que se rodará en Puerto Madryn y que también está basado en una historia real.

Entrelobos

(2010)

La película, basada en hechos reales, cuenta la historia de Marcos Rodríguez Pantoja, un hombre que vivió solo durante 12 años en la jungla y fue cuidado por una manada de lobos. Rodado íntegramente en Sierra Cardaña de Montoro, en la provincia andaluza de Córdoba, el film fue visto en España por medio millón de espectadores y fue un proyecto atípico según el director.

Entrelobos está dentro de la categoría principal dentro de MadridCine, la de “Panorama del nuevo cine de la comunidad de Madrid”. ¿Cómo pensás que el público argentino recibirá esta película?
En España esta es una película que ha funcionado muy bien, fue un éxito en taquilla. Y lo fue en cierta forma porque la historia de Marcos despertó mucha curiosidad en los medios de comunicación cuando ya estábamos rodándola así que hemos tenido allí una promoción muy linda de parte de todos los medios que vieron en la historia de Marcos algo de lo que merecía la pena hablar. Esa promoción a nivel de medios de comunicación, aquí no la hemos tenido. Quizá la gente en este caso vaya al cine sin saber bien qué va a ver.

Es una película donde la naturaleza juega un papel muy importante dentro de la ficción. Y tampoco se muy bien si el público porteño está acostumbrado a este tipo de cine con mucho de naturaleza. La historia es muy linda y fuerte, porque además está basada en un hecho real, y los actores son grandes talentos del cine español. El protagonista principal que es el niño (Manuel Camacho) es un chico que yo he descubierto en un pueblo de la provincia de Córdoba, en España. Es la primera película que hace, estuvo nominado a los Premio Goya como “Mejor actor Revelación” y ganó el premio al mejor actor por la Asociación de Actores de España. Pero claro, yo se que el público aquí en Buenos Aires es muy exigente. Está acostumbrado a un tipo de cine español quizá más del corte de Montxo Armendáriz, como más social y van a ver una cosa totalmente diferente, no tiene nada que ver con eso. Pero yo creo que les va a emocionar.

¿Se puede decir que Entrelobos es tu trabajo o apuesta más fuerte? También está 14 kilómetros por ejemplo, que fue premiada
14 kilómetros fue una película muy pequeñita. El equipo de rodaje éramos cinco personas. Es una road movie que rodamos en África siguiendo el drama de la inmigración sub sahariana de África hacia Europa. Y que era una película que yo hice que fue en ese momento donde había en España un boom económico, y necesitábamos mucha mano de obra para afrontar los proyectos de la construcción, donde vinieron un montón de latinoamericanos, y bueno fue también un llamado a la población sub sahariana.

Tuvimos un “maremacnum” de inmigración que intentaba entrar ilegalmente por las costas del sur de España y donde había episodios de auténtica tragedia. Morían cientos de personas intentando llegar. Y era un película que yo la hice porque veía que en los medios de comunicación ese drama no se reflejaba. Los noticiarios hablaban del final del viaje, de cuando la guardia civil los capturaba y devolvía a su país. Pero detrás había un viaje brutal que duraba años y donde moría muchísima gente y eso nunca se había reflejado en los medios. Hice esa película sabiendo que posiblemente no la vería nadie y sin embargo fue una película que funcionó, que ganó muchos premios internacionales y que quizá sea la película de la que yo me sienta más orgulloso. Creo que el cine es un vehículo de comunicación muy importante y, como cineasta, yo busco también esas historias para que puedan llegar a la gente y para que conozcan un poco más la realidad de cierta historia.

Por otro lado, Entrelobos es un proyecto totalmente diferente. Desde un primer momento se planteó como una película para el gran público, con vocación de llegar a la gente, a la familia, donde yo lo que quiero es contar la historia de Marcos a través de una fábula que es al final una historia de amor entre un niño y la naturaleza. Realmente lo que quise (que era llegar a mucha gente y que fuera una película realmente familiar, que pudiera ir a verla desde un nieto con su abuelo) lo hemos conseguido. El reto cinematográfico creo que ha sido mucho mayor en 14 kilómetros, por las circunstancias de rodaje y por cómo se llevó todo a cabo. Pero como producto final evidentemente es mucho más ambicioso Entrelobos.

La naturaleza tiene un peso trascendental en Entrelobos. ¿De qué manera te conectás vos con ella en lo personal y a la hora de filmar, claro?
Es que esta película no tiene sentido si la naturaleza no es protagonista. La naturaleza fue la que cambió la vida de Marcos. Marcos viene de una familia totalmente desestructurada, donde había mucha violencia y mucha miseria, donde su madre se muere cuando él tiene tres años, donde su padre se lo lleva a trabajar con él al campo fabricando carbón, donde hay una madrastra que le pega unas palizas que lo revientan. Y donde finalmente el padre, queriéndose deshacer de él, lo vende. Y Marcos así descubre en la naturaleza la felicidad y cuando se queda solo, él se fabrica una familia, que son los animales. Él dice: “son mi familia”. Y esta imaginación que él se hace es la que le permite sobrevivir. Es cierto que tuvo mucho contacto con los lobos. Él cuando dejaba un conejo en la puerta de la cueva y venía el lobo y se lo llevaba, él pensaba: “ese lobo es mi amigo, ese lobo me necesita”. Y yo lo he ficcionado pero ésta es una película donde el hecho real y lo que me interesa contar, que son estos años que pasa Marcos aislado, la naturaleza tenía que ser fundamental. Entonces se rodó en muchísimos de los lugares reales y estuvimos un año trabajando con los lobos y con diferentes animales por etapas, para ir marcando el paso del tiempo a través de las estaciones y se creó una unidad especial de naturaleza para poder llevar a cabo con éxito todos esos rodajes que eran complicadísimos. Tené en cuenta que la primera película que se hace en España, donde la naturaleza es tan protagonista como la propia ficción y sin ella la película no se hubiera contado de la misma manera.

Me imagino que conocer al verdadero Marcos fue una experiencia muy fuerte. ¿Qué sentiste cuando pasó eso?
Yo descubro la historia de Marcos de casualidad. Fue un 20 de enero de 2007. Esa mañana el diario El País sacó en la portada la foto de una chica camboyana que había estado 20 años perdida en la selva, y me llamó mucho la atención la noticia. Me la leí y al final del artículo, el periodista apuntaba una página web norteamericana donde se alistaban todos los casos de niños y niñas que se han criado alejados de la sociedad, por ser abandonados o se perdieron y muchos de ellos lograron sobrevivir en la naturaleza y con ayuda de animales salvajes. Había como 130 casos. Yo fui pinchando uno por uno. Me parecía que era un lugar fabuloso para encontrar alguna historia interesante que contar y ahí topé con Marcos y su historia. Cuando yo la descubro, me pareció tan fascinante y que reunía todos los elementos, ingredientes para llevarla a la ficción y así empiezo su búsqueda. Me traslado al pueblo donde nació, nadie sabía nada de él, hablo con gente que en un momento dado de su vida tuvo relación con Marcos, y hasta lo daban por muerto. Así estuve un año, buscándolo por toda España. Las últimas noticias que tenía era que vivía como indigente en los bajos de un edificio en ruinas en el sur de España. Y así un buen día conocí a un detective privado y le dije que estaba buscando a Marcos y en 24 horas lo localizó a partir de su nombre y su partida de nacimiento. Así que lo llamé, fui a verlo (él vive en el norte de España, en Galicia) y recuerdo cuando llegué a su casa, era de noche y había una luz muy tenue. Estaba acariciando a un gato y me miraba de reojo. Yo lo vi y le dije: “Hola Marcos, llevo un año buscándote” y me puse a llorar porque para mi fue muy emocionante. Yo me apasiono mucho con las historias que quiero llevar al cine y me obsesiono también mucho con ellas. Para mi el encuentro con Marcos era fundamental para luego poder escribir el guión. Él fue una persona clave como asesor para realmente contar lo que sucedió.

¿Cuál fue el desafío más grande que se te presentó con esta película?
Bueno, Hitchcock decía que no había que rodar nunca ni con niños ni con animales (se ríe). Y yo creo que el mayor reto fue el niño, que es puro talento y teníamos una conexión muy buena los dos, pero toda la parte de integrar la ficción con la naturaleza y que fuera creíble, eso fue el gran reto.

Los lobos no tenían que ser animales, tenían que ser personajes, y eso se hizo a base de horas y horas de rodaje. Fue una película que, como nosotros queríamos que se viera el paso del tiempo a través de las estaciones, no se rodó de un tirón. Se rodó durante un período de un año y por etapas. Entonces el equipo que armaba luego se deshacía y desaparecía, porque uno se iba a rodar otra película, otro encaraba otro proyecto y tener que volver a rearmar todos esos equipos cada vez que retomaba el rodaje fue complicado. Luego, rodar en exteriores, sobre todo en las zonas montañosas, donde hay mucha inestabilidad atmosférica y donde hasta las 12 del mediodía tenías un día maravilloso y de repente te venían las nubes. El poder tener esos ratos de luz durante toda la película nos llevó muchísimos quebraderos de cabeza, porque no sabíamos muy bien qué hacer, si rodar todo con nubes o si rodar todo con sol. Yo creo igualmente que reto mayor fue trabajar con lobos.

Viajaste mucho por el mundo y lo seguís haciendo aun hoy. ¿Qué te atrae de ser así y no estar más arraigado en un lugar o un estudio para filmar?
Yo vengo del mundo del documental y todos estos viajes que he ido haciendo por todos los continentes me abrieron mucho el camino y las puertas a historias maravillosas que contar. Es cierto que si tu no viajas y vives sólo dentro de tu entorno y eres cineasta, las historias que te inspiren o que te conmuevan son las que surgen a tu alrededor. En mi caso, las historias están muy lejos y es lo que he ido haciendo hasta ahora. Mi primera película La gran final (2006) la rodé en Mongolia, en el desierto de Sahara y en el Amazonas y después 14 kilómetros en África. Ya vez que mis documentales los he rodado fuera de España y luego te cae una historia como Entrelobos y la agarras y lo haces. Pero a mi quizá me inspira muchísimo más esa otra historia que llevo conociendo fuera por las posibilidades que he tenido de viajar. Si yo no lo hubiera hecho quizá contaría la historia de un entorno más cercano.

En referencia a tu nuevo proyecto El faro de las orcas, ¿qué te representa el territorio argentino y porqué te atrajo la idea de rodar aquí?
Un sueño. Cuando yo era pequeño, mi padre me regaló un atlas del Nacional Geographic. Allí había nombres que eran un puntito negro y una letra y una palabra que decía “Ushuaia” o “Patagonia”. Para mi eran nombres que me evocaban tantas cosas y “Patagonia” es como el desierto del Sahara. Son dos lugares como muy evocadores, míticos y siempre he querido rodar allí. He seguido toda la filmografía de Carlos Sorín (Historias mínimas, El perro, etc.) Argentina me parece un lugar tan fascinante. Entonces cuando a mí me cae la historia de Beto Bubas, veo la posibilidad de rodar en la Patagonia (el sábado me marcho para allá) y con equipo argentino. Aquí hay muchísimo talento y quiero ser parte de todo eso.

Ésta también está basada en una historia real. Este hombre Beto Bubas, un guarda fauna y biólogo marino de 41 años y que vive en Puerto Madryn. Desde hace 18 años está haciendo un estudio sobre las orcas. Lo cierto es que de las 60 mil orcas que hay en el mundo solamente un grupo de 9 que aparece todos los años en Península Valdés, han desarrollado una técnica de caza que es única que se llama “embalamiento intencional”. Son las orcas que se tiran en la playa a cazar lobos marinos. Es un espectáculo que solamente se da ahí. Y este hombre es un enamorado de las orcas y que en el transcurso de esos 18 años de estudio ha llegado a crear un vínculo con ellas tan fuerte que él se mete en el mar, les toca la armónica, las orcas se le acercan y las acaricia. Un día un periodista de la revista Viva se enteró de este hombre y le hizo un reportaje que luego se publicó. Una madre leyó la revista y vio la doble página donde aparecía el Beto en el mar acariciando la orca. Su hijo autista, que para ese entonces tenía 10 años, se levantó, se acercó a la revista y puso su mano en la foto. Sonrió y dijo su nombre. Era la primera vez que ese niño mostraba un signo de emoción. La madre conmocionada pensó que quizá a través de la orca, él podía tener una mejoría porque es cierto que en los niños autistas se utiliza una terapia que se llama “delfinoterapia” a partir de los ultrasonidos que emiten los delfines que estimulan el hipotálamo y eso les genera endorfinas y así un bienestar. Entonces esta madre agarró a su hijo y lo llevó con Beto para que él lo acercara a las orcas y viera qué reacción tenía ese niño. Y esa historia a mí me ha servido como punto de partida para escribir un guión que va dentro de este triángulo entre el niño, Beto y la orca.

Sos uno de los directores más comprometidos del cine español, ¿qué te ocurre con las causas con las que te solidarizás y luego filmás?
Yo soy muy emocional y he visto tantas cosas por el mundo. Yo vengo de documentales y he vivido situaciones muy fuertes y duras. Y me he dado cuenta de que tengo la posibilidad de, a través de mi trabajo, poder acercárselo a la gente y este mercado cinematográfico es enorme y muy amplio y esto no queda en algo que lo ven sólo 20 personas de tu entorno. Esto llega al mundo. Entrelobos se proyecta hoy en Buenos Aires, se acaba de estrenar en Alemania, entonces como sé que tengo esa posibilidad y los documentales que hago a la gente le gustan, siempre busco historias que me conmuevan a mí porque si eso ocurre, creo que también le pueden conmover al público. Nada más que eso. Yo no me siento delante del ordenador y digo “a ver qué historia puedo contar”, no!. Yo voy viviendo y cuando aparece esa historia me apasiono tanto por ella que me lanzo hasta que la saco.

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