Juan Pablo Russo
13/12/2011 14:42

En La Campana (2010) el realizador Fredy Torres ofrece un relato encuadrado en lo que él define como "realismo mágico o fantástico sutil". Rodada en Mar del Plata y ambientada durante la Guerra de Malvinas, el film funciona como una alegoría permanente a diferentes sucesos históricos argentinos.

La Campana

(2010)

¿Cómo se origina la idea para filmar La Campana?
Mi padre fue marino mercante en la desaparecida naviera E.L.M.A. Cuando yo era apenas un niño tuvo la idea de llevarme a bordo de un buque carguero al Mar del Norte. Eran travesías de varios meses, muchos días de navegación a mar abierto. Allí escuché por primera vez aquellas viejas historias marineras, mitos y leyendas de ‘mar adentro’, cuentos con misterio que encendían la imaginación. La Campana es un compendio de aquellos viejos relatos de cubierta, combinados con la liturgia propia de los pescadores de la flota de costa del puerto de Mar del Plata.

¿Dentro de que género la encuadrarías?
Del realismo mágico o de un fantástico sutil. Prefiero trabajar con una fuerte ‘impresión de realidad’ (en este caso la Guerra de Malvinas) e introducir en este contexto un elemento que no responda a las leyes naturales. Me gusta ver a los personajes transitar por esa débil frontera que va de lo ‘extraño’ a lo ‘maravilloso’, y esa sospecha de que algo se oculta más allá de lo evidente. La reseña del 14ª Festival de Cine de Punta de Este destacó cierta atmósfera Borgeana relacionada a la narrativo, en este sentido uno de los objetos claves para la historia es un tablero de ajedrez, en franca alusión a cierto orden (o desorden) superior.

¿Por qué la decisión de enmarcarla dentro del contexto de la guerra de Malvinas?
Malvinas representa una inflexión en nuestra historia reciente, un punto de crisis y un buen comienzo para nuestra historia. También permite observar algunas contradicciones que la guerra desnuda en un par de personajes secundarios. Si bien la Dictadura no es algo que esté subrayado en el relato, hay un elemento que vincula lo temático con lo narrativo, la figura (para los hombres de mar) del ‘desaparecido’, aquel que jamás regresa de su travesía.

¿La Campana a la que hace referencia el título es parte de una leyenda urbana o es netamente ficción?
Es la combinación de varias anécdotas y antiguas leyendas de los hombres de mar. Universos paralelos y realidades alternas, son escenarios a los que se recurre ante la desaparición de un hombre en el océano. En particular la leyenda de La Campana, cuenta sobre un lugar, mar adentro, en donde el tiempo se detiene, o pasa mas lento que en tierra firme. En la película funciona también como un elemento aleccionador, ya que las lanchas amarillas del puerto de Mar del Plata (la flota de costa) no deberían, por seguridad, navegar mar adentro.

¿La decisión fue filmarla siempre en Mar del Plata?
Sí, específicamente en la banquina chica del puerto de pescadores. Allí vivimos varias semanas con el equipo técnico y el elenco artístico, contenidos y asesorados por la comunidad de pescadores. Las locaciones están a muy poca distancia unas de otras, los muelles, las escolleras, los astilleros, el hotel y el barrio del puerto. Creo que de alguna manera logramos transmitir la sensación de salitre y óxido del entorno. Por una cuestión de logística, el interior del bar del puerto, ambientado por el maestro Aldo Guglielmone, fue filmado en el barrio de Avellaneda.

La película tiene un gran despliegue técnico con planos muy “coreografiados” en algún punto, ¿cómo la trabajaste desde lo visual?
Desde el principio trabajé en sintonía con Federico Gómez, DF y camarógrafo, y con Martín Joab, director de actores. Me gusta filmar en diferentes planos de acción, pintar de luz estos diferentes planos, trabajar con el desenfoque, el claroscuro, el reflejo. También los movimientos de cámara, los travellings, apoyaron de alguna manera  el sentido poético (de cuento mágico) de la historia. Y ensayamos constantemente, jerarquizando los tiempos neutros que los actores tienen durante un rodaje.

¿Es complicado desde lo económico realizar una película de tales dimensiones?
Extremadamente complejo. Tuve la suerte de contar en la producción general con Paola Amor y Florencia Fossati, ellas me permitieron realizar todo lo que alguna vez había imaginado, casi nada quedó en el tintero. Tuvieron el coraje también de aceptar que esta era una película planteada de cara al mar, con todo el riesgo que implica salir a filmar a bordo de una frágil lancha de 50 años de antigüedad.

¿Cómo fue el proceso de selección de los actores principales, ya que es el primer protagónico tanto para Jorge Nolasco como para Rocío Pavón?
En el caso de Rocío, pasamos por un exhaustivo casting, a través del cual evaluamos a más de 600 postulantes. Ella logró darle a su personaje el tono justo que separa a la niña de la mujer, y la rebeldía y determinación de quien se mueve en un universo masculino. Jorge, por su parte, de quien teníamos las mejores referencias por su labor en teatro y TV, consiguió lo más difícil, darle a su personaje una intensidad echa de silencios y miradas. Ambos generaron el mejor de los vínculos artísticos, y dieron, en pantalla, la compleja ambigüedad que el guión requería.

Estrenar cine argentino cada día cuesta más ¿A vos como te fue con este tema?
Es el gran desafío. Afortunadamente, terminada la post-producción, el destino nos cruzó con Juan Crespo (3C Films Group), nuestro distribuidor, quien ha organizado un lanzamiento de lujo. A partir del 15 de diciembre estrenaremos en el cine Gaumont, y en las cadenas Hoyts (Dot-Abasto-Quilmes), Showcase (Haedo) y Village (Caballito-Pilar). Somos afortunados en este aspecto, mas no podemos pedir.

¿Después de La campana como sigue tu carrera cinematográfica?
El alejarte de una película te acerca a otra. Por el momento estoy escribiendo un nuevo guión...

Comentarios