Ezequiel Obregón
08/11/2011 00:44

La directora de Herencia (2002) y Lluvia (2008), entre otros films, estrena esta semana Un amor (2011), basada en un cuento del escritor Sergio Bizzio. "Me conmovió el transcurrir de la vida de esos tres personajes, la vitalidad de la adolescencia, la bisagra hacia una vida adulta, y el contraste con el presente que llevan", dice Paula Hernández en diálogo con EscribiendoCine.

Un amor

(2011)
8.0

En Un amor conocemos las historias de tres amigos: Bruno, Lisa y Lalo. Una amistad en donde aparece el compromiso amoroso, el descubrimiento de la sexualidad y la rivalidad frente al deseo compartido. Un triángulo que –ya en la adultez- volverá a formarse tras la aparición de Lisa (Elena Roger) en las vidas de sus amigos (interpretados por Diego Peretti y Luis Ziembrowski).

Quisiera saber cómo fue tu acercamiento al cuento de Bizzio, qué elementos quisiste mantener en la transposición, y cuáles debieron variar.
Después de estrenar Lluvia me topé con el cuento. Yo estaba empezando a buscar ideas para arrancar una nueva pelicula, y al leer el cuento de Sergio se abrió una posibilidad. Me conmovió el transcurrir de la vida de esos tres personajes, la vitalidad de la adolescencia, la bisagra hacia una vida adulta, y el contraste con el presente que llevan. El cuento era muy atractivo pero tenía sus dificultades para encarar una pelicula. Cuando te ponés a escribir en terminos de guión, aparecen un montón de agujeros narrativos. Uno tiene que crear una nueva obra. Es otro lenguaje, incluso tenés que despegarte de ciertos aspectos originales. El cuento los sigue en cuatro momentos de su vida y tiene un único narrador, Bruno, que articula el relato  a lo largo del tiempo. Entre varias cosas, sentía que habia una dificultad  en tener que pensar en tres generaciones de actores que representaran a ellos en todos esos años. Así que opte por quedarme con el inicio y con el encuentro del final, y abandonar el resto.  Opté por abrir los puntos de vista y repartirlos en los tres personajes. Quedaron muchas cosas de lado y construimos otras nuevas, más que nada de la vida adulta. Y con respecto al tiempo, creo que el manejo del mismo en la pelicula tiene una búsqueda más sensorial, que funciona como capas de la memoria. Olores, músicas, sabores, gestos, momentos, objetos que se cuelan de una manera no siempre narrativa. El cuento es una obra maravillosa, que fue la base para poder saltar al vacío e ir hacia la búsqueda de un mundo personal.

¿Por qué crees que los triángulos amorosos tienen tanta afinidad con el cine? 
Los triángulos son siempre atractivos y peligrosos al mismo tiempo. Creo que ponen en juego muchos aspectos de la humanidad, sus costados más miserables, más pasionales, impulsivos y poco racionales.  Buscan permanentemente un equilibrio extraño, siempre hay un dos contra uno que va rotando, balanceándose hacia un lado u otro. Casi siempre encierran un costado de dolor y de satisfacción, celos, un filo con el que se juega permanentemente, como una pulseada por tener un lugar. En el caso de la pelicula, la irrupción de Lisa en la vida de esos dos amigos produce un tajo, un antes y un después que los deja a todos  marcados para siempre. ¿Quién no padeció alguno de estos lugares? Digo: ser elegido, no serlo, enamorarse de la persona incorrecta, ser correspondido sin esperarlo. El cine no es la vida, pero se asemeja por momentos. Por identificación o por diferencia: creo que las películas le dan la posibilidad al espectador de equivocarse con él mismo, de no reconocerse, de ser alguien más, y  (como dicen los Dardenne) de percibir en la íntima oscuridad de la proyección la otra parte de uno, la que la luz del día no nos permite ver.

Me gustaría que me cuentes cómo se fueron armando los elencos (el adolescente y el adulto) y cómo abordaste el vínculo en cada caso. Hay una construcción que da como resultado un acercamiento de los personajes muy verosímil en ambos casos.
El trabajo de casting fue un proceso muy largo, porque además de los adultos, habia que encontrar a los tres adolescentes. Cada edad era el cincuenta por ciento del personaje. Los chicos tienen mucho peso y desarrollo en la película, son el disparador de la historia y lo que le da sentido al encuentro en el presente. Así que si bien Luis Ziembrowski, Diego Peretti y Elena Roger me interesaron desde el principio por ser actores con una variedad de matices muy atractiva, también había que ver qué acontecía con los chicos que  íbamos encontrando en el proceso de casting. Aparecieron, despues de mucha búsqueda, Alan Daicz, Denise Groesman y Agustín Pardella, con poca experiencia en el caso de ella y ninguna en la de los dos varones. Así que había que prepararlos y llegar al rodaje con ese vínculo triangular armado. Esos cuerpos tenían que conocerse, tenían que poder ser “marcas” en la vida del otro. Fue un entrenamiento fuerte a lo largo de casi un año, al que sobre el final se sumaron los adultos. Presenciaron ensayos, rodajes, pasaron horas viéndose en la edición. Los seis trabajaron alineados en una misma idea. Encarar una dirección de actores en la que permanentemente había que estar pensando en el otro fue uno de los desafíos mas atractivos para mi trabajo: si filmaba con el adulto, el adolescente estaba en mi cabeza y viceversa. Fue un trabajo minucioso, de buscar detalles, de observar comportamientos, miradas,  y amalgamarlos permanentemente.       

Me interesa cómo el personaje de Roger genera cierto misterio y magnetismo, a partir de sus actitudes y las actividades de los padres (que remiten a un trasfondo muy relacionado con la época), y a partir -ya en la adultez- de la seguridad con la que puede afrontar a estos dos hombres. ¿Qué mirada tenés sobre ella?
Lisa es un personaje provocador, atractivo, que no llega a los lugares sino que  los "irrumpe". Es fuerte, tiene una capacidad de adaptación que la pone a veces en un lugar más duro, pero que en el fondo es de una sensibilidad y fragilidad enormes. Busca el contacto, la permanencia, la aceptación de los otros y el amor. Carga con la historia del desarraigo, de pertenecer a una familia con padres comprometidos con la causa política. El magnetismo o el misterio que mencionás de la adolescencia, tiene que ver  no sólo con su personalidad sino con lo que no se podía decir  en esa época, incluso en el seno más íntimo de una casa. La dictadura caló tan hondo que también nos hizo silenciarnos puertas adentro. Ese es un recuerdo claro de mi infancia, lo que se percibía y se padecía pero no se podía decir libremente. Lisa adulta acarrea con todo eso y con mucho más. Con el peso del tiempo, con el peso de su independencia, con la elección (o no) de una vida solitaria, viajada  y experimentada. Es una mujer contemporánea, que acarrea también con la soledad de la profesión. Por suerte  le llega el momento de  confrontarse con la contracara de toda esa libertad y su dificultad por no haber podido armar otra historia más firme. Ni la familiar, como el personaje de Bruno, ni la de permanecer en un mismo sitio, como hizo Lalo. Su llegada a Bs. As. y un problema de salud pasajero la obligan a mirarse en su propio espejo, y la hace revisar lo que dejó en el camino. Su encuentro con Lalo y Bruno es un momento de verdad para el personaje, con todo lo bueno y malo que eso conlleva, y de asumir su propia madurez. La seguridad a la que te referís creo que se relaciona  con que  uno en la adultez ya “es”, a diferencia de la Lisa adolescente que esta en plena formación de su identidad.

Elena viene desarrollando una extraordinaria carrera teatral, ¿cómo fue el trabajo que emprendieron para llegar a este resultado en la pantalla grande?
Elena fue un descubrimiento y una apuesta. Eso me atraía mucho. Tenía, más allá de su talento, una cara muy particular y desconocida para el cine y eso era muy bueno para el personaje de Lisa. Al verla en el escenario haciendo Piaff o escuchándola hablar de  sus viajes y su vida profesional en algún reportaje televisivo (con una espontaneidad bastante única), me generó un interés y empecé a verla como una ”potencial” Lisa. Tuvimos algunas charlas y lecturas de guión, e incluso algunas instancias de casting que necesité pasar para ver si aparecían allí ciertos aspectos que quería trabajar para la Lisa adulta. Lo vi posible y a partir de allí vino de parte de Elena un compromiso grande con la pelicula, de mucha búsqueda, ensayos, trabajo en conjunto y por separado, básicamente mucha dedicación en pos de lo que habia que construir.

Pensando en tus films anteriores, creo que tenés empatía con los relatos en donde el romance es una pieza fundamental. ¿Cómo espectadora te interesó siempre el melodrama? ¿Cuáles son tus exponentes preferidos de estos géneros?
¿El melodrama? No especialmente. Como espectadora creo que hay un amplio registro de películas que me interesan ver, incluso muy alejadas al tipo de trabajo que yo transité en mi películas. Lo que me interesa ver no siempre se relaciona con lo que hago. El melodrama tiene grandes exponentes en el cine, hay preciosas películas de los años 50 y también contemporáneas, y naturalmente  el género tiende a una exacerbación de los aspectos amorosos o sentimentales e intenta provocar un impacto alto (¡a veces altamente lacrimógeno!) en quien lo mira. No sé si es el caso de  los encuentros románticos que hay mis películas. Creo que más que nada son preguntas que me hago  e intentan responderse a partir de lo que sí reconozco como interés personal, que son los vínculos y la intimidad de esos seres que se relacionan. No llego a conclusiones cerradas, más bien son sondeos míninos  de esas relaciones, en los que intento dejar planteados aspectos que tienen que ver con el amor en la contemporaneidad, porque ese sentimiento nos atraviesa permanentemente. Siempre hablás de amor, sea un vínculo constructivo o masoquista y oscuro! El amor se convierte en materia a partir de esos momentos de contacto que se exploran en las películas, donde la vulnerabilidad de los hombres y las mujeres intentan desenmascararse, dejarlos desnudos con su intimidad y con su circunstancia. Es sólo un intento de reflexionar sobre esos aspectos.

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