Florencia Dopazo
16/01/2012 12:53

Juan Pablo Zaramella es el primer director argentino en formar parte de los diez preseleccionados para el Oscar, en el rubro Mejor Cortometraje de Animación. El autor independiente habló en exclusiva con EscribiendoCine sobre las dificultades que debe enfrentar en su trabajo, el crecimiento de la técnica stop motion a nivel local y cuáles son sus proyectos a futuro.

Luminaris

(2011)

En varias oportunidades explicaste que le das mucha importancia a las historias que contas en tus cortos. ¿Qué idea quisiste transmitir con Luminaris?
Luminaris es una historia bastante particular porque surgió de la música. A diferencia de los otros cortos, en los que primero llegó el guión y después se hizo el planteo narrativo, en este caso yo quería tener una historia para hacer música. Entonces el resultado es una historia bastante más abstracta que las previas que conté. El personaje principal trabaja en una fábrica de lamparitas en donde se crean las lámparas soplando; hay todo un universo que transcurre con una lógica bastante particular. La temática del corto es el trabajo en equipo, la importancia de los sueños y de mantener los ideales personales.

¿Por qué elegiste la técnica de pixilación?
Surgió escribiendo el guión. Primero había pensado hacer la historia con muñecos de plastilina, pero me di cuenta que me costaba mucho conectar la estética de la plastilina con el tango, que creo tiene una tónica que no enganchaba con la plastilina. Entonces decidí usar la técnica de pixilación, que ya la había usado antes en El Guante. Me pareció que trabajar con personas, y con animación de personas, pegaba más. Además es un tango de los cuarenta, y la técnica en sí misma tiene como una reminiscencia del cine mudo, de las primeras décadas; hay algo que me parece naturalmente se junta.

¿Siempre elegís la técnica de animación según la historia que contenga el guión?
Claro, usualmente primero tengo la historia y después elijo cuál es la mejor técnica para contarla. En este caso fue al revés, en realidad primero tenía la música, pero no partí de la historia, sino que incluso ésta se pensó con la técnica. Primero decidí que iba a usar pixilación y después la historia; incluso a medida que la iba escribiendo, pensaba todo el tiempo en aprovechar al máximo las posibilidades que me da la técnica. Hice un montón de tests, de experimentos muy libres, sin ninguna idea específica en la cabeza, que me permitieron explorar las cosas que se podían hacer, y que traté de incorporar al guión de la película. La idea era crear una historia y un universo hechos a medida de la pixilación, que quien viera el corto sintiera que estaba explotando al máximo las posibilidades de la técnica, que se vea como algo que sólo era posible con pixilación.

¿Cómo fue la elección de los actores?
Gustavo Cornillón es el protagonista, ya habíamos trabajado juntos en El guante, incluso él había participado en la escritura del guión. Y en el momento que decidí usar pixilación fue la primera persona en la que pensé, había trabajado muy bien con él, entiende la técnica y el proceso de animación. Cuando le conté lo que tenía de la historia, empezamos a intercambiar ideas y juntos empezamos a armar la estructura narrativa. Yo tenía varias ideas sueltas, una mini estructura y con él le terminé de dar forma. En el caso de María Alché, estaba buscando una actriz para el personaje y había probado algunas pero no me terminaban de cerrar. Tenía que ser alguien que físicamente, sobre todo con el rostro, transmitiera lo que es el personaje, que necesita cierto misterio, no lo terminás de entender hasta el final de la película. Por esos días conocí de casualidad a María y me pareció que era la persona indicada. Lo pensé mucho, no sabía si María se iba a adaptar a la técnica, de hecho costó bastante durante el rodaje. Cualquier actor de formación está acostumbrado a preparar su personaje, incluso meterse en el antes del rodaje; durante la actuación es muy difícil, y más cuadro por cuadro, entender desde dónde viene y hacia dónde va. Un actor de formación tradicional se pierde, y fue lo que pasó con María, por lo que costó bastante al principio. Después todo salió muy bien y quedó perfecta en la película.

En todos tus cortos siempre hay una cuota de humor, tanto si la temática es más simple, como en el caso de Viaje a Marte, o si son temas más serios, como en Sixteens, el corto que hiciste para la Fundación Huésped sobre el HIV y el sexo en la adolescencia.
Eso viene desde mi adolescencia, todo un período en el que creía que quería ser humorista gráfico. Pero cuando comencé a trabajar de eso, me di cuenta que no era lo que buscaba, que quería hacer algo más. Por esa época empecé a estudiar animación. De todas maneras me quedaron los mecanismos del humor, que me gusta y me parece es un excelente ingrediente para llevar la historia adelante. Enseguida te ganás al espectador, y cuando tenés su atención y simpatía ya está, le podés contar cualquier cosa que se la va a creer, va a entrar en ese universo mucho más fácil.

En una entrevista que te hicieron en La nación, en abril de 2005, contaste que hacer Viaje a Marte te llevó dos años de trabajo. Debe ser muy difícil para un autor independiente cubrir el costo económico para un producto que consume tanto tiempo.
Básicamente los cortos llevan el tiempo que llevan porque no dispongo de la estructura ni de los fondos para bancármelos y hacerlos en menos tiempo. Yo sé que Viaje a Marte podría haberse hecho en un año, pero cuando te falta gente y guita la única que queda es hacerse cargo de todo. Incluso este corto fue hecho con la ayuda de mucha gente, pero aquellos que me daban una mano no tienen tiempo para laburar full time. La falta de dinero se compensa con tiempo, por eso es que un corto independiente lleva tanto tiempo. Cuando tus proyectos están por encima de las posibilidades, la única que queda es hacerse cargo uno de eso, con mayor  tiempo dedicado a la película.

¿Cómo hace un autor independiente para que sus cortos se conozcan?
La primera vía son los festivales y la otra internet. Lo que pasa es que en algunos cortos, como por ejemplo Luminaris, si lo pongo en internet, pierdo bastantes posibilidades que pueden ayudar a recuperar la inversión, ventas de derecho de televisación, con Canal Plus o Arte de Francia, por ejemplo, que son los que más compran cortometrajes y animación. Si está on line no lo compran o pagan muy poco. Entonces los dos primeros años de vida trato de mostrarlo sólo en festivales. La idea es conservar la exclusividad del corto para sacarle mejor provecho económico.

¿Cómo ves a la animación stop motion en la Argentina?
Está creciendo bastante. Cuando empecé hace unos años atrás, no había tanta gente haciendo stop motion en el país. Era muy raro, cada tanto veías algo, pero no era común, y hoy  hay mucha gente, se está haciendo un poco más popular. No sólo las cosas que hice yo, lo que está haciendo Santiago Bou por ejemplo, empieza a aparecer gente que labura muy bien la técnica.

¿Crees que el hecho de que hayas quedado preseleccionado para la nominación al Oscar, más allá del resultado final, pueda ser un impulso para éste género a nivel local?
Me imagino que sí, seguramente va a ser de ayuda. La palabra Oscar sola ya tiene un interés bastante más amplio que cualquier cosa que pueda despertar la animación independiente. Es algo que conoce cualquiera. Yo digo ANESI, que es el festival más grande de animación y mi mamá apenas conoce el nombre porque yo se lo repetí durante años doscientas veces. Decís Oscar y cualquier persona que te cruzas por la calle, la señora que va a comprar naranjas a la verdulería de enfrente, sabe lo que es. Me imagino que va a ayudar a hacer a la técnica y al cortometraje de animación independiente más popular.

Incluso la presidenta Cristina Ferández de Kirchner recomendó ver Luminaris, en un discurso que dio a mediados de diciembre.
 Sí, lo mencionó. Fue justo después de verlo, en un evento que había organizado el INCAA.

¿Alguna vez estuvo entre tus aspiraciones llegar al Oscar?
Sí. Viaje a Marte ya lo había mandado también a la academia para consideración, no llegó a la instancia que llegó Luminaris. Pero cuando empecé no sabía que iba a llegar a esto, y menos con un trabajo hecho independiente. Cuando comencé a trabajar en el corto, no sabía ni que tamaño iba a tener cuando estuviera terminado. Fue creciendo, creciendo y en un momento me di cuenta que tenía algo mucho más grande que lo que había planeado originariamente.

¿Tenés ganas de hacer un largo?
Es difícil porque la animación es muy cara. No tengo apuro por hacer un largo, pero si tengo ganas de hacer uno. Tengo un proyecto hace varios años, que es hacer un largo con Viaje a Marte, pero ya se ve en el guión que es un proyecto caro, y no lo puedo hacer con el mismo esquema de producción que un corto. Lo tengo ahí, cada tanto lo retomo. Cuando viajo a festivales tanteo cómo está el panorama, hay gente interesada, pero todavía no hay nada concreto como para impulsarlo y llevarlo adelante. Pero confío en que en algún momento se va a hacer.

¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo?
Tengo proyectos e ideas danto vueltas. Ahora estoy haciendo un proyecto de una serie de cosas muy cortitas. Posiblemente la aplicación sea internet, pero también sirve para televisión. Son muchas cosas chiquititas, y estoy viendo como le encuentro la lógica a todas en su conjunto, cómo encuentro en todas esas cosas tan dispersas, una unidad. Pero es un proyecto, no puedo contar demasiado, ya se verá en unos meses.

Por lo pronto, queda esperar hasta el 24 de enero que se darán a conocer las nominaciones del Oscar.
El 24 a la noche, porque la decisión estará a las 17.30 en horario de Los Ángeles, más o menos 22.30 de acá. Creo que finalmente van a ser cinco los nominados, porque los últimos años siempre fue así; quedan sólo tres seleccionados en el caso de que algunos reciban puntajes muy bajos, pero no pasa eventualmente. Así que ese día voy a estar tomando té de tilo desde temprano. Y ustedes prendan velas.

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