Constanza Tagliaferri
11/05/2012 15:33

Matías Herrera Córdoba y Lucia Torres, son los co-directores de Buen Pastor, una fuga de mujeres (2010), un film documental que cuenta la historia de ex presas políticas en medio de una Córdoba militarizada, en 1975. El relato registra cómo aquella estructura de encierro se transformó, en la actualidad, en un centro de compras y entretenimiento. Sus realizadores cuentan, en exclusiva para EscribiendoCine, cómo rodaron este suceso histórico, siendo el primer registro cinematográfico de su tipo.

Buen Pastor, una fuga de mujeres

(2010)

¿Cómo llegó a ustedes la historia de estas mujeres y su fuga del penal Buen Pastor?
Por un lado, Mariana Tello (co-guionista) comenzó a trabajar con algunas de las fugadas para su tesis en psicología. Viviana García (co-productora) es hija de una de las fugadas. Y durante casi cuatro años de conocer lo que había sucedido fuimos ayudando a registrar la demolición y algunos testimonios. Nos unió a todos (realizadores y ex presas) el hecho de que había más de 30 horas de material y sobre todo la impotencia ante la inauguración de ese espacio (la cárcel como patio de compras). 

¿Cuál fue el punto de partida que los decidió a comenzar el rodaje de este documental?
Todo el material fue registrado en el transcurso de seis años. El punto de partida fueron ellas, como mujeres militantes y presas políticas. Ese tema derivó en la fuga y lo que significaba conseguir la libertad. La película nunca tuvo un inicio de rodaje, más bien es una película que le dimos inicio de montaje. Trabajamos más de un año, con distintas versiones y eligiendo cuidadosamente el material.

Buen Pastor, una fuga de mujeres es un documental que a lo largo del metraje respeta la formalidad del género, sin embargo, hay una escena que ficcionaliza un momento de la historia. ¿Por qué decidieron instrumentarla por única vez?
Sabíamos que con el material que teníamos y, por el contenido del mismo, era necesario instrumentar una forma clásica de documental, pero también necesitábamos corrernos, por momentos, de éste para que la película se sostuviera. Luego de concretada la fuga, no podíamos volver a escuchar hablar a las ex presas sino que teníamos que construir una escena que continúe narrando lo que fue la clandestinidad pero que deje al espectador disfrutar ese triunfo que fue conseguir la libertad.

El film opta por no tener un narrador, cosa habitual en las películas de su tipo ¿Cuál es su opinión sobre el uso de la voz en off en el documental? ¿Qué creen que aporta su ausencia en Buen Pastor, una fuga de mujeres?
Utilizar la voz en off puede llegar a convertir al narrador en un titiritero y eso es peligroso, más aún cuando se trata de un documental político. Sin embargo, muchas veces se utiliza de manera estupenda, y es cuando el narrador utiliza la poesía, la pasión y la experiencia vivida. Es el caso, por ejemplo, del realizador chileno Patricio Guzmán -reconocido por Chile, la memoria obstinada (1997), Salvador Allende (2004), Nostalgia de la luz (2010).  En Buen Pastor, una fuga de mujeres teníamos demasiada palabra, muchas voces, y nos propusimos crear “un personaje colectivo”, esto significaba que no exista una única persona o varias personas que narren, mucho menos podríamos poner una voz en off, sino que la memoria de todas juntas reconstruya la historia.   

¿Qué testimonios quedaron fuera del film y que, por diversas razones, no pudieron incorporar?
Muchos testimonios no están en el film, sobre todo los de aquellas personas que participaron en lo que fue el operativo de la fuga. La película da mucha información y fuimos muy precisos con lo que se decía, intentando que el todo tenga un sentido. Esto hizo que nos cuidáramos en no irnos en anécdotas o personas que uno al verlas se pregunta, quiénes son, por qué, etc.  

¿Definirían Buen Pastor, una fuga de mujeres  cómo un film político?
Claramente, es un film político y nuestra posición está dada en el mismo.  

¿Cuál es la función del cine en este orden?
En el sentido que, quizás, esta película sea la única en haber hecho un registro histórico sobre el lugar y la historia de estas mujeres, justo antes que el edificio se transformara, completamente, en otra cosa.

¿Por qué decidieron no entrevistar a algún funcionario público?
Principalmente, porque la película no se centra en lo que fue la demolición y sus responsables, sino en lo que eso significa, en qué es lo que se transforma y para qué. Lo importante hoy es saber donde está parado uno cuando está en ese lugar. Los responsables caen por su propio peso.

La película ya se estrenó en Córdoba, ¿cómo fue la recepción del público?
La recepción fue increíble, pudimos llegar a hacer dos semanas completas en el cine comercial a sala llena. Luego de cada proyección, las ex presas y fugadas participaban del debate, los espectadores se animaban a hablar, a cuestionar e incluso a contar experiencias personales. Y esa repercusión se plasmó en los medios. 

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