Juan Pablo Russo
13/05/2012 15:48

Elefante blanco (2012) vuelve a juntar al exitoso trío de Carancho (2010) compuesto por Ricardo Darín, Pablo Trapero y Martina Gusmán en un film, en este caso junto al belga Jérémie Renier. “Cuando a cambio de la ayuda viene la ostia  eso ya es una negociación, no necesariamente una ayuda”, dice el realizador que se apresta a participar en el Festival de Cannes.

Elefante blanco

(2012)

La película más allá de lo social  plantea un debate entre la fe y la religión. ¿Son dos tópicos que van tomados de las manos o que también pueden funcionar desde las antípodas?
La idea de esta película la tengo desde los diez años cuando aun no sabía que quería hacer cine. Yo iba a una escuela salesiana y trabajábamos mucho en diferentes lugares. En mi caso particular con el tiempo me interesó menos la religión y más el trabajo social. De hecho diferenciaría un poco lo que es la religión de lo que es la fe. La fe es independiente de la religión y probablemente haya gente religiosa que no tenga fe. Muchas veces se confunden las definiciones. Te sentís cómodo en la capilla y eso no te convierte en católico. Eso es un poco la que narra la película. Mucho más del esfuerzo, el esmero y el cariño que ponen esos curas esto deja de ser un acto religioso, es el debate que la película plantea. Muchas veces la acción por los pobres está acompañada por una idea de Dios que no todos tienen porqué compartir. Cuando a cambio de la ayuda viene la ostia  eso ya es una negociación, no necesariamente una ayuda. El planteo está dado en quienes lo hacen por la necesidad de ayudar y quienes por la necesidad de evangelizar. Para mí la fe, la necesidad y la religión no siempre están en el mismo lugar.

Decís que la idea la tenés desde hace mucho tiempo, ¿por qué recién se da en este momento?
A veces pienso que todas las películas se me ocurrieron en la misma época porque muchas historias son viejas. Lo que pasa es que después lleva tiempo desarrollarlas. Ya sea porque no me siento preparado para abordar el tema o por cuestiones de producción.  Una de las paradojas del cine hace que una película filmada en la villa sea la película más cara que hice hasta la época. Yo tenía que esperar a encontrar las herramientas para hacerla como la había pensado. También a medida que una va creciendo las cosas y las ideas van cambiando. Es muy difícil de dar una respuesta única porque fueron varias cosas las pasaron para que llegara el momento justo de hacer esta película.

¿Cómo se suma el actor belga Jérémie Renier y como fue la experiencia de trabajar con él?
Desde un primer momento sabía que ese personaje lo tenía que hacer un actor de afuera. Pasaron un montón de nombres y los que más aparecían eran actores españoles, pero perdía un poco la idea de cura gringo como lo llaman en la película. Buscando medio por la edad y el estilo, lo recordaba a Jérémie Renier de las películas de los Dardenne, así que lo que hice fue llamarlos a ellos –ya nos conocíamos- y preguntarles que les parecía que Jérémie Renier viniera a trabajar acá, hablando en español, filmando en una villa y ahora mismo. Ellos me dijeron que lo llamara, así que lo llamé y él me dijo: “me parece que estás un poco loco pero voy a ir igual”. Y la verdad que fue una experiencia muy buena. Muy divertida  en un punto. Fue un trabajo muy intenso y él se lo tomó muy en serio.

¿La gente del lugar cómo reaccionó cuando llegaron ustedes a filmar en el lugar?
Fue la primera pregunta que nos hicimos todos  mucho antes de comenzar el rodaje. Y la verdad que la gente nos trató en todos los lugares súper bien. Había algo que nos decían a cada momento y era que estaban muy agradecidos de que fuéramos a filmar ahí.  De que hubiera un espacio donde se podían expresar, aunque fuera en la ficción. Incluso mucha gente actúa y otros trabajaron en algún aspecto de la película, en vez de llevar gente de afuera contratábamos gente de ahí. Lo que sentimos fue mucha comodidad. La experiencia fue muy conmovedora y creo que se nota en la película.

¿De qué manera trabajaron el tema del lenguaje y las características de los personajes que habitan el lugar?
Básicamente se hizo una investigación mucho antes. Los diálogos cambian mucho según la escena. Hay escenas que estaban escritas tal cual como estaban en el guión y se fueron reproduciendo palabra por palabra y hubo otras que de acuerdo al momento se trabajaban de un modo particular. Cada escena necesita una forma particular de trabajo y hay que ir entendiendo como evoluciona. Por ahí vos tenés una idea en la cabeza y de repente llegás y no funciona. Hay un montón de variables, más allá del guión que puede estar muy bien como punto de partida, que terminan de hacer que esos diálogos funcionen y ahí es muy importante la participación de los actores. Hay escenas que las filmamos en una dirección y que al fin del día había que cambiarlas. En esa variedad es donde se va nutriendo el personaje de cada uno.

¿Cuándo escribieron el guión buscaron darle al “Elefante blanco” un rol protagónico más como si se tratará de un personaje?
Justamente el edificio del “Elefante blanco” no estaba en el guión. Surge en parte del proceso de la película. Eso a veces es complicado porque a medida que estábamos preparando la película yo sigo escribiendo y a nivel de producción es un caos. “El Elefante blanco” surgió durante el proceso de producción, una vez que todo el equipo estaba funcionando y buscábamos los lugares. El proceso se hace más vital en ese sentido ya que el guión se pone a prueba en cada decisión que vas tomado después.  Por ejemplo el edificio surgió en la búsqueda del lugar. Con todo lo que representa y lo que se ve en la película fue como un amor a primera vista. Cuando lo vi no podía pensar en otro lugar que no fuese ese. El “Elefante blanco” se volvió un protagonista más en el momento de hacer la película.

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