Ezequiel Boetti
18/04/2012 23:55

Primer largometraje de ficción de Sebastián Sarquís, El mal del sauce (2010) cuenta la historia de un hombre (Jean Pierre Noher) que al despertar se percata de que está secuestrado en una solitaria casa en el Delta de Tigre. La sorpresa al descubrirse en esa condición es mínima cuando descubre que Lucas, su hijo de trece años, es un de los secuestradores.

El mal del sauce

(2010)


"Me atrajeron para el tratamiento de este film temas como aislamiento, la soledad y la incomunicación. Elementos que no son ajenos al mundo contemporáneo. La historia se inspira en una creencia popular de los habitantes de las islas del delta, en la Provincia de Buenos Aires, República Argentina, sobre un mal que los aqueja y que tendría diversas y ambiguas consecuencias. Ellos aseguran que algunas personas lo sufren sin saberlo, a veces el mal se lleva en la sangre como un estigma familiar, otras se adquiere simplemente por estar sentado, debajo de un sauce, contemplando el río", contaba el realizador a EscribiendoCine luego de su presentación en el Festival de Cine de Mar del Plata.

La cita de Franz Kafka que abre la película ya anuncia que estamos ante una historia concebida con su matriz. “Incorporamos su universo por la situación que está el protagonista, lo amerita. Por eso las frases. Kafka es un gran símbolo de la locura. Eso ayudaba a explicar el vínculo entre padre e hijo”, explica el también documentalista antes de referirse a la connotación policial de su film: “Una persona secuestrada siente que el tiempo avanza en círculos, que se mantiene estático. Se alimenta sólo del dolor”, reflexiona. La narración poco vertiginosa para los cánones que imperan la industria hizo que varios espectadores acusaran a El mal del sauce de “lenta”. “La historia tiene el tiempo que requiere para llegar a un desenlace que de algún modo conocemos desde el principio”, se defiende el hijo del director Nicolás Sarquís.

Apresado en una solitaria casa del Delta, para el personaje que interpreta Jean Pierre Noher es preponderante el sentido auditivo, quizá él único que posibilite un mínimo sentido de orientación. “El contracampo cuenta muchísimo sobre el universo de esa persona. Con Jean Pierre al comienzo tratamos de buscar un tratamiento que tenga que ver con eso, con pequeñas situaciones de cómo se mueve y como se expresa, que eso cuente qué está pasando por su cabeza. Sin que llegara a lo onírico, quería que nos hablara de un espacio extraño y sensible de la situación extrema él percibe todo a partir de los sonidos. Por eso también tramamos de dosificar la fotografía para que la belleza no interfiera con el mundo extraño”, explica Sarquís.

El cosmos habitado por Franco (Noher) se limita a la casa a orillas del río. Su preponderancia dentro de la trama es inversamente proporcional al espacio reducido que ocupa. “El trabajo de locaciones fue arduo. Primero tuvimos que encontrar una casa que transmitiera de alguna manera esta cosa de encierro que el tenía, y después todo la cuestión de la ambientación el despojo también era una desafío porque cuanto menos elementos tenés se hace dificultoso. Pero de todas maneras necesitaba eso porque va mucho con la historia real”, analiza.

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