Juan Pablo Russo
07/05/2012 12:13

Ana Poliak ganó el BAFICI de 2004 con su tercera película Parapalos, ocho años más tarde el film, que retrata la vida de un chico que trabaja en una cancha de Bowling, se estrena en malba.cine. "Hago películas por una fuerte necesidad que ni siquiera podría definir como el "querer decir algo", porque nunca tengo claro qué es lo que quiero decir, ni siquiera cuando está terminada", dice la realizadora a EscribiendoCine.

Parapalos

(2004)
8.0

Parapalos llega al cine ocho años después de haberse consagrado en el BAFICI como mejor película. ¿Por qué fue tan demorado el estreno?
Filmamos toda la película en 15 días, con un efectivo de U$S 10.000.-, que era un premio de la Hubert Bals Fund de Holanda. Los equipos fueron un aporte de cooproducción. Trabajé con un grupo de amigos que cobró simbólicamente. Una señora que vivía frente al bowling, cocinó para nosotros y comimos opíparamente. Pero esta señora no tenía facturas. Nos daba la cuenta en el papel madera que envolvía la comida. Y así fue todo. Por lanzarme a filmar apasionadamente, por querer olvidar tantas pesadillas burocráticas vividas en La fe del volcán, caí en la trampa de no hacer los deberes. A priori hubiera sido engorroso, pero posible, creo, armar algún sistema que permitiera que los sindicatos y el INCAA reconocieran gastos y aportes, para que todos pudiéramos cobrar con el Subsidio de Medios Electrónicos. A posteriori fue una pesadilla. En los ocho años que pasaron, varios productores se ofrecieron a trabajar para reparar el error, pero todos terminaron renunciando, porque los números no daban ganancias. O no daban grandes ganancias. Concluí entonces (un poco tarde) que este camino de intentar un reconocimiento a todos los que trabajaron, era imposible y que no estrenarla nunca era negarles incluso que se aprecie su trabajo.

¿Ganar un premio no siempre garantiza el estreno de la película?
En mi experiencia, no. Eso sucedería sólo si existiera un concurso cuyo premio fuera el estreno.

¿Contanos cómo se generó el proyecto?
Nunca supe por qué, una imagen de mi infancia golpeó la puerta de mi memoria. Aquellos niños parapalos que saltaban como monitos, levantando palos y bochas una y otra vez, mientras yo esperaba para cambiarme los zapatos y jugar al bowling, en la otra punta de la cancha, desde donde apenas los veía, pero en los que seguía pensando durante el partido. Comencé a dar vueltas a esa imagen, visité los únicos tres bowlings manuales que quedaban en Buenos Aires y así comenzó a gestarse la película.

El guión está co escrito por vos, Santiago Loza y Adrián Suárez que es uno de los actores, ¿cómo fue el proceso de escritura y cuáles fueron los aportes cada uno?
Como es imposible explicar, en los créditos de una película, la complejidad del trabajo de cada integrante del equipo, sobre todo en guión, los mismos se prestan a confusión.

Comenzamos a escribir, con Santiago Loza, partiendo de mi idea de un parapalos. No sabía qué quería. Escribimos varias versiones breves y cada vez que nos reuníamos, le decía a Santi que no, que no era eso. Yo insistía con que tenía que ser un personaje luminoso y nombraba a Adrián Suárez, amigo en común, como referente de lo que buscaba. Un día Santi me dijo algo que fue la revelación: "Si el protagonista es una persona madura, no vamos a poder evitar caer en algo oscuro". Ahí comprendí también que el personaje que buscaba no era cómo Adrián, sino que era Adrián. Hablé con él y se entusiasmó. A partir de ése momento continuamos trabajando nosotros dos. No escribimos un guión. Nunca existió un guión. Trabajamos sobre sus recuerdos, su infancia, su familia. Me habló de su prima y me interesó conocerla y al hacerlo me gustó la idea de que participara y ella también se entusiasmó. Y así se fue construyendo una especie de reservorio de recuerdos y fragmentos de realidad. La caja de Marilyn, por ejemplo, no es de Nancy, sino de Adrián, pero yo la puse en el personaje de Nancy. Y así llegamos al rodaje, donde comenzaron a sumarse los verdaderos parapalos del bowling, el cocinero, el perro, etc. Y allí fui construyendo la película, con lo que descubría, con lo que imaginaba y con lo que la gente tenía ganas de decir.

¿Cómo trabajaste con los actores, considerando que ninguno lo era profesionalmente?
Es difícil, aún para mí misma, explicar este fenómeno. No tengo nada parecido a un método. Siempre trabajé con no actores. En ello reside, para mí, uno de los mayores placeres de un rodaje. La relación que se establece entre dos personas movidas por el sueño de crear, con el alma de ambas, una tercera persona, que es ese personaje al que buscamos darle vida.

¿Hacés un cine Neorralista?
Pienso que no puedo hacerlo, en tanto el Neorrealismo pertenece a Italia, a la post-guerra y es un movimiento muy particular que ya no existe, aunque queda la maravillosa obra, claro. Tal vez algunas de mis formas de trabajar coinciden con aquellas de las que el Neorrealismo fue precursor, como trabajar con no actores o tratar, hasta ahora, al menos, una temática social.

¿Hoy es más fácil hacer una película que poder estrenarla?
Sí, absolutamente. Hoy la tecnología ha llegado a tal grado de desarrollo y accesibilidad, que tener, al menos, una cámara, un equipo de sonido y un equipo de edición, es realmente sencillo.

Lo mismo está sucediendo en la exhibición, con el reemplazo del 35mm por el digital. Pienso que hoy, esto podrá abaratar costos al eliminar las onerosas copias, pero no hacer mas accesible el cine no comercial a las salas.

Parapalos es de 2004 y después no vimos más nada tuyo. ¿Hay ganas de hacer cine o ya no?
Soy definitivamente "lenta". Mi primera película fue terminada en 1990 y estrenada en 1995. Mi segunda finalizada en el 2000 y estrenada en 2001. La última es del 2004, estrenada en 2012. Aquí batí todos mis récords.

No hice ninguna de mis películas por encargo, ni por construír una "carrera", ni por ganar dinero, porque en realidad lo pierdo. Las hice por una fuerte necesidad que ni siquiera podría definir como el "querer decir algo", porque nunca tengo claro qué es lo que quiero decir, ni siquiera cuando está terminada.

Y desde hace unos ocho años, persigo, o me persigue, un proyecto sobre el rubor, al que aún no pude atrapar.

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